La permanencia de la vida en la Tierra no es indefinida. Para que un planeta sea habitable deben coincidir múltiples factores, como la presencia de agua, una temperatura adecuada, una composición química estable y un entorno favorable.
Aunque las especies pueden adaptarse a condiciones muy distintas, todas comparten una dependencia esencial: la energía que proviene del Sol, sin la cual no existirían ni los seres humanos, ni los animales, ni la vegetación.

Por esta razón, el futuro de la vida terrestre está estrechamente ligado a la evolución de nuestra estrella. A medida que el Sol avance en su ciclo natural, las condiciones del planeta cambiarán de forma irreversible.
En ese escenario, la Tierra dejará de ser el mundo azul que hoy se conoce: los océanos se evaporarán y la vida, tal como existe actualmente, desaparecerá, salvo que la humanidad logre establecerse en otros lugares del universo, una posibilidad que hoy sigue siendo teórica.

El momento exacto de ese desenlace aún es incierto. Factores como el cambio climático podrían acelerar la desaparición de la especie humana, aunque también es posible que la adaptación permita prolongar su existencia.
Sin embargo, los modelos científicos coinciden en que, según estimaciones citadas por Live Science, dentro de aproximadamente 1.300 millones de años el ser humano ya se habrá extinguido, incluso antes de que el Sol se transforme en una gigante roja y termine por engullir a la Tierra.

“La Tierra probablemente tenga unos 4.500 millones de años antes de que el Sol se convierta en una gigante roja y engulla”, comentó el científico planetario de la NASA, Ravi Kopparapu.
No obstante, mucho antes de ese escenario extremo, el incremento progresivo de la temperatura hará inviable la vida tal como se conoce: los océanos comenzarían a evaporarse, la atmósfera se perdería y las condiciones de calor y humedad impedirían la supervivencia humana.
De acuerdo con proyecciones citadas por la NASA, en unos 2.000 millones de años la luminosidad del Sol sería más de un 20% superior a la actual, lo que aceleraría estos cambios; aunque algunos microorganismos extremófilos podrían resistir por más tiempo, incluso ellos acabarían desapareciendo.
