Una buena alimentación es vital para evitar enfermedades, y para lograrlo es necesario el consumo diario de frutas, verduras, cereales integrales, legumbres, leche, carnes, aves y pescado y aceite vegetal en cantidades adecuadas y variadas, según el Ministerio de Salud.
De hecho, es importante señalar que todos los alimentos aportan variedad de vitaminas y nutrientes, y algunos ayudan a mejorar la circulación de la sangre y a purificar el hígado, como lo es el ajo (Allium sativum).

“El ajo favorece la circulación de la sangre por causar un efecto vasodilatador. También evita la formación de trombos debido a que inhibe la agregación plaquetaria”, explicó el portal portugués de salud, nutrición y bienestar, Tua Saúde.
Respecto al consumo, el portal portugués indicó que “para poder beneficiarse, la American Dietetic Association (ADA) recomienda consumir un diente de ajo fresco crudo por día”.
“El ajo debe consumirse triturado, partido, cortado o amasado, debiendo dejarlo reposar durante 10 minutos antes de utilizarlo. Esto es importante debido a que durante estos procesos se liberan y se activan los componentes sulfurados del ajo, como la alicina, la aliina y el ajoene del interior de la célula, aumentando su concentración y potenciando sus beneficios”, añadió Tua Saúde en su portal web.

Así las cosas, según el portal, tres formas de consumir el ajo son:
1. Té de ajo: Hervir 200 ml de agua y agregar un diente de ajo picado o machacado que se debe dejar reposando por diez minutos para, después, beber.
2. Agua de ajo: “Se debe colocar un diente de ajo machacado en 100 ml de agua. Dejar reposar la mezcla durante toda la noche”, según Tua Saúde.
3. En la cocina para condimentar y sazonar los alimentos.

Información nutricional por 100 gramos de ajo
- Energía: 113 calorías
- Proteína: 7 g
- Carbohidratos: 23,9 g
- Grasas: 0,2 g
- Fibras: 4,3 g
- Vitamina C: 17 mg
- Magnesio: 21 mg
- Selenio: 14,2 mcg
- Calcio: 14 mg
- Potasio: 535 mg
- Fósforo: 14 mg
- Sodio: 10 mg
- Hierro: 0,8 mg
- Alicina: 225 mg
- Colina: 23,2 mg
No obstante, de acuerdo con Medline Plus, la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos, es importante reducir la ingesta de ajo en personas con problemas estomacales o digestivos, ya que podría llegar a producir irritación del tracto gastrointestinal.

Además, también advirtió en su portal web que el ajo, especialmente fresco, podría aumentar el sangrado. Por ello, la biblioteca recomienda dejar de tomarlo al menos dos semanas antes de un procedimiento quirúrgico.
De igual forma, Tua Saúde explicó que el ajo “está contraindicado en personas que sufren de presión baja, dolor en el estómago, hemorragias y en individuos que utilicen medicamentos para fluidificar la sangre”.
“El ajo no es recomendado en el embarazo y lactancia, especialmente en grandes cantidades o concentrado en la forma de suplementos, ya que se tiene efectos abortivos, además de poder afectar al ciclo menstrual de la mujer. Algunos estudios han demostrado que el consumo de ajo en las madres lactantes altera el olor de su leche y la conducta de los lactantes. Esto puede deberse a que los sulfóxidos se excretan en cantidades significativas con la leche materna, lo que le confiere un sabor desagradable que puede afectar al niño”, puntualizó el portal portugués.

De todos modos, antes de consumir algún alimento, lo primero que hay que hacer es consultar al médico tratante o a un nutricionista para que sea este quien guíe el proceso e indique qué es lo más adecuado para cada persona, pues las anteriores recomendaciones no son las indicadas para todas las personas, ya que la información antes dada de ninguna manera sustituye la asesoría médica.
