Como es bien sabido, el éxito de un gobernante no solo depende de sus políticas y de su equipo de trabajo, sino también de la relación que desarrolle con el Congreso, pues es allí donde muchas de sus promesas se pueden convertir en realidad.
Justamente, para algunos analistas, ese es uno de los grandes desafíos que enfrentará Abelardo De la Espriella, quien, al ser un outsider de la política tradicional, no llegó a la Presidencia acompañado de un partido político tradicional, sino por un movimiento, Defensores de la Patria, lo que hizo que de entrada contara con muy pocos apoyos en el Legislativo.
No obstante, una vez se ratificó su elección y en la medida en que ha empezado a anunciar sus planes y a nombrar su equipo de trabajo, los partidos políticos también han empezado a declararse de gobierno, independientes o de oposición.
Aunque los partidos políticos tienen plazo hasta el 7 de septiembre para definir su postura, varias colectividades ya fijaron posición: el Centro Democrático, Cambio Radical, Salvación Nacional y Creemos se declararon de gobierno, mientras que el Pacto Histórico anunció que ejercerá la oposición.
Algunos analistas estiman que los partidos Conservador, de la U y MIRA estarían inclinados a apoyar a la nueva administración, debido a sus posturas conservadoras en ciertos asuntos y a su tradición de concertar con los gobiernos. Paralelamente, Alianza Verde y MAIS y En Marcha podrían inclinarse del lado del Pacto Histórico, especialmente por sus posiciones frente a la paz, los derechos de las comunidades, la descentralización y las políticas sociales.
La gran incógnita es el Partido Liberal, pues su bancada no tiene aún una posición unificada. Su dirección apoyó a De la Espriella en la segunda vuelta, pero dejó en libertad a sus militantes. Algunos congresistas han mostrado disposición a colaborar con el nuevo gobierno, especialmente en nombre de la gobernabilidad y por la presencia de figuras de origen liberal en el gabinete. Sin embargo, por sus diferencias ideológicas internas, el escenario más probable era una declaración de independencia con votaciones divididas proyecto por proyecto.
La nueva legislatura tendrá 296 congresistas: 108 en el Senado y 188 en la Cámara de Representantes. En ese total están incluidas las dos curules que el Estatuto de la Oposición reserva para la fórmula presidencial derrotada en las urnas (Iván Cepeda y Aida Quilcué). Para sacar adelante proyectos de ley ordinaria, el Ejecutivo deberá reunir al menos 55 apoyos en el Senado y 94 en la Cámara, una mayoría que, por ahora, depende del bloque político que finalmente decida respaldar a De La Espriella.
Con los respaldos ya declarados y los que se esperan, el Ejecutivo entrante tendría 38 escaños en el Senado, distribuidos entre el Centro Democrático (17), el Partido Conservador (10), Cambio Radical (7), Salvación Nacional (3) y Creemos (1). Para alcanzar la mayoría absoluta deberá sumar otros 17 votos.
La situación es similar en la Cámara de Representantes, donde las colectividades cercanas al Ejecutivo concentran 60 curules: 28 del Centro Democrático, 19 de los conservadores, 10 de Cambio Radical, dos de Creemos y una de Salvación Nacional. Allí le hacen falta 34 apoyos para controlar las votaciones.
La decisión final estará entonces en las determinaciones que tomen los partidos Liberal, La U y la Alianza Verde.