A finales de la administración de Gustavo Petro, Estados Unidos elevó al 12,5 por ciento los aranceles a algunos productos colombianos, debido a que el país no contaba con normas ni controles suficientes para impedir la importación de bienes elaborados con trabajo forzoso en terceros mercados.
Aunque productos como el café o el petróleo y sus derivados no fueron cobijados por la medida, esta situación dejó en dificultades a sectores clave, como las flores, principalmente, pero también a otros como el engorde de tilapia, hecho que, sumado al bajo precio del dólar, ha conllevado la pérdida de competitividad de productos nacionales.
Según la Cámara de Comercio Colombo Americana (AmCham Colombia), dentro de la canasta exportadora nacional a Estados Unidos, el 20,8 por ciento se encuentra con arancel del 12,5 por ciento, mientras que el 72,4 por ciento entra a ese mercado con 0 por ciento de arancel.
Ese arancel del 12,5 por ciento podría eliminarse mediante una negociación. Estados Unidos ya ha adelantado conversaciones con otros países para suscribir acuerdos sobre comercio recíproco (ART, por su sigla en inglés), que pueden concretarse rápidamente y no requieren aprobación del Congreso. Lo ha firmado con diez países: Malasia, Camboya, El Salvador, Guatemala, Argentina, Bangladesh, Taiwán, Indonesia, Ecuador y Jordania.
Para Martín Gustavo Ibarra, socio de la firma Araújo Ibarra, de los cuatro acuerdos que Estados Unidos ha definido en América, dos son con mercados que no tienen tratado de libre comercio con ese país –Argentina y Ecuador–, y otros dos son con países que ya cuentan con TLC con Estados Unidos: El Salvador y Guatemala.
“Son países amigos. No solo es el nearshoring, es el friendshoring”, dijo un experto en comercio exterior.
La instrucción del presidente Abelardo De La Espriella, incluso antes de su posesión, fue la de trabajar rápidamente para reconstruir las relaciones con Estados Unidos y poder disminuir esos aranceles.
En ese contexto surgió la iniciativa del acuerdo. “En la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos (USTR), estamos comprometidos a fortalecer nuestros lazos económicos y comerciales, incluso mediante la negociación expedita de un acuerdo sobre comercio recíproco”, dijo el representante comercial de los Estados Unidos, Jamieson Greer.
Uno de los primeros pasos fue el instrumento jurídico para advertir que Colombia no permite que ingresen bienes provenientes de países con trabajo forzoso.
“En el Gobierno pasado se pelotearon entre la Dian y el Ministerio de Comercio quién lo debía sacar, y nunca lo sacaron”, señala un experto. Pero este Gobierno, finalmente, emitió el decreto que evita que Colombia comercialice productos con países que aplican estas prácticas de trabajo forzoso. “Nosotros las rechazamos, como Estados Unidos, y por eso el decreto se expidió”, dijo en su momento el ministro de Comercio, Industria y Turismo (MinCIT), Mauricio Gómez Amín.
Según el Consejo de Empresas Americanas (CEA), el ART es un instrumento de carácter ejecutivo y técnico que busca dinamizar el intercambio comercial bilateral y superar las recientes barreras arancelarias de emergencia, como el recargo del 12,5 por ciento sobre ciertos productos. “El objetivo central que persigue la negociación, liderada por el MinCIT, es lograr que entre el 90 y el 93 por ciento de la canasta exportadora colombiana ingrese al mercado norteamericano con arancel cero”, dijo Ricardo Triana, director ejecutivo del CEA.
Por su parte, María Claudia Lacouture, presidenta de AmCham Colombia, considera que el ART busca acordar condiciones para mejorar la relación comercial y resolver asuntos específicos entre ambos países. Su alcance depende de cada negociación. “Para Colombia, vemos una oportunidad de resolver obstáculos comerciales y mejorar las condiciones para exportar, producir e invertir; los compromisos concretos deberán conocerse en el texto acordado”, afirmó Lacouture.
Como advierte Javier Díaz, presidente saliente de Analdex, para Colombia resulta fundamental negociar con los Estados Unidos un acuerdo que permita llevar a cero el arancel del 12,5 por ciento que hoy pesa sobre cerca del 30 por ciento de las exportaciones nacionales a dicho país. “Ello nos permitiría colocarnos en igualdad de condiciones con nuestros competidores que ya han negociado y entran con cero arancel a los Estados Unidos”.
Así, Colombia pasaría a integrarse a un grupo de países caracterizados por ser socios estratégicos de Estados Unidos en materia económica y de seguridad. Este grupo de naciones se distingue por haber adoptado el marco de comercio recíproco (Fair and Reciprocal Trade Framework), señaló Triana.
Aún no se conoce el texto de la negociación ni las exigencias de Estados Unidos; sin embargo, la gama puede ser muy variada: desde aspectos estratégicos geopolíticos hasta definir temas que los expertos catalogan como “irritantes” en el comercio bilateral.
Martín Gustavo Ibarra advierte que Estados Unidos le podría pedir a Colombia, por ejemplo, que no haga acuerdos de libre comercio con países como China. O que les dé acceso a tierras raras o no restringir la información digital entre los dos países.
Según él, hay varios “irritantes”, como una norma, que ha sido aplazada, en la que se exige para los vehículos las normas europeas, que son diferentes de las normas estadounidenses.
“Puede exigir, por ejemplo, que los países que han firmado los acuerdos de comercio verifiquen de dónde vienen las inversiones. Hoy día hay una nueva restricción mundial al comercio impuesta por Estados Unidos: un producto que tenga socios chinos puede considerarse chino, así sus materias primas o el producto no lo sean”, dice Ibarra.
Pero, además, como advierte el jurista, Colombia es un aliado estratégico para los Estados Unidos en América Latina. “No solo por la cercanía y por ser la tercera economía de la región, sino también por su condición de vecino de Venezuela, país con el que tenemos un acuerdo de protección de inversiones y de libre comercio. Y esa dupla colombo-venezolana es fundamental para Estados Unidos en este momento”.
El ministro Gómez Amín señaló hace unos días que esta semana que termina sería definitiva para el acuerdo, con cuatro puntos críticos.
Para Triana, los cuatro puntos críticos que mencionó el ministro Gómez Amín, identificados en la mesa de negociación, reflejan los aspectos donde ambos países deben sincronizar perfectamente sus marcos normativos: uno, la reglamentación de la prohibición de trabajo forzoso; dos, los protocolos de trazabilidad e inspección aduanera; tres, la delimitación del universo arancelario para alcanzar la meta del 90 al 93 por ciento con cero arancel; y cuatro, la homologación de reglamentos técnicos.
En este escenario, ¿qué pasa con el TLC? ¿Y en qué se diferenciaría el acuerdo de Colombia con el de otros países?
El TLC no se afectaría. Es un acuerdo complementario. “El TLC sigue siendo la columna vertebral y el marco jurídico integral de la relación económica entre ambas naciones”, añade Triana.
A su vez, las diferencias o similitudes concretas con otros acuerdos solo podrán establecerse cuando se conozca el texto. “Los ejemplos muestran por qué no conviene trasladar automáticamente resultados: Guatemala incluyó medidas para agilizar el despacho de mercancías de bajo riesgo; Ecuador previó cupos de importación sin arancel para ciertos productos agrícolas estadounidenses; y El Salvador incorporó compromisos sobre servicios digitales y transferencia de datos. Para Colombia, la evaluación debe centrarse en qué obstáculos se resuelven, qué beneficios se obtienen y qué obligaciones y costos de adaptación se asumen”, recalca Lacouture.
A la expectativa de conocerse el acuerdo, está claro que representa una oportunidad para blindar el acceso preferencial al mercado de consumo más grande del mundo.