ÚLTIMA HORA flecha derecha

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

| 8/1/2020 2:37:00 AM

"Lo fuerte es escoger a quién intubas, porque no hay ventiladores"

El internista José Atilio Núñez, coordinador de Urgencias del Hospital Universidad del Norte, no se considera un héroe, cree que cada ciudadano cumple un rol durante esta pandemia. Además, dice que por temor mucha gente va al hospital cuando ya es demasiado tarde.

"Lo fuerte es escoger a quién intubas, porque no hay ventiladores" El doctor José Atilio Núñez dice que su familia y la oración han sido sus grandes refugios durante los días duros de esta pandemia. Foto: Archivo Particular

No me considero un héroe, en esta situación cada ciudadano cumple un rol. Lo único que quisiera es que la gente entendiera que los médicos no inventamos nada, ni hacemos parte de ningún negocio con la pandemia. Hace tres años llegué a la coordinación de urgencias del hospital y tengo la fortuna de liderar un grupo rotativo de más de 20 profesionales de la salud, atendiendo 64 camas. Juntos hemos vivido todas las etapas de esta emergencia.

Todo empezó en marzo. Con los primeros casos reportados en la ciudad llegó el pánico, pero no entendíamos porque estaba vacío, de 7.000 pacientes al mes pasamos de forma repentina a un promedio de 3.700. El virus parecía que estaba en todos lados menos en los hospitales de Barranquilla. A finales de abril los casos sospechosos se empezaron a incrementar, por lo que decidimos destinar el 40 por ciento de las camas de urgencias para atención de covid-19.

En mayo vino lo duro, explotó la capacidad, las personas llegaban con síntomas más severos, saturación de oxígeno en la sangre muy baja, el espacio para la atención se quedó corto, 10 o 12 pacientes delicados cada día. No terminábamos de atender a uno, para tener que estabilizar a otro. Me daba miedo que la gente se me muriera en una silla sin poder hacer nada por ellos, por eso optamos por poner unos días un cartelito que decía que estábamos al 100 por ciento. Fue difícil, pero uno no estudio esto para ser millonario, sino para ayudar y causa un dolor muy grande cuando no se puede atender como corresponde. Era fuerte ver cuando los médicos y enfermeras de tu equipo terminar los turnos llorando, los más jóvenes incluso pedían no ser enviados a urgencias respiratorias.

Los días dolorosos fueron cuando empezaron a llegar pacientes casi muertos, eso generó choques muy fuertes con los familiares, porque muchos tenían negación, algunos no entendían la situación o estaban a la defensiva. Algunas veces optamos por averiguar si tenían un familiar médico para hablar con él y que así este les pudiera explicar la realidad. Un día, lo recuerdo muy claro, teníamos siete pacientes que necesitaban ser intubados y solo dos ventiladores disponibles, seres humanos jóvenes, entre 50 y 60 años, es fuerte pensar cómo decidir y escoger de acuerdo a su estado a quién darle prioridad, por quién nos la jugábamos. Eso parte el corazón. Cuando llamé a mi esposa a contarle me quebré a llorar. Luego está el tema humanitario del duelo de la gente, el dolor de la pérdida de un ser querido. Cómo explicar a alguien que ya no verá más al ser querido que trajo hace unas horas de su casa, que hay que envolverlo en empaques plásticos y pasarlo directo a la morgue. Por eso, en algunos casos tuvimos que permitir que vieran el cadáver, bajo todos los protocolos de bioseguridad. Un par de minutos para despedirse, advirtiendo que no lo podían tocar. Es algo sensible.

En nuestra casa somos cristianos, eso se me ha ayudado mucho, cada día antes iniciar la jornada intentó reconfortarme con la oración. Sé que el riesgo para mí y mi familia está inherente y también hemos vivido nuestro proceso, al comienzo mientras aprendíamos a conocer el virus me fui a vivir solo, luego me aislé en un cuarto. Con mi esposa, que también es doctora, entendimos que la salud mental debe ser prioridad. Hasta ahora me han hecho la prueba cuatro veces, claro que hay un miedo, pero nuestro hospital ha hecho una inversión millonaria en elementos de protección, depende de nuestro propio cuidado para minimizar el riesgo. Ahora, al llegar a casa y después de todo el protocolo de limpieza, me dedico a jugar con mi pequeña hija.

Ese primer pico duró un mes y medio. Hemos ido aprendiendo del virus y de los cambiantes y diferentes que pueden ser los enfermos, pero aún hay mucha gente que ignora las etapas y alertas para ir a tiempo a un hospital. Si las acciones cotidianas como caminar o subir unas escaleras lo ahogan vaya a la urgencia. Estos días los pacientes graves han bajado, sin embargo, mientras no haya una vacuna o un tratamiento efectivo demostrado la pandemia parece que va para largo, por eso el aislamiento es tan importante. No se puede cantar victoria, ahora es que hay que ser más cuidadosos.

 

EDICIÓN 1998

PORTADA

La rebelión del Alcalde: ¿Qué está en juego con la renuncia de la junta de EPM?

El hecho constituye un reto para el establecimiento antioqueño y despierta interrogantes sobre el futuro de la empresa más emblemática del país.

04

Queremos conocerlo un poco,
cuéntenos acerca de usted:

Maria,

Gracias por registrarse en SEMANA Para finalizar el proceso, por favor valide su correo a través del enlace que enviamos a:

correo@123.com

Maria,

su cuenta aun no ha sido activada para poder leer el contenido de la edición impresa. Por favor valide su correo a través del enlace que enviamos a:

correo@123.com

Para verificar su suscripción, por favor ingrese la siguiente información:

O
Ed. 1998

¿No tiene suscripción? ¡Adquiérala ya!

Su código de suscripción no se encuentra activo.
paywall