Toy Story ha acompañado a varias generaciones de espectadores a lo largo de 30 años. Lo que comenzó en 1995 como una revolución tecnológica para la animación terminó convirtiéndose en una de las historias más queridas de la cultura popular contemporánea. Por eso, cualquier nueva entrega enfrenta un reto: no solo debe contar una historia atractiva, también debe dialogar con los recuerdos de millones de personas que crecieron junto a Woody, Buzz Lightyear y Jessie.
Ese es precisamente el desafío que asumieron Kenna Harris, codirectora de Toy Story 5, y Lindsey Collins, productora de la película. Ambas llegaron a un momento crucial para Pixar y para una saga que, lejos de conformarse con la nostalgia, busca preguntarse cómo juegan los niños de hoy y qué lugar ocupan los juguetes en una infancia atravesada por la tecnología y las pantallas.
La nueva película, que llegará a los cines el próximo 17 de junio, enfrenta a los personajes clásicos con una realidad que resulta familiar para muchas familias contemporáneas: la irrupción de la tecnología como un nuevo actor dentro del universo infantil.Pero antes de hablar de tabletas, algoritmos o nuevas formas de entretenimiento, Harris recuerda que la primera pregunta fue mucho más sencilla y, al mismo tiempo, mucho más compleja: cómo continuar una historia que parece formar parte de la memoria colectiva.
La responsabilidad de regresar
Cada película de Toy Story ha estado marcada por la sensación de despedida, crecimiento o transformación. Por eso, cuando llegó el momento de desarrollar una quinta entrega, el peso de las expectativas era inevitable. Para Harris, la experiencia fue emocionante, pero también intimidante. “Estamos hablando de una obra que tiene un estándar muy alto y que viene acompañada de enormes expectativas. Parte de lo que me permitió sumergirme en este proyecto sin tanta ansiedad fue saber desde el principio que Jessie iba a ser la protagonista de esta historia”, afirma para SEMANA.
La decisión de poner a Jessie en el centro del relato resultó determinante para el enfoque creativo de la película. No solo porque se trata de uno de los personajes más queridos de la saga, sino porque ofrece una mirada distinta sobre el universo de los juguetes. Harris mantiene con ella una conexión personal que se remonta a Toy Story 2.
Recuerda haber dibujado una y otra vez al personaje cuando era niña y reconoce que gran parte de su vínculo emocional con la franquicia nació a través de la vaquera.Desde esa perspectiva, la nostalgia aparece como una herramienta poderosa, aunque también como una posible trampa. “Desde el comienzo sentí que Toy Story tiene una capacidad natural para conectar con la nostalgia. Es muy fácil acceder a esos sentimientos porque forman parte de la esencia de la franquicia. Lo más difícil era encontrar algo que se sintiera fresco y novedoso”.
La respuesta llegó al replantear la historia desde los ojos de Jessie, quien se mueve desde el impulso y la emoción. La decisión adquiere especial relevancia en una franquicia que siempre ha tratado sobre el cambio. Los juguetes han enfrentado mudanzas, despedidas, nuevas generaciones de niños y transformaciones familiares. Ahora, el cambio tiene otro nombre: tecnología.
Cuando la tecnología entra al cuarto
La gran novedad de Toy Story 5 es la aparición de Lily Pad, una tableta inteligente diseñada para acompañar a Bonnie. Cuando esta llega al cuarto de la pequeña protagonista, se altera el equilibrio tradicional entre los juguetes y plantea una pregunta que atraviesa gran parte de los debates contemporáneos entre padres y crianza: ¿la tecnología está reemplazando la imaginación o simplemente la está transformando?
Para Lindsey Collins, la película invita a una mirada más amplia y menos temerosa. “En la vida real estamos lidiando exactamente con esas preguntas. ¿La tecnología es una amenaza? ¿Es una ayuda? ¿Es una herramienta? Lo interesante de contar una historia es precisamente explorar esos matices complejos”, dice.
La productora explica que el personaje nació a partir de una pregunta fundamental: si un dispositivo tecnológico llega a una habitación con una función específica, ¿cómo entendería su propio papel dentro de ese ecosistema?
La respuesta fue construir un personaje guiado por la lógica de los datos. Lily Pad posee información, respuestas y soluciones. Desde su perspectiva, los juguetes tradicionales parecen ineficientes frente a la precisión de un dispositivo diseñado para optimizar experiencias.
Sin embargo, el conflicto no se limita a una oposición entre tecnología y juguetes. La verdadera tensión surge cuando esa lógica se encuentra con alguien como Jessie. “Ella está basada en los datos. Tiene toda la información. Tiene todas las respuestas. Cuando pusimos esa visión frente a alguien como Jessie, que es puro instinto, emoción y reacción, encontramos una dinámica muy rica”, explica a SEMANA.
La confrontación termina convirtiéndose en el corazón temático de la quinta entrega. Por un lado está la confianza en la información, pero por el otro, la espontaneidad, el error y la intuición que han caracterizado históricamente a los personajes de Toy Story.
Collins considera que allí reside la verdadera riqueza del relato. Más que satanizar la tecnología, la película intenta examinar sus limitaciones y sus posibilidades, mostrando cómo incluso un personaje aparentemente convencido de tener todas las respuestas puede transformarse y evolucionar a través de la experiencia.Otra de las preguntas de fondo a la que invita la película es qué significa jugar en tiempos en los que las pantallas ocupan un lugar central dentro de la vida cotidiana de los niños y adolescentes.
Lejos de ofrecer una única postura, Toy Story 5 parece interesada en observar cómo la infancia continúa reinventándose. Si la tecnología representa una novedad argumental en la película, el otro gran desafío consistía en encontrar aspectos inéditos dentro de personajes que llevan acompañando al público desde los años noventa.En el caso de la codirectora, la exploración más emocionante estuvo relacionada con Buzz Lightyear.
Harris explica que muchas de las acciones de Buzz están impulsadas por una preocupación mucho más humana: el temor a decepcionar a alguien que admira profundamente. “Al comienzo de la producción, cuando alguien me preguntaba cuál era mi personaje favorito, yo respondía automáticamente que Jessie. Pero al finalizar Toy Story 5, terminé amando a Buzz de una manera completamente nueva. Lo amo porque ama a Jessie”.
Voces que conectan
Esa voluntad de renovación también alcanza las versiones internacionales de la producción. En América Latina, la expectativa alrededor de las voces de doblaje ha sido especialmente alta debido a la participación de figuras como Belinda, Penélope Cruz, Bad Bunny y Bizarrap.
Para Collins, la incorporación de estas voces está ligada a una de las escenas más llamativas de la película, la llamada “fiesta del té”, en la que diversos juguetes olvidados por su dueña esperan con ansias volver a jugar. En esa fiesta participan juguetes como Pizza con Anteojos, en la voz de Bad Bunny; Flamenco, en la voz de Penélope Cruz; y Santa de Jardín, en la voz del productor musical Bizarrap.
La escena fue concebida como una reunión de personajes y personalidades capaz de transmitir una sensación de celebración colectiva. “La idea era que esa fiesta del té se sintiera como la reunión a la que todo el mundo quisiera ser invitado. Porque, honestamente, ¿quién no querría sentarse a compartir una taza de té con todos esos personajes?”.
Treinta años después de revolucionar la animación, Toy Story vuelve a enfrentarse a una pregunta esencial: cómo seguir creciendo sin perder aquello que la hizo especial. La respuesta de Harris y Collins parece construirse sobre una idea sencilla: la nostalgia sigue siendo importante, pero no basta por sí sola. Los juguetes pueden conservar sus recuerdos, pero también necesitan encontrar nuevas maneras de dialogar con el presente.