La memoria es importante para la vida cotidiana, pues con ella se recuerdan actividades y hábitos que se ejecutan a diario. Foto: Getty Images.
La memoria de trabajo es la comprensión del lenguaje, las habilidades matemáticas, la lectura, el aprendizaje o el razonamiento. - Foto: Foto: Getty Images.

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Memoria de trabajo: ¿qué es y cómo entrenarla?

El ejercicio físico optimiza la capacidad de memoria, sobre todo si esta actividad se realiza en un intervalo de tiempo específico.

La memoria de trabajo (MT), también conocida como memoria operativa, se traduce como el conjunto de procesos que permiten el almacenamiento y manipulación temporal de la información para la realización de tareas cognitivas complejas.

En concreto, la comprensión del lenguaje, las habilidades matemáticas, la lectura, el aprendizaje o el razonamiento. La memoria de trabajo es un tipo de memoria a corto plazo, según el portal especializado en salud mental, Cognifit.

Por otro lado, se considera que la memoria de trabajo tiene una relación muy estrecha con la inteligencia, en el sentido de que una mayor capacidad en este tipo de memoria queda plasmado en mejores puntuaciones de CI. Sin embargo, aún se sabe poco sobre cómo encajan ambos constructos, según el portal Psicología y Mente.

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La memoria de trabajo es un tipo de memoria a corto plazo. - Foto: Getty Images

La teoría original que describió la memoria de trabajo fue obra de los psicólogos Baddeley y Hitch. Está formada por tres sistemas que incluye componentes de almacenamiento como de procesamiento de la información:

  • El bucle fonológico: permite manejar y mantener en la memoria el material hablado y escrito.
  • El sistema ejecutivo central: funciona como un sistema de supervisión atencional que decide a qué se le presta atención y organiza la secuencia de operaciones que se necesitan llevar a cabo para hacer una actividad.
  • Agenda visuoespacial: permite manejar y mantener la información visual.
  • Búffer episódico: combinar información del bucle fonológico, de la agenda visuoespacial, de la memoria a largo plazo y de la entrada perceptiva en un episodio coherente.

Tipos de memoria de trabajo

Ahora bien, existe un continuo debate en relación a la clasificación de este proceso cognitivo. Tanto así que algunos autores aseguran que, la memoria de trabajo, junto al lenguaje y la función ejecutiva, son los únicos dominios cognitivos en los que no se pueden distinguir o diferenciar diferentes tipos, únicamente procesos, según el portal especializado, HablemosdeNeuroCiencia.

Sin embargo, en la actualidad, no existe consenso en torno a una clasificación, ya que otros autores afirman que dentro de la memoria de trabajo podrían distinguirse dos tipos:

  • Memoria de trabajo visual. la memoria de trabajo visual se relacionaría con el procesamiento de información espacial. En concreto, el mantenimiento y la manipulación de este tipo de información estaría relacionada con lo que Baddeley denominó agenda visoespacial, estrechamente ligada a la corteza prefrontal dorsal.
  • Memoria de trabajo verbal. Según el modelo propuesto por Baddeley, el mantenimiento y la manipulación de este tipo de información estaría relacionada con el bucle fonológico, estrechamente ligado a la corteza temporal izquierda.

Procesos de la memoria de trabajo

Según Baddeley y Hitch (1974), se pueden distinguir dos procesos en esta función cognitiva: el mantenimiento y la manipulación. Sin embargo, al tratarse de un tipo de memoria, también es fundamental hablar de otros procesos:

Ejercicio físico para la memoria

Un estudio llevado a cabo por Van Dongen, Kersten, Wagner, Morris y Fernández, en el 2016, citado por la Universidad ISEP, evaluó los efectos de una sola sesión de ejercicio físico en la consolidación de la memoria y la memoria a largo plazo luego de haber estudiado.

En la investigación participaron 72 sujetos que aprendieron 90 asociaciones entre imágenes y localizaciones durante 40 minutos antes de ser asignados aleatoriamente a uno de tres grupos: uno hizo ejercicio de inmediato; el segundo, cuatro horas más tarde, y el tercero no realizó deporte alguno, según la Revista de Neurología.

El ejercicio físico consistió en 35 minutos de entrenamiento a intervalos en bicicleta a una intensidad de hasta el 80 % de la frecuencia cardíaca máxima. Luego de 48 horas, los participantes del estudio regresaron para demostrar lo que recordaban mientras se sometían a una resonancia magnética cerebral.

Los investigadores encontraron que quienes hacían ejercicio cuatro horas después de su sesión de aprendizaje conservaban mejor la información dos días más tarde que aquellos que hacían ejercicio inmediatamente o que aquellos que permanecían sedentarios.

Además, “las imágenes cerebrales mostraron que el ejercicio después de un período de tiempo se asociaba con representaciones más precisas en el hipocampo, un área relevante para el aprendizaje y la memoria”, según el estudio.

A partir de estos resultados, los investigadores concluyeron que el ejercicio físico optimiza la capacidad de memoria, sobre todo si esta actividad se realiza en un intervalo de tiempo específico y no inmediatamente después del aprendizaje.