El pasado 7 de julio se cumplió el periodo de diez años del contrato de administración del Fondo Nacional del Café, que coincidió no solo con la época electoral, sino también con el epílogo de una tensa relación del Gobierno Petro con la Federación Nacional de Cafeteros.
De hecho, el contrato no fue la excepción, por, entre otros aspectos, diferencias sobre cómo se debían administrar y auditar los fondos parafiscales del café. Incluso, circularon versiones sobre el deseo del Gobierno de quitarle la administración del Fondo Nacional del Café a la Federación.
Como explicó Germán Bahamón, gerente del gremio, en diálogo con SEMANA, la contribución es de seis centavos de dólar por libra exportada y en la última década se han exportado cerca de 13 millones de sacos en promedio anual. “Esa contribución termina siendo de 3,5 billones de pesos en una década, es decir, entre 350.000 y 360.000 millones de pesos al año”.
Afirmó que el Comité Nacional es presidido por el ministro de Hacienda, y participan el ministro de Agricultura, el director de Planeación Nacional y el ministro de Comercio. “Lo que hicimos fue demostrarles a los ministros, desde el punto de vista técnico y jurídico, que era necesario prorrogar el contrato. Además, por la eficiencia que ha demostrado la Federación en el uso de los recursos”.
Y agregó: “A mí me buscaron durante casi cuatro años para hablarme de las incertidumbres. Hoy solo tenemos certezas. Tenemos un contrato que está prorrogado y un Gobierno entrante que nos dijo que iba a hacer lo que manda la ley, que es prorrogarlo por diez años y dar esta seguridad jurídica. Se acabaron las incertidumbres; pasemos esa página. A mí me enseñaron que el espejo retrovisor es la peor herramienta de navegación”.
En ese contexto, Bahamón mira con optimismo el futuro y el desarrollo de los proyectos del sector, especialmente en tres grandes iniciativas. “El Gobierno del presidente Abelardo De La Espriella nos ha enviado mensajes claros en el deseo de trabajar en la industrialización del café. Y por eso nosotros le hemos propuesto tres proyectos para dejar más valor en la cadena”, precisó Bahamón.
El primero está alrededor de la fábrica de café liofilizado Buencafé, que cuenta con la marca Buendía y está ubicada en Chinchiná (Caldas). Hoy la capacidad industrial está copada y exporta 12.500 toneladas de café liofilizado. La planta transforma 538.000 sacos de café. La apuesta es aumentar a 700.000 y eso requiere recursos. “Esa inversión puede ser, y se lo propusimos al Gobierno, realizando activos improductivos que tenga el patrimonio del Fondo Nacional del Café”.
Se estima que la inversión sume unos 50 millones de dólares, para llevar las exportaciones de café liofilizado a 16.500 toneladas.
El segundo está relacionado con la demanda en el mundo que busca café descafeinado. Esas tendencias se traducen en oportunidades para Colombia, pero llevan al desarrollo de una fábrica de descafeinización. “Necesitamos ponerla en el Caribe colombiano, aprovechando teorías como la del nearshoring. Y Santa Marta, Barranquilla y Cartagena están más cercanas a Nueva York que cualquier ciudad de México, incluso. Le propusimos al Gobierno que en alguno de esos puertos tengamos posibilidad de una zona franca, que podamos importar la maquinaria, contar con esos beneficios tributarios y exportar café descafeinado”.
Este proyecto suma alrededor de 65 millones de dólares en inversiones y, para financiarlo, desde la Federación plantean que, además de la venta de activos improductivos, se busquen créditos de largo plazo a tasa compensada a través de Finagro.
Y el tercero consiste en buscar un cambio en el modelo de compra de café. Como explicó Bahamón, los perfiles de taza que piden mercados como Arabia Saudita, Francia o Estados Unidos son distintos, y actualmente no se tiene la capacidad de controlar cada uno de los procesos del café. Eso impide que se les pueda entregar a ellos la consistencia y la calidad del café que necesitan.
“Lo que queremos son tres cosas en una sola: poder atender la necesidad de cada uno de los mercados con el producto adecuado, consistentemente, para nunca perder a un cliente por esa inconsistencia. Que el caficultor venda lo que él sabe hacer, su producto agropecuario o agrícola. Y tres, aprovechar la economía circular”, señaló el gerente de la Federación.
Advirtió que si el año pasado, vendiendo café verde en su mayoría, exportando solo sacos de café, se irrigaron 24,2 billones de pesos a las regiones, “imagínense si también hacemos bioeconomía circular, nos metemos en la industrialización de 700.000 sacos, crecemos Juan Valdez igualmente con tiendas y con transformación de café tostado en origen y además hacemos que Almacafé siga creciendo”.
De hecho, los planes son ambiciosos. Hace tres años, Almacafé facturaba 83.000 millones de pesos al año. En 2025 terminó en 155.000 millones y este año debe llegar a 180.000 millones. “En tres años, una empresa de 60 años de historia se duplicó y las utilidades se multiplicaron por diez; eso es eficiencia operativa, trabajar con austeridad y buscar que haya innovación que genere rentabilidad”, dijo Bahamón.
Por el lado de Buencafé, en 2025 tuvo un récord de ventas por más de 260 millones de dólares. Y Procafecol, con la marca Juan Valdez, ha venido creciendo. En 2022 vendió 550.000 millones de pesos, el año pasado facturó 860.000 millones y este año la meta es superar los 900.000 millones. Hoy cuenta con 650 tiendas en el mundo, de las cuales 360 están en Colombia.
Según Bahamón, el foco en el desarrollo de Juan Valdez está en cuatro mercados. España, para que sea la puerta de entrada a Europa, en donde ya cuentan con un acuerdo comercial con el Grupo Lux para el desarrollo del canal masivo de supermercados y tienda a tienda; y con Grupo Trinity para abrir más tiendas. En Estados Unidos también cuenta con acuerdos comerciales similares a los de España. “En Estados Unidos nuestro compromiso es que pasemos de diez a 60 tiendas en tres años y a 100 en cinco años”, anticipó Bahamón. Y los otros dos mercados son México y Brasil. “Nuestra meta a mediano plazo es lograr que el 20 por ciento de las exportaciones de los sacos de café sea industrializado”, puntualizó.
LOS DESAFÍOS
Aunque el café se salvó de quedar incluido en el más reciente incremento de aranceles por parte de Estados Unidos, en el que sí se afectan otros sectores, como el floricultor, los cafeteros se enfrentan a una tormenta perfecta: dólar y precios internacionales a la baja, sumada a una menor producción y a tensiones climáticas.
Para Bahamón, este no es el primer escenario retador que enfrenta el sector. “Yo no quiero llamar a hecatombes. Los cafeteros hemos resistido embates muy fuertes en 99 años de historia”, dice.
Considera que la revaluación del peso es una afectación fuerte. “Por cada 100 pesos que se aprecia nuestra moneda con respecto al dólar estadounidense, el caficultor deja de recibir 75.000 pesos por carga de 125 kilogramos”. Calcula que el caficultor está dejando de recibir 690.000 pesos por una carga que hoy está en 2.200.000 pesos.
“No tendríamos posibilidad de ser sostenibles si la cotización de la tasa representativa del mercado baja de los 3.000 pesos. Obviamente, hoy ya estamos en rines. Hay cafeteros que están produciendo al costo o por debajo del costo”, dice y explica que insumos como los fertilizantes no han caído por las tensiones en Oriente Medio.
Por el lado del precio internacional, Bahamón recuerda que, en diciembre de 2019, el precio de la libra del café en la Bolsa de Nueva York estaba por debajo de un dólar. “Hoy, después de un rally largo y bueno, llegó incluso a cotizarse en enero de 2025 en 4,27 dólares. Obviamente, lo que sube, baja”, agrega.
En 2026 se ha mantenido entre 2,70 y 3 dólares. La situación favorable es que la demanda de café sigue creciendo, incluso con precios altos. En 2005, dice, el planeta consumía 105 millones de sacos. El año pasado fueron 177 millones de sacos, y para este se estima en 180 millones de sacos. Y cree que hoy no hay posibilidad de construcción de inventarios en el mundo.
Por otro lado, después de 2025, un año histórico con la mayor producción desde 1992, con 13,7 millones de sacos, para este año Bahamón estima que serán alrededor de 12,5 millones de sacos. “Cuando hay una producción muy grande, al año siguiente el árbol queda exhausto y siempre los ciclos son bianuales. Sabíamos que este año iba a caer”.
Pero además se sumó que, en enero, febrero y marzo, que habitualmente son épocas de sequía en Colombia, llovió, afectando la cosecha de finales de año. Y frente al fenómeno de El Niño que viene, para Bahamón, “si es un Niño normal, nos podría ayudar. Pero si es un superniño, ahí la cosa se complica, porque lo que necesitamos es un estrés hídrico, mas no una sequía prolongada”.
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