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Los tratamientos para la anemia dependen de la causa. - Foto: Getty Images

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¿Cómo saber si se tiene anemia?

La anemia por deficiencia de hierro es el tipo más común de anemia.

La anemia es una afección que se desarrolla cuando la sangre produce una cantidad inferior a la normal de glóbulos rojos sanos, de acuerdo con el Instituto Nacional del Corazón, los Pulmones y la Sangre de Estados Unidos.

Además, Medline Plus, la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos, explicó que los diferentes tipos de anemia incluyen:

  • Anemia por deficiencia de vitamina B12.
  • Anemia por deficiencia de folato (ácido fólico).
  • Anemia por deficiencia de hierro.
  • Anemia por enfermedad crónica.
  • Anemia hemolítica.
  • Anemia aplásica idiopática.
  • Anemia megaloblástica.
  • Anemia perniciosa.
  • Anemia drepanocítica.
  • Talasemia.

Adicional, explicó que los factores de riesgo de padecer la enfermedad incluyen:

  • Una dieta que carece de ciertas vitaminas y minerales. Una dieta consistentemente baja en hierro, vitamina B-12, folato y cobre incrementa el riesgo de anemia.
  • Trastornos intestinales. Tener un trastorno intestinal que afecta la absorción de nutrientes en el intestino delgado, como la enfermedad de Crohn y la enfermedad celíaca, pone en riesgo de anemia.
  • Menstruación. En general, las mujeres que no han tenido menopausia tienen un mayor riesgo de anemia por deficiencia de hierro que los hombres y las mujeres posmenopáusicas. La menstruación causa la pérdida de glóbulos rojos.
  • Embarazo. Estar embarazada y no tomar un multivitamínico con ácido fólico y hierro, aumenta el riesgo de desarrollar anemia.
  • Afecciones crónicas. Si se tiene cáncer u otra afección crónica, se podría estar en riesgo de desarrollar anemia por enfermedad crónica. Estas afecciones pueden derivar en una escasez de glóbulos rojos. Además, la pérdida lenta y crónica de sangre por una úlcera u otra fuente dentro del cuerpo puede agotar la reserva de hierro del cuerpo, y llevar a que se presente anemia por deficiencia de hierro.
  • Antecedentes familiares. Si un familiar tiene antecedentes de anemia hereditaria, como anemia de células falciformes, también se podría tener un mayor riesgo de padecer esta afección.
  • Otros factores. Los antecedentes de ciertas infecciones, enfermedades de la sangre y trastornos autoinmunitarios aumentan el riesgo de padecer anemia. El alcoholismo, la exposición a sustancias químicas tóxicas y el uso de algunos medicamentos pueden afectar la producción de glóbulos rojos y derivar en anemia.
  • Edad. Las personas mayores de 65 años tienen un mayor riesgo de anemia.

Dicho lo anterior, para saber si se tiene anemia hay que tener algunos síntomas como:

  • Fatiga.
  • Debilidad.
  • Piel pálida o amarillenta.
  • Latidos del corazón irregulares.
  • Dificultad para respirar.
  • Mareos o aturdimiento.
  • Dolor en el pecho.
  • Manos y pies fríos.
  • Dolores de cabeza.

Y, además, el médico puede ordenar:

  • Hemograma completo. El hemograma completo se usa para contar el número de células sanguíneas en una muestra de sangre. En el caso de la anemia, el médico probablemente estará interesado en los niveles de glóbulos rojos (hematocrito) y hemoglobina en la sangre. Los valores normales de hematocrito en adultos varían según la práctica médica, pero generalmente se encuentran entre el 40 % y el 50 % en el caso de los hombres y entre el 35 % y el 43 % en el caso de las mujeres. Los valores normales de hemoglobina en adultos son generalmente de 13,6 a 16,9 gramos por decilitro para los hombres y de 11,9 a 14,8 gramos por decilitro para las mujeres. Las cifras pueden ser más bajas en el caso de las personas que hacen una actividad física intensa, están embarazadas o son de edad avanzada. El hábito de fumar y la altitud pueden aumentar las cifras.
  • Un examen para determinar el tamaño y la forma de los glóbulos rojos. Algunos de los glóbulos rojos también podrían analizarse en busca de tamaño, forma y color inusuales.

De todos modos, la información antes dada de ninguna manera sustituye la asesoría médica y por ello lo primero que hay que hacer es consultar a un experto de la salud para que sea este quien guíe el proceso e indique qué es lo más adecuado para cada persona.