La decisión del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible de Colombia de practicar la eutanasia como último recurso para controlar el amenazante crecimiento de la población de hipopótamos en la región del Magdalena Medio tiene dividida no solo a la nación, sino también al corregimiento de Doradal, donde está agrupada la mayoría de ejemplares. SEMANA recorrió algunas fincas, lagos y calles de ese rincón del municipio de Puerto Triunfo, que está a unas cinco horas en carro desde Bogotá (250 kilómetros) y a unas tres desde Medellín (160 kilómetros), y que es famoso porque en ese lugar, en la década de los 80, estableció la Hacienda Nápoles el extinto narco Pablo Escobar.

A ese predio que en aquel entonces tenía unas 3.000 hectáreas, llegaron los tres primeros animales, según conoció SEMANA, importados ilegalmente por un reconocido exciclista del barrio La Floresta de Medellín. Sin embargo, cuando el narco se enteró de que le hacía falta una hembra, se la encargó al automovilista Ricardo ‘Cuchilla’ Londoño, asesinado en 2009. En la Nápoles, los hipopótamos se reprodujeron sin control, sin un depredador que les pusiera freno y hoy, 45 años después, andan a sus anchas abarcando incluso otros municipios como Puerto Boyacá y Barrancabermeja, y siembran terror entre pescadores y habitantes ribereños del río Magdalena.

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Germán Arturo Palacio Morales, un campesino de 73 años que ha tenido que lidiar casi que día a día con la violenta irrupción de estos animales en la finca en la que trata de criar ganado para sobrevivir, contó su experiencia a SEMANA.

El labriego dijo que verlos llegar en la noche al corral en el que recoge sus vacas y toros le llena el corazón de rabia, incertidumbre e impotencia: “Me da rabia cuando los veo. ¿Qué más puedo hacer? ¡No puedo hacer nada! Tengo que bregar a echarlos a punta de piedra, o alguna cosa, porque no se puede ni matar porque se encarta uno”. El sentimiento que invade su corazón se fundamenta en los daños que los hipopótamos le han provocado a la finca que administra.

Hipopótamos en Doradal, Antioquia. Foto: GETTY IMAGES

“Hace tres años está viniendo en las noches, hasta la madrugada, uno que ha hecho mucho daño, me mató un carnero, me mató una vaca, me daña los saladeros y los alambres, no hay alambre ni saladero que quede bueno, él tumba todo eso, él tiene una fuerza horrible”, relató.

El ataque al carnero ocurrió hace cinco meses, a eso de las 10 de la noche, cuando Germán Arturo estaba junto a su esposa y algunos familiares jugando a las cartas en uno de los corredores de la parcela, frente a la entrada tanto del predio como del pequeño corral ganadero.

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El invasor es un animal enorme. “Es por ahí de 900 kilos, es territorial; apenas uno lo torea o hace alguna cosa, lo persigue; ha perseguido turistas y hasta un día correteó a un trabajador”, recordó. Al campesino, ahora, también le preocupa la llegada de un segundo hipopótamo a la finca, uno que merodea el lugar desde hace unos cuatro meses, lo que lo ha obligado a redoblar las quejas ante la autoridad ambiental, que es la Corporación Autónoma Regional de las Cuencas de los Ríos Negro y Nare (Cornare). Esa entidad ha adelantado durante años varias estrategias para tratar de controlar a esos peligrosos mamíferos. Una de las medidas es la translocación, que tiene que ver básicamente con el envío de esos animales a santuarios de fauna, zoológicos y reservas en otros países, como Ecuador, Perú, Filipinas, India, México, República Dominicana y Sudáfrica; sin embargo, el mismo Gobierno colombiano admitió las dificultades de ese proceso.

Otra es el confinamiento, para esterilizar a estos animales, mantenerlos en un área delimitada y controlada hasta que mueran, pero el alto costo de ese plan también ha sido una traba importante, pues no hay quien esté dispuesto a destinar grandes recursos para concretarla.

Los pobladores de la zona dicen que los hipopótamos son muy territoriales y han causado la muerte de varias reses, así como de otros animales de la región. Foto: DIEGO ANDRÉS ZULUAGA

Ejemplo de esto es que Cornare, en ocho años, en convenio con MinAmbiente y la Gobernación de Antioquia, logró la esterilización de 35 ejemplares y, aunque definió esa labor como exitosa, también admitió sus enormes dificultades.

“Es una esterilización que genera demasiado desgaste, (...) cada una de estas operaciones cuesta aproximadamente 40 millones de pesos. Hay un trabajo previo que es la ceba, llevarlos no en un día, sino en semanas, incluso en meses, a un espacio adecuado para realizar la cirugía”, describió Javier Valencia González, director de esa entidad.

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Por eso, MinAmbiente estableció el 13 de abril un plan de choque para enfrentar la expansión de hipopótamos, de los cuales se estima que hay unos 200 en Colombia, y se cree que para 2030 sean más de 500 ejemplares y más de 1.000 en 2035, es decir, en apenas 10 años.

A pesar del peligro que representan, esos animales tienen quien los defienda. Los lagos de La Aldea, uno que está frente a la cárcel El Pesebre y otro que queda en inmediaciones de la Escuela de la Hacienda Nápoles, son objeto constante de visitas de turistas y de lugareños que se divierten viéndolos durante el día, a pocos metros de distancia, con una única barrera de protección: el pantano.

Gobierno destinará 7.200 millones de pesos colombianos, cerca de 2 millones de dólares, en el plan de choque para frenar la expansión de los hipopótamos. Foto: DIEGO ANDRÉS ZULUAGA

Por ejemplo, Wilmar Camargo, trabajador de una pizzería de Doradal, a quien SEMANA encontró frente a la cárcel con su familia mientras observaba una manada de hipopótamos que estaba sumergida en las aguas. Según contó, lo más cerca que los ha tenido fue hace unos 15 días, cuando los vio en zona urbana a medianoche enfrentados por comida.

“Los vi pelear como a las 12 de la noche. Estaban los dos hipopótamos, uno comiendo donde estaba el otro. Comenzaron a pisarse, empezaron a morderse las piernas”, relató. También permitió conocer su opinión Angerson Ramírez, habitante del barrio Jorge Tulio Garcés, quien trabaja en una estación de gasolina. “Aprendimos a convivir con ellos. Salen en las noches, al principio buscaban un sitio donde ubicarse y relacionarse, y como veían que pasaba tanta gente, no hacían nada y uno se acostumbró a ellos”, mencionó este hombre de 33 años.

Su defensa por estos animales radica en dos cosas: su postura cristiana y que durante años trabajó en la Hacienda Nápoles, donde tuvo estrecho contacto con una hembra llamada Vanesa.

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“Me encariñé. Trabajaba al lado de ese animal que supuestamente era agresivo. Debía estar pendiente, darle zanahoria, repollo, para que los turistas vinieran a verla. Era como un ternero cuando estaba recién nacido y empezó a crecer y a crecer”, recordó.

Para Angerson, estos animales se volvieron parte de su comunidad. Se acostumbró a verlos cerca de la carrera 36, al lado de la quebrada que dio origen al nombre Doradal, donde ha llegado a contar hasta ocho ejemplares reunidos.

Sin embargo, el Gobierno ya decidió: destinará 7.200 millones de pesos colombianos, cerca de 2 millones de dólares, en el plan de choque para frenar la expansión de los hipopótamos por medio de la eutanasia, una estrategia igual o más compleja que las ejecutadas con anterioridad, que ya suscitó un debate bioético al respecto.