La comunicadora social Juliana Matiz viajó a Medellín buscando un tratamiento que le dejara el cabello liso. Mientras esperaba su turno, observó el movimiento del salón: entraban mujeres una tras otra y cada servicio costaba cerca de 150.000 pesos. Ella, que ya había probado suerte con otros emprendimientos, hizo cuentas y concluyó que los alisados eran un gran negocio.

El estilista argentino que la atendió en Medellín le ofreció enseñarle la técnica, pero le advirtió que necesitaba capital para comprar productos importados de Brasil.

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Juliana regresó a Bogotá sin el dinero suficiente, aunque no abandonó la idea. Solicitó dos tarjetas de crédito y consiguió un cupo conjunto cercano a 7 millones de pesos. Volvió a Medellín, recibió capacitación y compró 15 litros de producto para comenzar.

Su primera vitrina fue una cuenta de Instagram de otro negocio suyo, que ya no funcionaba. Borró las publicaciones anteriores y empezó a ofrecer alisados a domicilio. Aprovechó sus contactos para conseguir las primeras clientas y mostrar los resultados en redes sociales. Entonces llegó la pandemia y las visitas a domicilio se hicieron difíciles.

La empresa cuenta con 11 puntos en Colombia y tres en Miami. Foto: Getty Images/iStockphoto

En vez de guardar el inventario, armó kits con champú y tratamiento para aplicar en casa. Guiaba a las compradoras virtualmente y los pedidos crecieron hasta llenar la portería de su edificio de repartidores. Pero algunas clientas preferían que ella les hiciera el procedimiento. Pidió prestado el salón comunal y comenzó a atenderlas allí, sin las instalaciones de una peluquería.

Las recomendaciones multiplicaron las citas, hasta que el vapor activó la alarma de humo y el administrador de su conjunto le pidió desocupar el espacio.

Así llegó a un local en Cedritos, al norte de Bogotá, en plena pandemia. Estaba en obra gris. Juliana consiguió baldosas usadas de otro establecimiento, instaló un lavacabezas, tres sillas y abrió las puertas. Cuando le preguntaban por los espejos y tocadores, respondía que estaban por llegar, pero en realidad aún no tenía dinero para comprarlos.

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Super Alisados creció gracias al voz a voz. Después de Cedritos, abrió en Pereira, Chía y Cali, y luego más sedes en Bogotá y otras ciudades. Hoy cuenta con 11 puntos propios en Colombia, así como tres en el área de Miami.

La compañía emplea a 127 personas en Colombia y unas 22 en Estados Unidos. La empresaria asegura que todas las sedes ya alcanzaron punto de equilibrio.

La expansión estadounidense se financió principalmente con ahorros. Juliana reconoce que lo más difícil de emprender en el extranjero no son tanto los procedimientos y la inversión requerida, sino, en su caso, separarse durante un tiempo de sus hijas, que quedaron al cuidado de sus abuelos. Ahora viven juntas en Estados Unidos.

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La empresa también pasó de aplicar productos de terceros a desarrollar referencias propias con laboratorios en Brasil. Prepara nuevos tratamientos capilares y adelanta trámites para entrar en México y Ecuador.

Recuerda que cuando comenzó soñaba con tres sedes, pero terminó abriendo 11 en Colombia. Por eso prefiere no fijarse un límite de aperturas: dice que avanzará según las oportunidades.