Brasil es uno de los últimos grandes bastiones de la izquierda sudamericana. Tras las victorias de la derecha en Argentina, Ecuador, Bolivia, Chile, Perú y Colombia, Luiz Inácio Lula da Silva se mantiene como uno de los principales mandatarios progresistas de la región, en medio del avance de las fuerzas conservadoras. Sin embargo, el panorama podría cambiar el domingo 25 de octubre, cuando el presidente, que ha gobernado durante tres mandatos, busque su reelección frente al senador Flávio Bolsonaro, hijo de su principal adversario político, el expresidente Jair Bolsonaro.
El escenario no podría ser más divisorio: A sus 80 años, Lula busca un cuarto mandato, mientras que Bolsonaro aspira a sucederlo como heredero político de su padre, quien fue condenado a 27 años y tres meses de prisión por su participación en una conspiración golpista tras perder las elecciones de 2022. El plan incluía incluso el asesinato de Lula para impedir su llegada al poder.
La primera vuelta dejó una diferencia mínima entre los dos candidatos. El senador Flávio Bolsonaro, del Partido Liberal, se impuso con el 47 por ciento de los votos, frente al 45 por ciento obtenido por Lula da Silva, del Partido de los Trabajadores. Con menos de 2 puntos porcentuales de distancia, la contienda sigue abierta y Brasil se prepara para una segunda vuelta que podría definirse por un estrecho margen.
Las encuestas no podrían ser más reñidas; el portal Congresso em Foco calculó un promedio simple de 13 encuestas nacionales divulgadas entre el 13 y el 19 de octubre, sin ponderar por tamaño de muestra, margen de error ni metodología. Allí Bolsonaro obtiene 50,9 por ciento de los votos válidos y Lula 49,1. La única encuesta de esa selección en que Lula va adelante es la de Vox Brasil, divulgada el 18 de octubre, con 51 por ciento frente a 49 por ciento.
Asimismo, el sondeo de AtlasIntel/Bloomberg del 19 de octubre registró 51,1 por ciento de los votos válidos para Bolsonaro y 48,9 puntos porcentuales para Lula, una diferencia de 2,2 puntos que supera el margen de error de un punto informado por dicha encuesta. Mientras que en la plataforma de apuestas Polymarket, Bolsonaro tiene el 77 por ciento de posibilidades de ganar frente al 23 por ciento de Lula.
Ese favoritismo virtual para el candidato opositor es el mismo que plantea Alex Ribeiro, doctor en historia política y politólogo de la Universidad Federal de Bahía. “Veo una ligera ventaja para Flávio, pero la elección sigue abierta. Las encuestas indican una contienda muy reñida. En la recta final, será decisiva la capacidad de atraer a electores menos identificados con las candidaturas y de garantizar que los simpatizantes acudan a las urnas. Lula necesita convertir la valoración de su gobierno en votos; mientras que Flávio Bolsonaro requiere ampliar su apoyo más allá del núcleo bolsonarista”, asegura a SEMANA.
Lo mismo plantea Ernani Rodrigues de Carvalho Neto, catedrático del Departamento de Ciencias Políticas de la Universidad Federal de Pernambuco, en diálogo con SEMANA: “Tanto el candidato Flávio Bolsonaro como el actual presidente y candidato, Lula, están cerca en buena parte de las encuestas realizadas en Brasil. Sin embargo, Flávio aparece siempre por delante en términos numéricos y, en ocasiones, con una ventaja de 2 puntos o incluso un poco más, dependiendo de la firma encuestadora. Teniendo en cuenta este panorama, si no surge ningún hecho nuevo que afecte la credibilidad del candidato Flávio, que está por delante, es el favorito para ganar las elecciones el próximo domingo”.
Además, la contienda ha sido particularmente agresiva entre ambos candidatos, que enarbolan dos extremos de la política brasileña. Así se constató durante el único debate televisado entre Lula y Bolsonaro el pasado sábado 17 de octubre, donde ambos se hicieron sacar chispas en una lluvia de acusaciones e insultos mutuos.
Lula acusó a Flávio Bolsonaro de ser un “miliciano” vinculado a grupos parapoliciales y lo calificó de “mentiroso” y “malandro”. En uno de los momentos de mayor tensión del debate, el mandatario incluso se dirigió al expresidente Jair Bolsonaro, su histórico rival político, para pedirle que votara por él. “Vóteme, Bolsonaro. Usted conoce a su hijo y sabe que soy mejor que él”, afirmó el mandatario de izquierda en medio del enfrentamiento.
El intercambio más comentado giró en torno al voto en las cárceles. El senador recordó que Lula recibió más del 70 por ciento en secciones instaladas en unidades penitenciarias. Según datos del TSE, fue 72,6 por ciento de los votos válidos para Lula y 23,3 por ciento para Flávio. Lula respondió que quería el ciento por ciento de esos votos, incluido el de Jair Bolsonaro, provocando las risas del público, mientras que el candidato opositor se quedó en silencio.
En Brasil, los medios de comunicación estuvieron divididos sobre quién ganó el debate. Tras el encuentro, Lula afirmó que se sintió “muy incómodo de participar en un debate con un miliciano, una persona descalificada, de la que no es posible sacar ni una sola media verdad”. También acusó al senador de haber sido “preparado para mentir” y de “no respetar la sabiduría del pueblo brasileño”. Sus declaraciones fueron interpretadas por algunos sectores como un reconocimiento implícito de su derrota frente a Flávio Bolsonaro en el debate.
“Existe tensión política y cansancio ante la polarización. El debate del domingo volvió a dar mucho espacio a los ataques personales, dejando en un segundo plano cuestiones importantes. Esto moviliza a los seguidores más fieles, pero puede alejar a quienes buscan respuestas sobre ingresos, seguridad y salud. Mientras una parte de la sociedad sigue intensamente la contienda, otra está más preocupada por las dificultades cotidianas”, asegura el profesor Ribeiro.
El ambiente de confrontación electoral se ha trasladado a las calles, como detalla Carvalho: “La tensión está muy alta. Estamos viendo propaganda electoral con una avalancha de acusaciones fuertes de ambos lados, lo que reduce bastante el nivel de la campaña y deja la discusión sobre los planes de gobierno en un segundo plano. Esto también ha elevado la tensión en las calles, donde se perciben discusiones. El fenómeno de las peleas dentro de las familias también se ha presentado, aunque ya lo habíamos experimentado, en menor medida, en las elecciones pasadas”.
En cuanto a lo que está en juego, de un lado está Lula, quien representa la continuidad de una agenda de izquierda que combina programas sociales, intervención estatal para reducir la pobreza e inversión pública, mientras que Flávio Bolsonaro busca consolidar el proyecto político de su padre, el expresidente Jair Bolsonaro, con una orientación de derecha, énfasis en la seguridad y mayor espacio para la iniciativa privada.
Sobre lo que podría esperar Brasil de cada candidato en caso de ganar las elecciones, Ribeiro señala que “con Lula cabe esperar una continuidad de las políticas sociales y una mayor participación del Estado en el desarrollo. Con Flávio Bolsonaro, la tendencia sería hacia una orientación más favorable a la iniciativa privada, conservadora en las costumbres y más punitiva en materia de seguridad pública”. En política internacional, el analista considera que Lula “buscaría una mayor autonomía frente a los polos internacionales, mientras que Flávio tendería a acercarse a líderes de derecha”.
Con este panorama en mente, el resultado de las urnas de este domingo pesa más allá de Brasil. Si gana Lula, será, junto con el uruguayo Yamandú Orsi, el único presidente de izquierda con gobierno democrático en Sudamérica. Si gana Flávio, el giro a la derecha se extiende a la mayor economía de la región y Estados Unidos tendrá otro gran aliado en el continente.
El último round electoral entre la familia Bolsonaro y Lula da Silva está servido y en la noche del domingo se sabrá quién será el ganador de esta disputa que ha dividido a Brasil desde hace diez años.