Cada año, millones de toneladas de arena y partículas minerales se desprenden del desierto del Sahara y recorren miles de kilómetros sobre el océano Atlántico hasta alcanzar el Caribe, Centroamérica y parte del territorio de Estados Unidos.

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Este fenómeno estacional ya comenzó a desplazarse hacia Norteamérica y volverá a hacerse visible en varios estados durante los próximos días.

Medios estadounidenses reportan que la nube de polvo llegó a Florida el martes y continuará avanzando de forma gradual hacia otros estados de la costa del Golfo durante el resto de la semana. Entre las zonas que podrían registrar su paso también se encuentran Alabama, Mississippi, Luisiana y Texas.

Aunque la presencia de este polvo suele generar cielos brumosos y reducir la visibilidad en algunos sectores, gran parte de las partículas permanece en las capas altas de la atmósfera, por lo que su impacto varía de acuerdo con la concentración de polvo y las condiciones meteorológicas de cada región.

El fenómeno puede generar cielos brumosos y reducir la visibilidad en algunas zonas. Foto: Getty Images

La llegada de estas nubes no constituye un hecho inusual. Cada año, entre mayo y agosto, las corrientes de aire favorecen el desplazamiento del polvo sahariano desde el norte de África hacia el continente americano.

Julio, además, suele ser el periodo en el que se presentan las mayores concentraciones de partículas, por lo que este tipo de episodios son frecuentes durante esta época del año.

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El fenómeno comienza cuando fuertes vientos levantan grandes cantidades de arena y polvo en el desierto del Sahara.

Posteriormente, esas partículas permanecen suspendidas en la atmósfera y son transportadas a través del océano Atlántico hasta llegar al Caribe, Centroamérica, el norte de Sudamérica y el sur de Estados Unidos, en un recorrido que puede abarcar varios miles de kilómetros.

El polvo transporta minerales que llegan a ecosistemas como la Amazonía tras cruzar el océano Atlántico. Foto: Getty Images

Además de modificar el aspecto del cielo al generar una apariencia brumosa, el polvo sahariano también influye en las condiciones atmosféricas.

La presencia de aire seco y de partículas en suspensión reduce la formación de nubes y de lluvias, al tiempo que dificulta el desarrollo de ciclones tropicales, un aspecto que suele cobrar especial relevancia durante la temporada de huracanes en el Atlántico.

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Este fenómeno también tiene efectos sobre el medioambiente. Las partículas transportadas contienen minerales como hierro y fósforo que, al depositarse sobre ecosistemas terrestres y marinos, actúan como fertilizantes naturales.

Parte de esos nutrientes llega incluso a la Amazonía, donde contribuye al equilibrio de los suelos y al mantenimiento de este ecosistema.

Aunque el paso del polvo del Sahara puede afectar temporalmente la visibilidad y modificar algunas condiciones atmosféricas, se trata de un proceso natural que forma parte de la dinámica climática del Atlántico y que se repite cada año durante la temporada seca en el norte de África.