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| 9/29/2018 4:15:00 PM

La generación que no quiere salir

Si las tiendas pueden llegar a la puerta de la casa, el cine está a un clic de distancia y hay domicilio para todo, ¿Por qué molestarse en salir de la casa? Así están cambiando las aplicaciones la vida de los colombianos.

Plataformas de domicilios facilitan la vida, pero los usuarios son cada vez más perezosos Estas nuevas aplicaciones existen para sacar a los usuarios del apuro y ahorrarles tiempo que pueden dedicar a lo que más les gusta.

Hasta hace muy poco tiempo la gente hacía una lista de diligencias para el fin de semana: pasar por el cajero a sacar plata, comprar unos zapatos, tomar un café o ir al cine con amigos. Pero cada vez más personas hacen todo esto desde su computador o celular, sin salir a la calle. Se han dejado seducir por la facilidad de pedirlas a domicilio con solo hacer un clic. Estas nuevas aplicaciones existen para sacar a los usuarios del apuro y ahorrarles tiempo que pueden dedicar a lo que más les gusta. Sin embargo, todo parece indicar que algunos lo hacen para no salir de la casa. Y a veces, ni siquiera de la cama.

Es el caso de Vicente, de 30 años. Cuando no existían ni Uber, ni Rappi ni Netflix le molestaba interrumpir su serie favorita para llamar y pedir una hamburguesa. Hoy pasa festivos enteros viendo en seguidilla películas de esa red de streaming. “Solo cuando me sirven la comida me doy cuenta de que ya ha oscurecido y he pasado el día ahí, acostado en mi cama y sin bañarme”, dice. Para él, estas plataformas de domicilios son la alianza perfecta para la comodidad. “No tengo que parar la película y pido todo desde el celular”, agrega este administrador de empresas que pasa los fines de semana leyendo o viendo series de televisión sin necesidad de interactuar con un ser humano diferente del rappitendero.

Rappi hace todo tipo de mandados, desde sacar al perro hasta la declaración de renta.

Pero no solo Rappi facilitó las cosas. Hoy todos los bancos cuentan con soluciones digitales para hacer transacciones desde el computador o el celular. Los supermercados ofrecen el servicio de domicilio por internet y comprar ropa o muebles on line se ha vuelto el pasatiempo que muchos disfrutan desde la cama. Hay apps para que el salón de belleza, con manicurista y masajista a bordo, vaya a la casa. Ni siquiera hay necesidad de ir al cajero a retirar dinero en efectivo. ¿Para qué hacerlo cuando está Rappi? De hecho, con la opción de favores, esta plataforma, que cuenta con 5 millones de usuarios en América Latina, realiza cualquier mandado que tenga un usuario, desde ir a pasear el perro o a la abuelita, hasta tramitar la declaración de renta.

Según el sitio web de noticias Vox esta tendencia, llamada economía hogareña (homebody economy) tiene sus principales clientes entre jóvenes, especialmente mujeres, que no quieren pararse de la cama. Como Hillary Benton, de 26 años y experta en mercadeo, quien tuiteó recientemente que iba a compartir con sus seguidores el secreto para minimizar el tiempo fuera de su lecho. Entre sus consejos está tener tratamientos para la piel en una canasta al lado, una cafetera al alcance de la mano y no bañarse porque eso implicaría estar en pie. “Mejor la tina, pues parece como una cama”. A esta tendencia también son adictos quienes no soportan los trancones o consideran muy costoso el entretenimiento. “La rumba está cara. En un sitio te cobran 150.000 pesos por una botella de guaro y el cine con crispetas te sale por 76.000 para dos. Con eso pago tres meses de Netflix”, dice Vanessa, quien ante esto prefiere quedarse en casa y pedir a domicilio la comida y el trago.

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Y el número de personas que piden a domicilio está creciendo. En 2017, la firma de investigación de mercados GFK concluyó en una encuesta que hay cinco millones de usuarios únicos mayores de 18 años, haciendo pedidos a domicilio por estas aplicaciones, un incremento importante respecto al anterior, cuando se registraron solo 3 millones. Como en internet todo crece exponencialmente, es muy posible que hoy esas cifras sean mucho más altas. Domicilios.com, una firma para envíos de comida de restaurante, Rappi y Merqueo son los más conocidos, pero han aparecido otros competidores, como UberEats.

A ellos se han unido psicólogos, psiquiatras y coaches, que ahora ofrecen sesiones por internet para que sus pacientes no tengan que desplazarse por la ciudad. La psicóloga de familia María Elena López empezó a hacerlo y ha resultado un éxito entre los más jóvenes porque, además, les parece que así protegen su privacidad. “Una de mis pacientes me dijo que no quisiera nunca estar en la sala de espera junto a otros; prefería la comodidad de su cuarto”, dice López. En un futuro no muy lejano posiblemente otros servicios seguirán el ejemplo. Ya se habla de que el hospital vendrá a la casa, pues muchos aparatos de monitoreo facilitarán la comunicación entre médicos y pacientes.

Según cifras de Estados Unidos, esta generación pasa 70 por ciento más tiempo en la casa que las anteriores. Otro sondeo hecho en Inglaterra dice que el 82 por ciento de las personas entre 18 y 30 años han cancelado sus planes con amigos para quedarse en la casa descansando, leyendo o adelantándose en materia de series de televisión. En parte, explican los expertos, los jóvenes están cansados y encuentran la comodidad de pedirlo todo en el universo online. Un meme que circula en las redes sociales ilustra a la perfección el cambio: en el primer cuadro aparece una mamá de los años ochenta que le ruega a su hijo entrar en la casa; en 2018, otra mamá trata por todos los medios de que su hijo salga de su cuarto.

Según la encuesta nacional de nutrición en las ciudades siete de cada diez niños son sedentarios.

Nadie duda de que estas aplicaciones mejoran la vida y ahorran tiempo, pero algunos temen que los usuarios no inviertan esos momentos libres en salir y que crezca la tendencia de esta generación a ser más apática e inactiva. Andrés Jaramillo, fundador del restaurante Andrés Carne de Res, tiene una posición muy clara frente al brote de los domicilios que hoy representan el 30 por ciento de las ventas de restaurantes y tiendas. “Qué nos puede dejar de bueno semejante experiencia de los domicilios, donde la mesa, la palabra, los amigos , el vino, la risa han sido permutadas por una caja de cartón o un envase plástico con un alimento que ni siquiera suple una alimentación balanceada, pues una verdadera alimentación no es solo tragar y pasar, si no está acompañada de lo dicho, la palabra y los amigos”. Dijo recientemente. Para Andrés Raigosa, especialista en estudios sociales de la ciencia y la tecnología, este estilo de vida es una consecuencia inevitable de los domicilios y “apenas comienza”, dice. Sin embargo, aún no siente que la sociedad deba encender las alarmas del comportamiento. Manifiesta que la tecnología hace más evidentes algunos comportamientos antes atenuados y en este caso “me genera reflexiones respecto a salir o quedarme, si me facilita la vida o no y si apela a la pereza”, dice. Para otros no hay duda de que aumenta la flojera y disminuye las posibilidades de socializar, “pero es genial, no lo veo mal”, dice Vicente. “No es que no quiera interactuar con gente, sino que es un espacio que me doy. Al otro día trabajo y ya me veo con los demás. Es un respiro del estrés, no voy a sufrir de soledad ni de depresión”, añade. Jairo, otro hogareño que prefiere un fin de semana de videojuego, dice que no es sedentario por hacer esto. “Soy muy activo entre semana”, explica.

Otra cosa dicen los estudios. Según uno publicado en la revista BMJ, el estadounidense promedio pasa hoy ocho horas del día sentado. Y en Colombia la Encuesta Nacional de Situación Nutricional (Ensin) encontró que 7 de cada diez niños y jóvenes de las ciudades son sedentarios. Según la Organización Mundial de la Salud, la inactividad es el cuarto factor más importante en mortalidad y es responsable de 3,2 millones de muertes a nivel global. El aislamiento tambien es problemático, pues “compartir con otros es importante para el proceso de socializacion y el aspecto afectivo”, dice el psicólogo Camilo Mendoza.

Eso le tiene sin cuidado a Karen. “Yo no voy al mercado por una caja de chicles porque el costo del tiempo que invierto en ello no se justifica frente al valor del producto. Sin embargo, con Rappi esa relación desaparece porque ya no tengo que esperar hasta completar una lista entera de cosas que necesito para ir a la tienda. La tienda, simplemente, viene a mí”.

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