El pago a cuotas se ha convertido en una de las principales herramientas de consumo en Colombia, especialmente en un entorno donde la inflación, las tasas de interés y el menor poder adquisitivo han llevado a muchos hogares a financiar desde electrodomésticos hasta gastos cotidianos.
Sin embargo, esta práctica puede convertirse tanto en una ventaja financiera como en una fuente de sobreendeudamiento dependiendo del tipo de compra y de la capacidad real de pago.
De acuerdo con Jhon Espinosa, docente del programa de Contaduría Pública de la Fundación Universitaria Horizonte, el pago diferido modifica la percepción psicológica del gasto porque reduce la sensación inmediata de pérdida económica y hace que muchas personas subestimen el valor real de lo que compran.
El fenómeno se ha intensificado con modelos como el “Buy Now, Pay Later” (BNPL), que fragmentan el costo total en pequeñas cuotas y facilitan decisiones de compra impulsivas.
Según el análisis, uno de los escenarios donde sí puede resultar conveniente financiar una compra es cuando existen planes sin intereses y el precio final es igual al de contado. En esos casos, las personas pueden mantener liquidez, conservar recursos para emergencias o aprovechar que el dinero pierde valor con el tiempo debido a la inflación.
La investigación también señala que pagar a cuotas puede ser financieramente razonable cuando se trata de bienes duraderos o inversiones personales, como computadores para trabajo, electrodomésticos esenciales, educación, especializaciones o tratamientos médicos. Son productos o servicios que continúan generando valor incluso después de terminar de pagarse.
Otro de los beneficios identificados es la construcción de historial crediticio. Cumplir puntualmente con obligaciones financieras mejora el perfil ante centrales de riesgo y puede facilitar acceso posterior a créditos hipotecarios, empresariales o educativos.
No obstante, el panorama cambia cuando las cuotas se utilizan para financiar consumo inmediato como ropa, restaurantes, entretenimiento o gastos cotidianos. Según el estudio, en esos casos las personas terminan comprometiendo ingresos futuros para pagar productos que ya consumieron o dejaron de usar hace meses.
El análisis advierte además sobre el llamado “efecto bola de nieve”, donde pequeñas cuotas acumuladas empiezan a afectar el flujo mensual de caja. Según el experto, cuando la suma de las obligaciones financieras supera el 30 % de los ingresos mensuales, aumenta significativamente el riesgo de sobreendeudamiento.
A esto se suma el llamado “costo invisible” del crédito: seguros, intereses, comisiones y cargos administrativos que pueden elevar considerablemente el valor final de un producto frente a su precio original de contado.
El verdadero reto no está únicamente en acceder al crédito, sino en entender cuándo una deuda ayuda a construir estabilidad financiera y cuándo termina debilitando el presupuesto personal y la capacidad de ahorro.