Los Border Collie, como la millonaria Lulú, son perros inteligentes, amables y cariñosos.

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Una mascota acaba de recibir una herencia de 5 millones de dólares

La última voluntad de un acaudalado hombre de negocios de Estados Unidos fue dejarle su fortuna a Lulú, la border collie que lo acompañó durante ocho años.

Lulú no es el mejor ejemplo de llevar “una vida de perros”. La mascota es millonaria tras la muerte de su dueño, Bill Dorris, un empresario de bienes raíces de Nashville, capital del estado de Tennessee en Estados Unidos.

Pero ella no es la única afortunada. Martha Burton, su cuidadora, quedó inscrita en el testamento. El empresario, que murió soltero a los 84 años, dejó 5 millones de dólares (cerca de 17.000 millones de pesos) en un fideicomiso para el cuidado de la perrita y autorizó a que se le pague un sueldo mensual a Burton por seguir con su labor de alimentarla y sacarla a pasear.

Martha y Dolly se entienden muy bien. Llevaban juntas más de dos años, ya que Dorris no permanecía mucho tiempo en su casa debido a sus constantes viajes de negocios. “Él amaba a su mascota”, contó Burton, quien se mostró un poco triste por la muerte de su amigo ocurrida el 24 de noviembre de 2020, pero también visiblemente sorprendida: confesó no tener la más mínima idea de cómo se va a gastar con Lulú semejante cantidad de dinero. “Bueno, me gustaría intentarlo”, afirmó sonriendo.

El fideicomiso estará a cargo de un curador, quien fiscalizará y reembolsará a Martha los gastos de Lulú. Lo que no está muy claro es qué pasará con la plata cuando la perrita, que tiene 8 años, fallezca.

Dorris era un millonario propietario de extensas hectáreas a lo largo de la carretera Interestatal 65, que cruza los estados de Alabama, Tennessee, Kentucky e Indiana. En uno de sus terrenos está la controvertida estatua de Nathan Bedford Forrest, el general del Ejército Confederado durante la Guerra de Secesión de los Estados Unidos y líder del Ku Klux Klan, que en 2017 fue cubierta de pintura rosada como un acto de protesta.

Casualmente, Bill Dorris, como propietario, había sido noticia porque los habitantes de la región están empeñados en cambiar la que para ellos es una deshonrosa estatua por la de la cantante de música country Dolly Parton, quien recientemente donó un millón de dólares. Ella, un poco más convencional que Dorris, no los donó a un perro, sino a la investigación y desarrollo de la vacuna contra el coronavirus.

Lo cierto es que la historia de las mascotas herederas de grandes fortunas en Estados Unidos es bien nutrida. Según estadísticas, en ese país ya se cuentan más de un millón de perros acaudalados. El principal ejemplo es Gunther IV, el pastor alemán que heredó 373 millones de dólares. El perro más rico del mundo es dueño de la antigua mansión de Madonna en Miami, varios carros de lujo y fastuosas propiedades en Bahamas, Italia y Alemania. El afortunado animal, que tiene limusina con chofer privado, agentes de seguridad, chef particular, especialistas en su higiene, psicólogo, masajistas y veterinarios, heredó este dinero de su difunto padre Gunther III, al que su dueña, la condesa alemana Karlotta Liebenstein, le dejó 80 millones de dólares en 1991, una fortuna que se ha incrementado con el tiempo.

Y si se trata de excentricidades con mascotas, quién mejor que Choupette, la famosa gata de raza birmana a la que Karl Lagerfeld le heredó su fortuna de 150 millones de dólares. El diseñador, quien al igual que Bill Dorris nunca se casó ni tuvo descendencia, dejó por escrito que su querida mascota sería una de sus grandes herederas. Ahora, cuando se cumplen exactamente dos años de la muerte del diseñador, la minina tiene su propia cuenta en Instagram con 250.000 seguidores.

Ante semejantes antecesores, parece que la fortuna de Lulú no será un problema para ella y mucho menos para Martha, su anciana y cariñosa cuidadora, quien está dispuesta a dejarla que siga cuidando la casa desde el jardín frente a su casa.