SEMANA: Israel tendrá elecciones este martes tras unos años muy difíciles. ¿Qué se define en las urnas?
Gabriel Ben-Tasgal: Es una elección muy importante, porque define quién tendrá la posibilidad de convertirse en primer ministro, el cargo más relevante del país. Israel tiene un sistema parlamentario: la gente no vota directamente por personas, sino por listas de partidos políticos. Cada partido que supera el umbral electoral del 3,25 por ciento obtiene representación en el Parlamento, que cuenta con 120 escaños. Una vez distribuidos los escaños, el presidente del Estado, una figura esencialmente protocolaria, consulta a los partidos para conocer qué candidato consideran que tiene mayores posibilidades de formar Gobierno. Luego, le encarga esa tarea y le da 28 días, con una posible extensión de 14 días, para conformar una coalición. Como ningún partido ha conseguido una mayoría absoluta, los Gobiernos se forman mediante coaliciones. Por lo general, estas reúnen a partidos de centroderecha, derecha y religiosos, aunque también pueden surgir alianzas de centro y centroizquierda con el apoyo tácito o formal de los partidos árabes. Finalmente, el candidato debe presentarse ante el Parlamento y obtener un voto de confianza de la mayoría para formar Gobierno, cuyo mandato es de cuatro años.
SEMANA: Hay quienes dicen que en esta elección Israel se está jugando el todo por el todo. ¿Cree que aciertan?
G.B.: Exageran. Hay varios puntos sobre los que la sociedad israelí mantiene un consenso amplio. Primero, la economía no es el problema principal; el país se muestra sólido en el ámbito económico. Segundo, existe el consenso de que el Estado debe mantener una política de seguridad proactiva; es decir, no esperar a ser atacado, sino tomar la iniciativa constantemente contra Hezbolá, Fatah e Irán. La diferencia radica en si la oposición actuaría con la misma intensidad que el actual Ejecutivo, pero no creo que el resultado constituya un punto de inflexión definitivo ni un camino sin retorno; gane quien gane.
SEMANA: ¿Entre quiénes está la disputa principal?
G.B.: Por un lado, está el actual primer ministro, Benjamin Netanyahu, quien busca su reelección. Por el otro, su principal rival es Gadi Eisenkot; proviene del ámbito militar, pues fue jefe del Estado Mayor. La principal inquietud de muchos analistas es su falta de experiencia en cargos ministeriales y si tendrá la firmeza necesaria para resistir las presiones de las potencias europeas en medio de los conflictos que atraviesa la región. Netanyahu es un estadista de proyección internacional, reconocido por su gestión de crisis y por haber consolidado a Israel como potencia militar y tecnológica. Competir contra él resulta sumamente complejo.
SEMANA: ¿Qué significa en términos electorales celebrar estas elecciones tras el impacto de la masacre del 7 de octubre?
G.B.: Significa que el electorado israelí se ha desplazado hacia la derecha. Muchas personas que antes confiaban en el proceso de paz de Oslo y creían en un acuerdo racional con los palestinos hoy expresan desconfianza y rechazan la idea de un Estado palestino. Cabe recordar que en 2005 Israel se retiró unilateralmente de la Franja de Gaza bajo la premisa de que sería un paso hacia la paz y eliminaría cualquier pretexto de agresión desde allí. Durante buena parte de sus mandatos previos, Netanyahu actuó con cautela y prudencia en el uso de la fuerza, evitando incursiones a gran escala.
SEMANA: ¿Qué cambió a partir de ese momento?
G.B.: Tras el 7 de octubre, la doctrina de seguridad de Netanyahu dio un giro radical orientado a desarticular las estructuras enemigas en la región. Como señalé, Israel abandonó Gaza y, dos décadas después, sufrió un ataque de gran magnitud proveniente de ese territorio. Bajo este escenario, resulta inviable convencer a la ciudadanía de retirarse de Cisjordania para constituir un Estado palestino. Tendrían que transformarse muchas condiciones para que el electorado vuelva a asumir ese riesgo. Por ello, el espectro político se ha movido claramente a la derecha.
SEMANA: ¿Significa esto que la contienda se da entre opciones de derecha?
G.B.: Es una contienda entre la derecha y propuestas que adoptan posturas de derecha. Hoy en día se asume que un discurso de izquierda o una propuesta abierta de creación de un Estado palestino carece de viabilidad electoral. Por esa razón, los candidatos alinean sus discursos con el sentir de la derecha.
SEMANA: Además, el atentado contra el avión de FlyDubai causó un gran impacto. ¿Consolidó esto aún más dicha tendencia?
G.B.: Totalmente. Inclinó aún más la balanza. Tiempo atrás prevalecía una concepción según la cual el mando militar que garantizaba cuatro años de relativa calma realizaba una buena gestión. Hoy esa visión cambió: se evalúa favorablemente a los mandos que asumen posturas proactivas e iniciativas directas, incluso en territorio iraní.
SEMANA: ¿Cuáles son los ejes centrales de la campaña en este momento?
G.B.: En el fondo, se debaten varios asuntos estratégicos. El primero es la capacidad del próximo primer ministro para sostener las operaciones militares a pesar de las presiones internacionales. Benjamin Netanyahu ha mantenido su rumbo, aun marcando diferencias en su momento con posturas de la administración de Joe Biden. Para los ciudadanos, la cuestión clave es si el líder al mando tendrá la determinación para mantener el objetivo de desarticular a Hamás y Hezbolá frente a la presión externa. Asimismo, existe consenso en evitar que Irán alcance capacidad nuclear. En el plano interno, la reforma judicial continúa siendo un tema determinante tras haber generado fracturas en la sociedad.
SEMANA: ¿Por qué causa tanto debate la reforma judicial?
G.B.: Produce una fuerte tensión institucional. La controversia gira en torno al mecanismo de selección de los magistrados a través de una comisión especial. Mientras que los sectores conservadores suelen imponerse en las urnas, consideran que el sistema judicial ha mantenido históricamente una inclinación progresista. La oposición y sectores tradicionales defienden el modelo actual. Esta disputa derivó en movilizaciones masivas antes del 7 de octubre y sigue siendo, junto con la seguridad, el asunto más debatido.
SEMANA: ¿Qué nivel de influencia tiene la comunidad internacional en los comicios?
G.B.: La injerencia de los países de la región es limitada. Los adversarios de Israel prefieren una derrota de Netanyahu; de hecho, la campaña del oficialismo utiliza imágenes de líderes de países rivales para movilizar el voto. Por otro lado, la figura internacional de mayor peso es Donald Trump, quien ha manifestado su respaldo a Netanyahu en el enfrentamiento contra la amenaza iraní.
SEMANA: ¿Ese respaldo resulta determinante para Netanyahu?
G.B.: Representa un impulso significativo frente al discurso de sectores mediáticos críticos del Gobierno. Frente a los señalamientos de un presunto aislamiento internacional de Israel, el apoyo explícito de una figura como Trump contrarresta esa narrativa e influye en la percepción del electorado.
SEMANA: ¿La postura de los países europeos o las críticas internacionales inciden en la decisión del votante?
G. T.: En la práctica, no. Prevalece la percepción de que Europa carece de solvencia para dar lecciones en esta materia dada su gestión de la inmigración y el radicalismo en su propio territorio. La ciudadanía considera que el país libra una lucha crucial por su seguridad y supervivencia, por lo que la postura de los Gobiernos europeos pasa a un segundo plano.
SEMANA: En América Latina se han observado cambios de postura diplomática hacia Israel, como el caso de Colombia con la apertura de su embajada en Jerusalén. ¿Tiene esto algún impacto en el debate interno?
G.B.: Tiene un impacto relativo. Sin embargo, algunos sectores analizan las dinámicas en América Latina como una señal de contrapeso frente a las posiciones europeas, interpretándolo como un enfoque pragmático centrado en la seguridad y el desarrollo en el escenario internacional.