Desde las lágrimas de James Rodríguez en el himno hasta un camarógrafo que salió en ambulancia, el debut de la Selección Colombia en el Mundial 2026 tuvo todos los condimentos posibles para encender la ilusión del país.

El partido contra Uzbekistán se empezó a jugar 24 horas antes con un espectacular banderazo que pintó de amarillo el Ángel de la Independencia en Ciudad de México y avisó que la marea amarilla estaba presente en la Copa del Mundo tras ocho años de ausencia.

Néstor Lorenzo es un amante de las cábalas, como bien lo enseñó su maestro Jose Néstor Pékerman, y guardó a todos los jugadores en el hotel de concentración, lejos de las ovaciones, los cánticos y todo el color que puede generar consecuencias adversas en el cerebro del futbolista.

Néstor Lorenzo comenzó el Mundial 2026 con una victoria y ahora buscará consolidar a Colombia como candidata en el Grupo K. Foto: Getty Images

La presión por conseguir un resultado positivo se hizo más grande sobre el mediodía, cuando las sirenas se encendieron anunciando que la temible selección de Portugal había mostrado su lado más vulnerable contra la República Democrática del Congo (1-1). Cristiano Ronaldo lució irreconocible en Houston y cayó en el abismo de la comparación con los tres goles que había metido Lionel Messi un día antes.

Portugal arrancó ganando muy temprano con el tanto de João Neves, pero se olvidó de asegurar el resultado y permitió que los congoleños llegaran al empate con un cabezazo certero de Yoane Wissa.

Ese gol sobre la agonía del primer tiempo provocó que los jugadores de la Selección Colombia prendieran el televisor del hotel y dieran el beneficio de la duda a un posible tropiezo de Cristiano y su selección plagada de astros.

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El reloj se agotó y Portugal no pudo romper la muralla de Congo, resultado que indirectamente le dejaba todo servido a la ‘tricolor’ para convertirse en líder del grupo K.

Desde ahí las horas se hicieron eternas para los millones de hinchas colombianos que esperaban el momento del pitazo inicial ante Uzbekistán. Pero en Ciudad de México todo apuntaba a una noche perfecta para el combinado nacional. En las tribunas se armó un gigantesco océano amarillo en el que apenas resaltaban algunas islas armadas por los hinchas de Uzbekistán.

Ese mismo Estadio Azteca que vio campeón a Pelé y Maradona, se convirtió por una noche en el Estadio Metropolitano de Barranquilla, aunque a 2.240 metros sobre el nivel del mar.

La Selección Colombia debutó con triunfo en el Mundial y quedó cerca de asegurar su clasificación a la siguiente ronda. Foto: AFP

Para los hinchas de otros países la Selección Colombia es sinónimo de alegría y baile, algo que no faltó en la llegada del equipo. Yerry Mina, Johan Mojica y Jáminton Campaz se bajaron del bus tirando pasos de baile, cantando y con una sonrisa digna de haber ganado el partido sin siquiera comenzar.

El primer estallido del Azteca se escuchó cuando Camilo Vargas, Álvaro Montero y David Ospina saltaron a la cancha para hacer su calentamiento. La marea amarilla se movió al ver a sus ídolos en la cancha, sabiendo que ya solo quedaban instantes para presenciar lo que tanto habían esperado durante días, meses y años.

Otro rugido cayó sobre la cancha cuando James Rodríguez, capitán de la Selección Colombia, subió las escaleras que conectan el túnel del vestuario con un césped verde y perfectamente cortado. Detrás del volante cucuteño salió quien terminaría siendo la figura del partido, Luis Díaz, especialmente emocionado al presenciar su primer calentamiento mundialista.

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Lorenzo se quedó dentro del camerino organizando las piezas de un rompecabezas que ya sale de memoria. La única sorpresa, entre comillas, fue la titularidad de Gustavo Puerta en el centro del campo para acompañar a Jefferson Lerma. Richard Ríos vio el partido desde el banco y, aunque triste por perder el puesto, aconsejó a Puerta para que todo funcionara a la perfección.

El calentamiento pasó en un abrir y cerrar de ojos. Cuando los 80.000 espectadores se dieron cuenta, las banderas de ambas selecciones ya estaban puestas sobre el césped esperando por los protagonistas.

Bien hizo Alessandro del Piero en recomendarle al presidente Gianni Infantino que cambiara los actos protocolarios y les permitiera a los 26 jugadores convocados vivir ese momento magno de escuchar el himno de su país dentro de la cancha.

Cuando el ‘Oh gloria inmarcesible’ reventó las bocinas del Estadio Azteca, las lágrimas empezaron a salir de los ojos de Luis Suárez, James Rodríguez y hasta el arquero suplente Álvaro Montero. Colombia ganó por goleada en las tribunas, pues el himno retumbó en la voz de los miles de hinchas que entonaron cada verso a todo pulmón.

El Estadio Azteca volvió a ser escenario de una noche histórica al recibir el debut de Colombia en el Mundial 2026 ante más de 80.000 espectadores. Foto: AFP

La victoria en las tribunas se trasladó al campo, pero no fue tan fácil como dice el marcador final. Colombia tuvo la pelota desde el primer instante, pero eran Dávinson Sánchez y Jhon Janer Lucumí los que servían de tránsito para pasarla de derecha a izquierda sin profundidad.

El partido apenas se armó sobre la media hora de juego, justo después de que un camarógrafo de la transmisión oficial terminara lesionado por la embestida del defensa uzbeko Abdukodir Khusanov que se pasó de revoluciones intentando parar a Luis Díaz en la banda izquierda.

La noche parecía ponerse oscura para Colombia al no tener ideas concretas para derrumbar la férrea defensa uzbeka, pero la luz de un candidato al Balón de Oro iluminó el camino para que Daniel Muñoz marcara el primer tanto y se uniera al honorífico club de aquellos que han abierto la lata para la Selección en la historia de los mundiales.

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Lucho se la puso perfecta al corazón del área para que Muñoz, en un gesto acrobático, cambiara la dirección de la esférica, que hizo aún más espectacular el 1-0 parcial.

Colombia se tomó confianza de cara al segundo tiempo y salió en busca del segundo. Justo cuando tenía la victoria en el bolsillo, Camilo Vargas perdió el control de la pelota en un remate que no parecía peligroso y Uzbekistán logró el empate con un gol a todas luces milagroso.

Como si se tratara de la alarma que suena por las mañanas, ese gol despertó a la ‘tricolor’ de su letargo y permitió que Luis Díaz se bautizara en los mundiales. Puerta recuperó la pelota en campo contrario y se la sirvió al guajiro para que definiera con el pie abierto al palo contrario del arquero.

Desafortunadamente, ese tanto volvió a oprimirle el botón de apagado a la Selección Colombia. Tal fue la siesta que Uzbekistán estuvo a punto de empatar y convirtió la alegría en nerviosismo durante los últimos minutos.

Juan Camilo "Cucho" Hernández, jugador de la Selección Colombia. Partido contra Uzbekistan en el arranque Mundial 2026. Fotos: Juan Antonio Sánchez (El Colombiano/Colprensa). Foto: Juan Antonio Sánchez (El Colombiano/Colprensa).

El equipo de Lorenzo aguantó como pudo en su propia área, rechazando los centros a cualquier parte y aferrado a esa mínima diferencia que se hacía cada vez más estrecha. La pesadilla solo acabó cuando Juan Camilo Hernández se inventó una jugada personal a puro coraje y sacó un centro al segundo palo que Campaz conectó de cabeza para poner las cuentas claras en el marcador.

Para los hinchas más sobrios es un resultado que ilusiona de cara a la clasificación; sin embargo, la sensación generalizada es que Colombia todavía está lejos de ser una selección confiable que no dependa de los chispazos de Luis Díaz para ganar.

Hasta el Pibe Valderrama levantó la voz para decir que son buenos los tres puntos, pero también importan las formas y la manera en la que se están consiguiendo los últimos resultados. Con tanta estrella brillando en el exterior, el equipo de Lorenzo luce por momentos estéril, incapaz de superar el bloque bajo de rivales como Uzbekistán y rendido a la idea de acumular pases sin progresión.

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El próximo examen será otro rival parecido, RD Congo, que viene de amargarle la tarde a Cristiano Ronaldo y quiere hacer lo mismo con Luis Díaz. Ese será un partido mucho más físico en el que cualquier distracción podría convertirse en un dolor de cabeza.

Colombia tiene la oportunidad de garantizar su clasificación de manera anticipada. En caso de ganar asegura como mínimo el segundo lugar, aunque el objetivo es coronar la cima del grupo K para evitar rivales de renombre en los dieciseisavos de final. Apenas va la cuota inicial.