Abelardo De La Espriella todavía no se ha posesionado como presidente de la República, pero su transición dejó de ser un ejercicio administrativo para convertirse en una demostración de cómo pretende gobernar.

Desde que el Consejo Nacional Electoral ratificó su elección, el mandatario electo desplegó una agenda que ha combinado acercamientos con las principales instituciones del Estado, reuniones con aliados internacionales, contactos con líderes regionales, recorridos por territorios estratégicos y decisiones que ya empezaron a marcar distancia frente al gobierno saliente.
El primer mensaje estuvo dirigido a las instituciones. Apenas recibió la credencial que oficializó su victoria, De La Espriella sostuvo un encuentro con los presidentes de las altas cortes, una reunión que buscó abrir un canal directo con la Rama Judicial y enviar una señal de respeto por la independencia de los poderes públicos, en medio de una transición política marcada por la polarización.

Poco después, dirigió la mirada hacia uno de los frentes que más expectativa genera entre empresarios e inversionistas: la economía. Su reunión con la junta directiva del Banco de la República no solo le permitió conocer el panorama fiscal, monetario y cambiario que recibirá el próximo gobierno.
Esa reunión también fue interpretada como una señal de confianza hacia la autonomía del Emisor, una institución que durante los últimos años estuvo en el centro de múltiples debates políticos y constantes ataques por parte de la administración Petro.

La política exterior tampoco esperó a la posesión presidencial. En cuestión de días, recibió al embajador de Japón y al encargado de negocios de Estados Unidos, dos encuentros con los que comenzó a mover las relaciones diplomáticas del gobierno entrante.
Cooperación, comercio, inversión y seguridad hicieron parte de una agenda que buscó enviar un mensaje de continuidad institucional hacia dos socios estratégicos para Colombia.

Pero la transición no se quedó en Bogotá. De la Espriella empezó a construir puentes con algunos de los mandatarios regionales que tendrán mayor protagonismo durante los próximos cuatro años.
Carlos Fernando Galán, en Bogotá; Federico Gutiérrez, en Medellín, y el gobernador de Cundinamarca, Jorge Emilio Rey, estuvieron entre los primeros dirigentes en reunirse con el presidente electo para revisar proyectos de infraestructura, movilidad, seguridad y coordinación entre la Nación y los territorios.

Mientras consolidaba esos acercamientos, el mandatario electo decidió llevar la transición a las regiones. Cúcuta fue el punto de partida de los llamados empalmes regionales, una estrategia con la que busca escuchar directamente a autoridades locales, empresarios y organizaciones sociales antes de definir las prioridades de su administración.
La elección de Norte de Santander estuvo lejos de ser casual. Se trata de uno de los departamentos donde convergen algunos de los mayores desafíos que heredará el próximo gobierno: la violencia, la crisis humanitaria y la presión sobre la frontera con Venezuela.

Precisamente, desde esa ciudad confirmó otro de los movimientos que pretende convertir en símbolo de su administración: una visita al Catatumbo. La región, golpeada por la disputa entre grupos armados ilegales y el desplazamiento de miles de familias, aparece entre los primeros escenarios donde De la Espriella quiere enviar un mensaje de recuperación del control territorial y fortalecimiento de la presencia del Estado.
No todas las decisiones de estas primeras semanas estuvieron orientadas al diálogo. La que más impacto político produjo fue la suspensión del proceso de empalme con el gobierno de Gustavo Petro.

El presidente electo argumentó que las actuaciones y declaraciones del mandatario saliente hacían inviable continuar una transición que, según dijo, debía ofrecer garantías institucionales. La decisión cambió el tono de la recta final del gobierno Petro y abrió un nuevo capítulo de confrontación entre las dos administraciones.
En contraste con ese episodio, uno de los actos de mayor contenido simbólico llegó en el Día de la Virgen del Rosario de Chiquinquirá.

De la Espriella viajó al santuario para cumplir una promesa hecha durante la campaña presidencial y aseguró que ponía en manos de la patrona de Colombia al país, a las familias y a las instituciones.
El gesto reforzó uno de los rasgos que más ha acompañado su discurso político: la apelación a la fe como parte de su narrativa pública.
A menos de un mes de asumir el cargo, la agenda del presidente electo deja ver una estrategia con varios frentes abiertos al mismo tiempo.
Mientras fortalece las relaciones con las instituciones, busca generar confianza en los mercados, abre canales con gobiernos extranjeros, estrecha vínculos con alcaldes y gobernadores y recorre regiones golpeadas por la violencia; también fija posiciones frente al gobierno saliente.
Más que una sucesión de reuniones y visitas, sus primeras semanas han sido una forma de anticipar las prioridades y el estilo político con el que espera llegar a la Casa de Nariño el próximo 7 de agosto.
