¿Vale la pena hoy estudiar una carrera universitaria completa? La discusión no es nueva, pero se ha intensificado con el auge de cursos en línea, certificaciones y herramientas de inteligencia artificial que prometen formar profesionales competitivos en tiempos mucho más cortos. ¿Sigue siendo rentable para un joven colombiano invertir cuatro o cinco años (y una suma considerable de dinero) en un título universitario?

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Para Milena Useche, gerente nacional de reclutamiento y selección de Manpower Colombia, la respuesta es sí, aunque con condiciones: la inversión tiene retorno cuando la carrera está alineada con las habilidades del futuro e incorpora el uso estratégico de la tecnología y la inteligencia artificial.

Useche reconoce que el valor diferencial del título ha disminuido respecto de hace 20 años, cuando bastaba para acceder a las mejores oportunidades laborales. Hoy, las empresas valoran más la formación directamente ligada al rol que se va a ocupar.

Lina Cano, decana de Educación de la Universidad Pontificia Bolivariana (UPB), enfatiza que un profesional gana en promedio entre dos y tres veces más que un bachiller a lo largo de su vida laboral. Pero advierte que esa rentabilidad depende del modelo educativo: “Si entras a endeudarte cinco años solo para ver clases magistrales que están en YouTube, no es rentable”, señala, mientras que una formación conectada con empresas, laboratorios y proyectos reales sí lo es.

La IA se ha convertido en una herramienta de formación que muchos destacan, pero que otros consideran insuficiente. Foto: Getty Images

Ambas expertas coinciden en que los cursos cortos y las certificaciones no reemplazan a la universidad, sino que la complementan. Useche destaca que estas alternativas funcionan mejor en oficios que permiten procesos de formación más rápidos, mientras que carreras como medicina, derecho o ingeniería siguen exigiendo el título por disposición legal. Cano, por su parte, sostiene que ni siquiera muchos CEO que públicamente desestiman el título universitario aplican ese criterio puertas adentro, pues más del 80 % de las personas en sus organizaciones cuentan con estudios de pregrado o posgrado.

Sobre el sector público, ambas identifican una brecha frente al privado: el Estado colombiano exige el título y la tarjeta profesional de manera más rígida, lo que no siempre garantiza un mejor desempeño. “No se puede confundir certificación con competencia”, advierte Cano, quien cita el caso de técnicos sin título que sostienen procesos enteros en una alcaldía.

¿La solución para quienes no pueden costear cinco años de universidad? Ambas expertas insisten en que hoy existen más alternativas que nunca —becas, formación por créditos y combinación de trabajo y estudio— para no tener que elegir entre educación superior e ingresos inmediatos.

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La conclusión de ambas es similar: la universidad no compite con la educación en línea, sino que debería integrarla. Lo que realmente diferencia a un profesional, coinciden, no es solo el conocimiento técnico, sino también el pensamiento crítico, la capacidad de adaptación y las habilidades humanas que, según ambas, ningún curso corto ha logrado replicar todavía.

“A los jóvenes les diría que apunten a tener una profesión; optar siempre por tener una experiencia universitaria: la vivencia con los compañeros, el trabajo en equipo, la solución de problemas del contexto, la participación en proyectos, la vida universitaria en sí misma; todo lo que se vive alrededor de la formación humana”, concluyó Cano.