La moda encontró uno de sus momentos más sensibles durante Colombiamoda 2026 con la edición número 12 de la Pasarela Alma, una iniciativa de la Fundación Alma Rosa que volvió a demostrar que el diseño también puede convertirse en un espacio para promover la prevención, el autocuidado y la esperanza frente al cáncer de mama.
En esta oportunidad, la diseñadora Carolina Ronderos debutó en el evento con Crisálida, una colección concebida alrededor de la transformación, los nuevos comienzos y la capacidad de renacer. La propuesta estuvo acompañada por un hecho que le dio un significado aún más profundo: sobre la pasarela desfilaron 11 mujeres, pacientes oncológicas y sobrevivientes de cáncer de mama, cuyas historias se convirtieron en el verdadero eje narrativo de la presentación.
Lejos de plantear la sostenibilidad únicamente desde la reutilización de materiales, Ronderos explicó que ese concepto ha guiado el desarrollo de su marca desde sus inicios como una forma de generar un impacto positivo mediante el diseño. En ese contexto, la colaboración con la Fundación Alma Rosa surgió de manera natural, al compartir la convicción de que la moda también puede contribuir a transformar la manera en que las personas se relacionan con determinadas historias. “La sostenibilidad ha sido un pilar fundamental en la marca desde el primer momento. Para mí significa mucho más que reutilizar materiales: se trata de crear piezas con propósito y entender que la moda también puede transformar la manera en que nos relacionamos”, afirma.
Para la diseñadora, Crisálida encontró un significado aún más profundo al dialogar con las experiencias de mujeres que atravesaron el cáncer de mama. Más que una colección inspirada en una enfermedad, la propuesta buscó poner el foco en la fortaleza, la capacidad de transformación y el renacer que muchas de ellas experimentaron durante ese proceso.
En conversación con SEMANA, Ronderos señaló que la moda tiene hoy una responsabilidad que trasciende la creación de prendas y que también puede convertirse en una herramienta para emocionar, abrir conversaciones y visibilizar historias que merecen ser escuchadas.
Traducir esas vivencias al lenguaje del diseño fue, según explicó, uno de los mayores retos del proyecto. El proceso creativo estuvo marcado por el respeto hacia cada testimonio y por el deseo de construir una narrativa visual que hablara simultáneamente de vulnerabilidad y fortaleza.
Ese propósito tomó forma mediante la experimentación textil y el diálogo entre materiales de naturalezas opuestas. El denim, con su estructura y firmeza, convivió con textiles más ligeros y delicados para representar la dualidad que, desde la mirada de la diseñadora, caracteriza las historias de las mujeres que inspiraron la colección. “Quise hablar de la fuerza, la vulnerabilidad, el cambio y la capacidad de renacer. Esa transformación se refleja en las texturas y en el contraste entre materiales estructurados y otros más delicados, porque esa dualidad también está presente en las historias de estas mujeres”.
La presencia de pacientes y sobrevivientes sobre la pasarela reforzó esa intención narrativa. Para Ronderos, las prendas solo alcanzan su verdadero significado cuando son habitadas por personas que les imprimen una identidad propia. Por eso insistió en que las protagonistas nunca fueron los vestidos, sino las mujeres que compartieron con el público un mensaje de resiliencia y esperanza.
La diseñadora también reflexionó sobre el papel que la industria de la moda está llamada a desempeñar frente a las causas sociales. En su opinión, los consumidores buscan hoy marcas capaces de construir vínculos a partir de sus valores y de las historias que respaldan sus procesos creativos. Sin embargo, advirtió que ese compromiso debe surgir de una convicción genuina y no responder únicamente a estrategias de comunicación. “Las personas ya no buscan únicamente una prenda bonita; quieren conectar con las historias, los valores y el propósito que hay detrás de una marca. Como diseñadores tenemos la responsabilidad de involucrarnos en las causas con las que realmente conectamos y desde las que sentimos que podemos aportar algo valioso“.
Más allá de lo presentado en Colombiamoda, Crisálida dejó una reflexión personal para la diseñadora. Ronderos aseguró que este proyecto reafirmó la manera en que entiende el diseño: como una herramienta de transformación capaz de resignificar materiales, pero también de fortalecer la conexión entre las personas y las historias que las rodean.
Ese aprendizaje, explicó, confirmó la identidad que ha construido para su marca desde sus comienzos. Su aspiración no pasa únicamente por ser reconocida por la innovación o la experimentación textil, sino por demostrar que el verdadero valor de la moda también reside en el impacto positivo que puede generar cuando se pone al servicio de las personas.
Con Crisálida, la Pasarela Alima volvió a evidenciar que una colección puede trascender el ejercicio creativo para convertirse en un espacio de encuentro entre el diseño, la sensibilidad y la conciencia social. En una edición de Colombiamoda marcada por las conversaciones sobre el propósito de la industria, la propuesta de Carolina Ronderos recordó que la moda también puede contribuir a amplificar mensajes de prevención, esperanza y vida.