Siigo, la compañía colombiana de software contable y administrativo para pequeñas y medianas empresas, se prepara para una nueva etapa de crecimiento en América Latina. Después de multiplicar por más de 20 su tamaño durante los últimos ocho años, tiene ahora una meta en el horizonte: pasar de 1,3 millones a 4 millones de clientes y, posteriormente, buscar los 10 millones.
David Ortiz, CEO de la compañía, asegura que el potencial sigue siendo amplio. Según sus cálculos, en la América Latina hispanohablante existen más de 25 millones de empresarios que aún no utilizan software para administrar sus negocios. Hoy el 90 por ciento de los clientes de Siigo cuenta con diez empleados o menos, aunque también atiende empresas de hasta 200 trabajadores.
La compañía opera en Colombia, México, Ecuador, Perú, Uruguay y Chile. Aunque no descarta entrar a otros mercados, la prioridad en 2026 y 2027 será crecer en esos países. De hecho, más del 50 por ciento de los ingresos provienen de operaciones por fuera de Colombia.
La expansión ha estado marcada por las adquisiciones: Siigo compró Contífico en Ecuador y, según Ortiz, esa operación ha multiplicado por más de cuatro su tamaño. Luego adquirió compañías en Uruguay y México, y recientemente entró a Chile con la compra de Kame, empresa que, según Ortiz, viene creciendo a tasas superiores al 80 por ciento anual.
La estrategia responde, en parte, a una dificultad del negocio: el software contable debe adaptarse a las normas tributarias, laborales y regulatorias de cada mercado. “Para entrar a cada país y no comenzar de ceros”, fue necesario adquirir conocimiento local, dice Ortiz, quien lleva 15 años al frente de Siigo, firma que fundó su padre, Ricardo Ortiz, en 1988.
Al comprar compañías que llevaban entre 20 y 30 años operando, Siigo incorporó equipos con experiencia contable y regulatoria y luego integró su propia tecnología y modelo de crecimiento.
De 10.000 a 1,3 millones de clientes
La historia de Siigo comenzó hace más de tres décadas con el desarrollo de software contable, cuando la posibilidad de generar e imprimir una factura desde un computador era todavía una novedad para muchas empresas.
El negocio creció y, cinco años después de su creación, recibió inversión extranjera para financiar su expansión. Luego, la compañía quedó bajo control de ese socio internacional hasta que, hace unos 15 años, fue recomprada y entró en una nueva etapa, marcada por el desarrollo de soluciones en la nube.
Ese cambio redujo una de las principales barreras que enfrentaban las pequeñas empresas para adoptar tecnología. Antes necesitaban comprar servidores y asumir inversiones importantes en infraestructura; con la nube bastaba con contar con computador y conexión a internet.
Según Ortiz, Siigo pasó de unos 10.000 clientes hace 15 años a los actuales 1,3 millones en América Latina.
La compañía también acudió nuevamente al capital externo. Hace nueve años recibió inversión de Accel-KKR, fondo de capital privado especializado en tecnología. Recientemente, obtuvo financiación por cerca de 100 millones de dólares, recursos que, de acuerdo con el CEO de Siigo, se destinan tanto al crecimiento del número de clientes como al desarrollo de nuevas soluciones tecnológicas.
El modelo funciona mediante suscripciones mensuales o anuales, tal como plataformas tipo Netflix. Los clientes pueden utilizar herramientas de facturación, contabilidad, nómina y administración desde la nube. A esa oferta se han sumado soluciones de punto de venta y enlaces de pago.
Siigo también integra su plataforma con empresas financieras. Con autorización de los clientes, algunas fintechs pueden acceder a información que les permita evaluar la posibilidad de ofrecer financiación.
La barrera de la formalización
Ortiz estima que los niveles de informalidad empresarial en algunos mercados latinoamericanos se ubican entre 50 y 60 por ciento, lo que limita la adopción de estas herramientas. Considera que llegar a ese nicho es uno de los principales retos de la compañía.
Añade que la decisión de digitalizarse no siempre es voluntaria. Según él, muchos pequeños empresarios llegan al software después de recibir una sanción, porque un cliente les exige factura electrónica o porque una entidad financiera solicita estados financieros para estudiar un crédito. Siigo trabaja también con una red de unos 140.000 contadores, que los ayudan en su “evangelización digital contable” entre los pequeños empresarios.
Para Ortiz, muchos negocios no adoptan estas herramientas por falta de recursos, desconocimiento, resistencia al cambio y los costos asociados a la formalización. Cree que una reducción de trámites y esquemas tributarios graduales para firmas pequeñas podría ayudar a aumentar la formalidad.
El siguiente paso de inversión es la inteligencia artificial. Siigo está incorporando tales herramientas a procesos contables, administrativos y de nómina para reducir tiempos que estas empresas dedican a tareas operativas, pero también costos y barreras que históricamente enfrentaron firmas de software latinoamericanas para desarrollar productos.
En muchas microempresas, advierte, una misma persona factura, administra inventarios, registra pagos, cobra y atiende clientes. “Los empresarios más pequeños son los toderos”, señala. La apuesta es que la automatización les permita dedicar más tiempo a vender, buscar clientes o conseguir financiación.
Siigo tiene más de 4.000 trabajadores en América Latina y buena parte de sus desarrollos se han construido con talento de la región.
En 2025 facturó 488.428 millones de pesos, 26 por ciento más que en 2024. Ortiz considera que la firma podría volver a multiplicarse por 20 durante la próxima década. La apuesta consiste en ampliar los servicios utilizados por cada cliente, integrar pagos y financiación, y automatizar más procesos, en una región en la que millones de pequeños negocios todavía manejan parte de sus cuentas de forma manual.