La situación del sector eléctrico está en alta tensión: una demanda que crece más rápido que la oferta y la llegada de un fenómeno de El Niño que, todo indica, será muy fuerte, han despertado los fantasmas del apagón que registró el país a inicios de la década de los noventa.
En este contexto, Camilo Marulanda, presidente de Isagen, una de las generadoras más grandes del país, hace un diagnóstico de lo que está pasando en el sector.
“Tenemos un tema estructural”, dice. Explica que en los últimos cinco años ha entrado menos del 20 por ciento de la oferta de generación nueva que se esperaba y, si se toman las cifras de 2025 y 2026, es menos del 5 por ciento.
En segundo lugar, advierte que ese atraso va de la mano con un incremento de la demanda sin precedentes. “Las proyecciones oficiales hablaban de unos crecimientos de cerca del 2,5 por ciento, y estamos creciendo por encima del 5 por ciento. Entonces esto amplía el descalce”.
Ahora, aparece el fenómeno de El Niño. Marulanda lo califica como un “evento sin precedentes” y agrega que todavía no se sabe qué tan profundo va a ser ni qué tan largo, “pero lo que hemos visto en los últimos dos meses es que los aportes hídricos han estado más o menos 30 por ciento por debajo de la media histórica”.
Anticipa que se vienen entre seis y ocho meses de una sequía que va a poner a prueba al sector. E insiste en que la llave para resolver el abastecimiento será racionalizar el consumo y que el parque térmico maximice las entregas al sistema.
Y, además, destaca que en los últimos cuatro años ha habido ruido regulatorio, fiscal y algunas acciones que han debilitado la red. Pone como ejemplo las deudas que Air-e, distribuidora de energía intervenida por el Gobierno, mantiene con las generadoras térmicas. La situación preocupa porque el país necesitará que estas plantas operen a su máxima capacidad durante el fenómeno de El Niño. “Es uno de los temas que debe resolverse con mayor prontitud”, afirma. Añade que las normas establecían que, si como distribuidor no pagaba a los generadores, estos no le tenían que despachar más energía. Pero este Gobierno forzó a que despacharan y no le ha inyectado a Air-e los recursos para responder.
“Las térmicas, llamadas a respaldar al sistema durante el fenómeno de El Niño, tienen 2,5 billones de pesos embolatados y, a diferencia de las plantas renovables, las térmicas deben comprar el combustible para poder generar. Entonces, hay un riesgo sistémico, no solo financiero, que puede generar un apagón, porque uno no puede forzar a una empresa con esas deudas a seguir trabajando a pérdida”, asegura Marulanda.
Además, recuerda que el anuncio del Gobierno Petro de liquidar Air-e revive lo que sucedió en el pasado con la desaparición de Electricaribe: “La cartera se pierde en su totalidad. En el caso de Isagen, perdimos más de 50.000 millones de pesos y ahora ahí tenemos como 70.000 millones más, que los vamos a perder si la liquidan y eso va sumando y genera desconfianza”.
Ante ese panorama, ¿ve riesgo de apagón? “Espero que, de alguna manera, entre controlar y generar incentivos para que el consumo disminuya, y maximizar la oferta, podamos pasar. Si no, yo creo que eso se podría ver reflejado en algunos cortes, en algunos periodos, en algunas zonas del país. Pero yo veo el escenario de un apagón general como demasiado extremo. No digo que no pueda ocurrir, pero ese no debería ser el escenario más probable”, dice.
En este coctel de desafíos, el presidente de Isagen pone sobre la mesa el complejo panorama del gas natural. Resalta que, durante 45 años, el país no importó gas para la demanda esencial. Pero ahora, las reservas y la oferta de gas han venido cayendo y dice que el reemplazo “hoy es por lo menos incierto”, asociado a proyectos costa afuera que se demoran y que en su opinión tienen incertidumbres financieras. Y en un escenario en el que el parque térmico se respalda con una regasificadora, que ya está atendiendo demanda esencial.
“Hay que tener mayor capacidad de importación de gas. Sin embargo, lo que vamos a ver es un trade-off entre alimentar esas térmicas y alimentar la demanda de las casas y de las industrias. Eso va a ser un efecto muy importante”, señala.
Sobre la reciente subasta de capacidad, en su concepto, los resultados fueron “modestos”. Y señala: “Seguimos cortos en el balance de oferta y demanda para los próximos cinco años, entre el 3 y el 6 por ciento de energía firme en el año a año. No estamos siendo capaces de llenar esas necesidades”.
En medio de este panorama, Isagen avanza en su estrategia de desarrollo: convertirse en una generadora de energía renovable. En su opinión, 2025 fue un año bueno para la compañía. “Crecimos cerca del 8 por ciento en términos de utilidades operativas, pero, más importante que eso, seguimos avanzando en una estrategia de crecimiento que nos hemos fijado. El año pasado comprometimos inversiones por cerca de 800 millones de dólares para proyectos nuevos en 2025, 2026 y 2027”, dice.
Marulanda explica que Isagen es hoy una empresa ciento por ciento renovable. “Hoy tenemos operando cerca de 3.200 megavatios con hidro y 300 solares. Pero todo el pipeline de crecimiento es solar. La empresa, dentro de cinco u ocho años, va a ser mitad y mitad”. Asegura que la meta de corto plazo es adicionar cerca de 1.000 megavatios de acá a 2027 y principios de 2028. “Y en los próximos diez años cerca de 3.000 megavatios, que es como doblar el tamaño de la compañía y llegar a cerca de 6.000 megavatios”, afirma.
El foco en este momento es solar, pero avanzan en proyectos complementarios. “Le estamos dando un foco clave al tema de baterías, que creo que va a ser la bala de plata para toda la cuestión de suministro en el país en el mediano plazo”, asegura.
¿Eso garantizaría una de las críticas que tienen con las renovables no convencionales sobre firmeza? “Eso soluciona, creo, parte del problema. En los últimos cinco años, casi el ciento por ciento de la energía nueva que ha entrado al país es solar. Eso es bueno y es malo. Es bueno porque estamos creciendo en renovables; es malo porque no solucionamos uno de los problemas: las horas de demanda pico, de seis a nueve de la noche, donde el sol no sale y tenemos un descalce muy grande entre oferta y demanda. Hace poco, la Comisión de Regulación sacó unas normas regulatorias para el tema de baterías. Es un avance importante y va a acelerar la implementación de ese tipo de tecnologías en el país”, manifiesta Marulanda.
El presidente de Isagen desvirtúa un mito: “Que las generadoras hídricas nos llenamos de plata cuando hay sequías y los precios están altos”. Y lo explica: la empresa vende entre 70 y 72 por ciento de la energía en contratos de largo plazo y el resto en la bolsa de energía. La energía que no logra cubrir con sus contratos, Isagen debe adquirirla en bolsa a precios muy superiores a los pactados. “Compro la energía a 800 pesos, como está en estos días en bolsa, y la vendo a 350”, señala.
Por eso, advierte que el fenómeno de El Niño les puede costar entre 100 y 200 millones de dólares de menores ingresos en el año, “porque al final nos vemos forzados a comprar en bolsa para honrar los contratos, y entre más profundo sea este evento climático, pues más plata costará”, señala Marulanda.
“Los colombianos pensamos que nuestros problemas son únicos y que nadie más los tiene. Los retos no solo pasan en Cundinamarca, sino también en Dinamarca. Hay un compromiso del fondo internacional –al que pertenece Isagen– de largo plazo con Colombia”, finaliza.