Gustavo Petro y Abelardo De La Espriella protagonizan una transición de mando sin interlocución. El tradicional gesto en el que el presidente electo visitaba al que será su antecesor en la Casa de Nariño a tan solo unas cuantas horas de la elección no se dio y todo indica que ese retrato no se verá en el escaso mes que queda para el cambio de gobierno.
Las tensiones entre el equipo del saliente gobierno y los designados funcionarios son tan altas que entre quienes serán oposición ya alistan todo un repertorio de temas en los que se opondrán a De La Espriella sin que este ni siquiera haya comenzado a gobernar.
Son tales las diferencias que, por primera vez, se realiza un empalme sin diálogos directos entre el palacio presidencial y el gobierno entrante. El ministro de Hacienda, Germán Ávila, y el vicepresidente electo, José Manuel Restrepo, solo tuvieron dos encuentros cara a cara, en el que en cuestión de minutos y en medio de una transmisión en redes sociales se rompió el frágil hilo de diplomacia que intentaron tejer fallidamente los dos sectores. En el segundo cara a cara, Restrepo le oficializó al país que “no existía” la posibilidad de un encuentro entre De La Espriella y Petro.
Ávila y Restrepo, las dos cabezas del empalme, se apuntan mutuamente, acusándose de querer generar un show mediático, y las fisuras pasaron de la decisión del Gobierno de levantarse de la mesa a un listado de condiciones del vicepresidente para continuar ese proceso que, al final, no prosperó. El mismo De La Espriella suspendió el empalme. Después, sin titubeos, habló de terminación.
El equipo del Tigre no tuvo otra alternativa que obtener la información sobre la situación de los ministerios y entidades del Estado a partir de derechos de petición y reuniones con los organismos de control, mientras el petrismo los señala de desconocer la realidad del país y querer trazarla a partir de “titulares de prensa”.
Los Defensores de la Patria se defienden asegurando que desde antes de la campaña comenzaron a estudiar cómo estaba Colombia para llegar preparados al Gobierno. El procurador Gregorio Eljach y el contralor Carlos Hernán Rodríguez han servido de puente. Y ellos, al final, tendrán que dirimir las denuncias que, seguro, llegarán de un lado y del otro.
Esas fisuras son las que dejan ver un difícil escenario para el 7 de agosto, cuando los dos presidentes están llamados a encontrarse en la Plaza de Bolívar para una transmisión de mando que, todo indica, no se dará como tradicionalmente ha ocurrido en las últimas décadas. Es más, De La Espriella ya trabaja en la logística de su posesión en una guarnición militar a la que desplazará al Congreso para juramentar el cargo. La cita podría celebrarse en Popayán.
En otras palabras, la fotografía de la familia Petro esperando a la de De La Espriella en la puerta de la Casa de Nariño para saludar al cuerpo diplomático y las autoridades presentes y, luego, ingresar al Salón Gobelinos, no quedarán retratadas.
El camino de tensiones está en marcha. “El ambiente se mantendrá como ha sido en estas semanas. Habrá una tensión que se expresará en todos los niveles, tanto en el Congreso con control político para evitar el desmonte de las reformas y de los derechos que alcanzó el Pacto Histórico, como en la sociedad. Eso, obviamente, tendrá un relato en la movilización en la calle que se hará evidente desde un primer momento. Se está abriendo un camino de tensiones que es totalmente legítimo en una democracia”, anticipó a SEMANA el representante del Pacto Histórico, Gabriel Becerra.
El Consejo Nacional Electoral ya entregó a De La Espriella la credencial que lo acredita como próximo jefe de Estado, los organismos de observación nacionales e internacionales subrayaron la transparencia del proceso electoral y la comunidad internacional ya saludó de forma mayoritaria la elección del abogado. Sin embargo, el sector afín al presidente Petro insiste en las demandas a la elección y en sembrar un tufillo de dudas sobre los escrutinios. Este miércoles, Petro reunió a la bancada electa de Senado y Cámara del Pacto Histórico, les pidió unirse y manejar un solo discurso de fraude electoral y radicar varias demandas contra la elección de De La Espriella.
El exsuperintendente Luis Guillermo Pérez fue el primero en hacerlo ante el Consejo de Estado. Reveló las primeras diez páginas y se dedicó a argumentar más la “violencia política” en la pasada campaña que en entregar las pruebas que soporten las denuncias de supuesto fraude. La demanda –según varios juristas– no tiene mayor sustento y, probablemente, no prosperará. Los magistrados difícilmente concederán las medidas cautelares que solicitó Pérez, donde pidió atajar la posesión de De La Espriella el 7 de agosto.
Los tribunales prometen ser el centro de la discordia política. Dentro del Pacto Histórico llegarán incontables demandas a las investiduras de los congresistas como resultado de los líos que tuvo ese bloque político para consolidarse como partido; en contraste, ellos, quienes se oponen a la administración electa, ya prometen intentar frenar por la vía jurídica lo que no lograron a punta de votos.
El temario de asuntos problemáticos es tan amplio como el catálogo de diferencias entre Petro y De La Espriella. El senador electo por el Pacto Histórico Alejandro Ocampo anticipa molestias en la ciudadanía por la negativa a la petición del petrismo de abrir las bolsas y recontar los más de 26,3 millones de votos que se depositaron en las urnas el pasado 21 de junio, reparos en la clase política por la reducción del Estado (ya que esto se traducirá en menor espacio para la burocracia) y diferencias sociales acentuadas.
“Las personas del campo se van a molestar por las dificultades para comercializar sus productos, el sindicato de maestros (Fecode) se irá de frente contra el Gobierno y habrá discordias sobre los bloques de seguridad ciudadana promovidos como estrategia de seguridad, propuesta que recuerda las ‘convivir’”, advirtió Ocampo.
La cuestión de las tierras promete ser un punto de quiebre social. Fuentes de la Agencia Nacional de Tierras le han relatado a SEMANA que a los territorios en los que el Gobierno saliente entregó tierras estarían llegando grupos que pretenden desplazar a estas personas, dejando el terreno fértil para el surgimiento de nuevas disputas armadas en los territorios. Los líos de tierras son otro asunto que sacaría a la gente a la calle.
De La Espriella promete gobernar para todos y darles espacio en el Ejecutivo a esos “nunca” que jamás alcanzaron a llegar al poder. No obstante, el camino es complicado porque llega a la Casa de Nariño con un Congreso sin mayorías, en el que su ministro designado del Interior, Rodrigo Lara, apenas comenzará a construir bancada en un escenario en el que el Pacto Histórico es el partido mayoritario en el Senado y la Cámara de Representantes.
Desde ese partido aseguran estar listos para hacer control político a todos los decretos que emitan, también para protagonizar una defensa férrea a las reformas sociales que se aprobaron en los últimos cuatro años y las que quedaron en el limbo, como la pensional. Es más, en el petrismo están convencidos de que podrán sumar votos a su bando entre las figuras de partidos tradicionales que en el pasado posaron en las fotografías de los que respaldaron a Petro y que siguen sin acercarse a De La Espriella.
Petro estrechó la mano de Iván Duque el 7 de agosto de 2022 y el empalme “fue normal”, según relató a SEMANA el exministro de Hacienda, José Antonio Ocampo; el mismo Duque tuvo un gesto similar con Juan Manuel Santos aun en medio de las diferencias entre el Centro Democrático y el sector representado por el nobel de la paz. De hecho, el único proceso electoral que fue objeto de dudas fue en el que ganó la presidencia Misael Pastrana Borrero, político conservador, a inicios de los 70.
Ahora, la polarización de Colombia es tan compleja, que ese retrato parece no ser una posibilidad entre Petro y De La Espriella.