El Gustavo Petro que salió de la Casa de Nariño el 7 de agosto de 2026 es diferente al que entró hace cuatro años. Perdió a sus grandes aliados, los escándalos de corrupción opacaron sus resultados, las promesas de cambio quedaron en el aire y el desgaste de su camino se percibió hasta en el tono de voz cuando se despidió de los colombianos: “Espero que nos recuerden. Hasta siempre”.
El expresidente pasó sus últimas horas ondeando las banderas de una teoría que ni es creíble en su propio movimiento de izquierda: “Un fraude en las elecciones”. Una versión que destapó frente a la opinión pública sin presentar pruebas para tratar de desacreditar el triunfo de Abelardo De La Espriella sobre Iván Cepeda, su amigo de batallas que ahora intentará defender su legado en el Senado y en las calles.
Petro se despidió del Ejecutivo con un trago amargo porque no pudo extender el poder del Pacto Histórico por cuatro años más. No solo eso. Lo atormentó que un candidato vinculado a la extrema derecha fuera quien le arrebatara las llaves del Estado. Su malestar lo llevó a olvidarse del cargo que ostentaba y pasó por alto la institucionalidad que juró respetar aquel 7 de agosto de 2022.
La altura y cordialidad con la que Iván Duque lo recibió ese día no se vio en esta oportunidad. Petro se la jugó por desconocer a De La Espriella en todos los escenarios y el mandatario electo también lo esquivó. Este episodio será inédito para la historia de Colombia. Los presidentes no se reunieron antes de la posesión, no hubo empalme, se engavetaron las condecoraciones que tradicionalmente se otorgan en este momento y se evitó el apretón de manos en la puerta blanca de la Casa de Nariño. Petro estuvo en Bogotá y De La Espriella, en Cali.
La despedida
Aunque el presidente saliente no incluyó en su agenda un acto público para despedirse de los colombianos y la atención del país se fijó en la capital del Valle del Cauca con los preparativos de la posesión del Tigre, su equipo de comunicaciones citó a la prensa en la Plaza de Armas de la Casa de Nariño para que filmaran los honores con los que las Fuerzas Militares le ponían punto final a su gobierno.
Él salió vestido con un traje blanco, acompañado por dos de sus seis hijos y escoltado por los funcionarios que sobrevivieron al término de su administración, una fotografía completamente diferente si se compara con los numerosos parientes, amigos y empleados que lo acompañaron en sus primeros años de mandato.
Gustavo Petro se paró frente a la Guardia Presidencial y emitió uno de los discursos más cortos de su mandato: “Dijeron que me quedaría en este edificio, y no. Lo dije desde un principio. El mandato popular se respeta. Hasta aquí llegan los once millones y medio que decidieron votar por mí como mayoría nacional. Dijeron que iba a cerrar el Congreso de la República; ni un día, hoy está cerrado, pero ya no seré el presidente que haya cerrado ese Congreso de la República. Todo lo que hicimos aquí fue en función del pueblo, en función de la nación. Espero que nos recuerden. Hasta siempre, libertad y vida, siempre, siempre y siempre. Gracias por haber acompañado, soldados, por haber cuidado; creo que ustedes salen mejor que cuando yo entré. Viva Colombia libre”.
Minutos después, desfiló sobre la calle de honor que le prepararon los uniformados y caminó al son de la marcha militar. Al finalizar el recorrido, algunos seguidores le agradecieron por la gestión y se montó en una camioneta blanca con su hija Antonella.
Las opciones de Petro
Petro no la tendrá fácil como expresidente. No solo por su nivel de impopularidad en las calles de Colombia, sino también por las implicaciones de estar incluido en la Lista Clinton. Como se recordará, el Gobierno de Estados Unidos fijó su nombre en el temido sistema porque sospecha que tendría relación con finanzas del narcotráfico. La misma medida cobijó a la ex primera dama Verónica Alcocer, a su hijo Nicolás Petro y al exministro del Interior Armando Benedetti. Todos tienen problemas para montarse en un avión comercial en el país y en el exterior, así como para recibir o enviar dinero a través del sistema financiero.
Al parecer, el expresidente se quedaría en el territorio colombiano y tomaría las riendas de la oposición al Gobierno de Abelardo De La Espriella. Los senadores y representantes a la Cámara del Pacto Histórico ya le pidieron que aceptara la presidencia del movimiento de izquierda, y él no lo descartó, pues sabe que la vigencia política la puede conservar desde esa posición. De hecho, Petro no está muerto políticamente, como sí les ha ocurrido a otros exmandatarios que han salido con bajos niveles de popularidad.
La carta de presentación de Petro son los 12 millones de votos que logró Iván Cepeda en la segunda vuelta por la Casa de Nariño y los 8 millones de votos que alcanzó en las elecciones legislativas, cuando el Pacto Histórico se convirtió en la principal fuerza política del país.
El movimiento de izquierda apostará por Gustavo Petro como su líder principal, mientras que Cepeda lo secundará en el Legislativo para batallar contra los planes de Abelardo De La Espriella. Entretanto, se diseñará la estrategia para posicionar al partido político en las elecciones regionales de 2027. Hay varios objetivos sobre la mesa y uno de ellos es conquistar el Caribe colombiano. Entre tantas cosas, los líderes del Pacto ven con buenos ojos la Alcaldía de Barranquilla y la Gobernación de Atlántico, así como la Alcaldía de Bogotá, la Alcaldía de Cali y la Gobernación del Valle del Cauca, donde el petrismo tiene alta favorabilidad entre la población.
Petro, a rendir cuentas
El camino político tampoco está fácil, pues los escándalos de corrupción que rodean al Gobierno saliente han desencantado a la militancia de izquierda. A pocos días de abandonar el poder, SEMANA destapó lo que sería la punta del iceberg: el poder silencioso de Juliana Guerrero en varios ministerios y su aparente red de corrupción; las movidas de la ex primera dama Verónica Alcocer, según audios atribuidos a una de sus mejores amigas, Eva Ferrer; y las irregularidades que habría cometido la familia Muñoz Olaya en la Aeronáutica Civil.
Abelardo De La Espriella prometió esclarecer todos los hechos ilegales que habría cometido el Gobierno Petro en los últimos cuatro años, empezando por la paz total y los millonarios negocios en diferentes carteras. Para ello, se contratará una auditoría forense internacional a fin de que examine documentos y cuentas en todos los ministerios y direcciones. En caso de encontrar indicios de corrupción, el material será trasladado a la Fiscalía, la Procuraduría y la Contraloría para que esclarezcan y den con la identidad de los responsables. Esa investigación ya genera temor en el movimiento de izquierda y han advertido a la comunidad internacional de una posible persecución.