En Colombia, el acceso al crédito sigue viéndose como un tema de calificación, pero en la práctica depende de un panorama mucho más amplio.
Expertos del sector financiero advierten que la verdadera clave no está en un solo indicador, sino en la salud financiera de cada persona: cómo maneja sus deudas, qué tanto utiliza sus cupos y cómo ha evolucionado su nivel de endeudamiento.
Este conjunto de factores es el que finalmente determina si alguien puede financiarse o queda por fuera del sistema.
El problema es que la mayoría de los colombianos no tiene acceso a esa visión completa. Según el Reporte de Inclusión Financiera 2024 de Banca de las Oportunidades y la Superintendencia Financiera de Colombia, solo el 35,5% de la población adulta accede a crédito formal.
Incluso entre quienes tienen tarjeta de crédito, el 80% cuenta con cupos inferiores a seis millones de pesos, lo que limita su capacidad de financiamiento.
Para Daniel Garzón, Founder y CEO de Creditop, el error está en mirar solo el puntaje. “Muchas personas llegan a un comercio con la intención de comprar, tienen un puntaje aceptable, pero cuando el sistema evalúa su perfil completo resulta que no tienen cupo.”, explica.
Esto refleja que el sistema financiero evalúa el perfil completo: no solo si paga, sino cuánto margen tiene y cómo gestiona sus obligaciones.
Ahí es donde el crédito empieza a jugar un doble papel. Datos de la plataforma Bravo muestran que muchos colombianos ya cruzaron una línea crítica: adultos entre 31 y 40 años adeudan en promedio 27 millones de pesos en cinco entidades y destinan hasta el 60% de sus ingresos al pago de obligaciones.
En estos casos, el crédito deja de ser una herramienta de crecimiento y se convierte en una carga que limita la estabilidad financiera.
Una persona que opera al límite de sus cupos o cuyo nivel de deuda crece constantemente tendrá menos posibilidades de acceder a mejores condiciones de crédito.
A esto se suma una regla práctica: el equilibrio 70/30. Es decir, destinar el 70% de los ingresos a gastos esenciales y el 30% a ahorro y pago de deudas.
Si un nuevo crédito rompe ese balance, el riesgo de sobreendeudamiento aumenta. Incluso, los expertos recomiendan no adquirir nuevas obligaciones sin haber demostrado previamente la capacidad de asumir la cuota mediante el ahorro.
También persisten mitos que agravan el problema. La Ley 2157 de 2021 permite consultar el historial crediticio sin afectar el puntaje, pero el desconocimiento sigue generando autoexclusión del sistema financiero.
Hoy, herramientas digitales empiezan a cerrar esa brecha al ofrecer diagnósticos más completos y accesibles. Sin embargo, el mensaje de fondo es claro: el crédito no debe ser una salida de emergencia, sino una decisión estratégica.
Entender la salud financiera permite anticipar riesgos, tomar mejores decisiones y evitar caer en ciclos de endeudamiento que afectan la estabilidad personal.
Al final, el crédito bien utilizado puede ser una herramienta de crecimiento, pero sin información y control, puede convertirse en una carga difícil de sostener.