¿Qué hace que una idea trascienda el impacto de un mensaje, consiga conectar con las personas y llegue a influir en la manera en que estas experimentan su vida cotidiana? Para Juan Carlos Ortiz, creativo publicitario colombiano y uno de los nombres influyentes de la industria de la comunicación en Latinoamérica, la respuesta pasa por una transformación que va más allá de la publicidad: hoy, compartir se ha convertido en una forma de existir.
Esa es la premisa de Comparto, luego existo, el título que Ortiz eligió para su participación en el Foro Anual Innovación para el Desarrollo I+D / Humanamente: Salud Mental, el activo para el desarrollo, programado para el 22 de octubre de 2026 en la Universidad EAN, en Bogotá.
La trayectoria de Ortiz, quien fue CEO de DDB Latina, le ha permitido observar desde dentro las transformaciones de una industria que ya no puede limitarse a vender productos o transmitir argumentos racionales. Su trabajo se desarrolla en un entorno en el que la creatividad y la innovación atraviesan múltiples sectores, mientras la tecnología modifica los comportamientos y las historias adquieren nuevas formas de circular.
La conversación llega, además, en un momento en el que la salud mental ocupa un lugar central en las discusiones sobre el desarrollo humano y social. El agotamiento laboral, conocido como burnout, y la necesidad de encontrar propósitos que den sentido a las actividades cotidianas plantean preguntas que no se resuelven únicamente con herramientas médicas o decisiones individuales. En ese contexto, Ortiz propone mirar también hacia la capacidad de crear, conectar y participar en experiencias que produzcan un efecto positivo en la vida colectiva.
Su planteamiento no consiste en presentar la publicidad como una de las soluciones a los problemas de salud mental, sino en examinar cómo las ideas pueden contribuir a construir experiencias emocionales significativas. Para explicarlo, parte de una convicción: la innovación puede alimentar el optimismo y este, a su vez, convertirse en un componente del bienestar.
“Es un momento muy especial debido al avance conjunto de dos elementos: el storytelling, es decir, las historias, y la tecnología. Ambos van caminando de la mano y están generando transformaciones muy importantes en la forma de hacer las cosas y en el comportamiento humano”, explica Ortiz en entrevista con SEMANA.
La relación entre estos dos factores constituye el punto de partida de su conferencia. Para el publicista, no basta con producir mensajes ni con disponer de nuevas herramientas tecnológicas. La pregunta es qué ocurre cuando ambos elementos se combinan y empiezan a modificar la manera en que las personas se reconocen, se comunican y construyen vínculos.
De “pienso, luego existo” a “comparto, luego existo”
La referencia a René Descartes y a su célebre “pienso, luego existo” le sirve para plantear un contraste con una época en la que la circulación de las ideas y los contenidos tiene un peso determinante en la visibilidad de personas, proyectos y marcas. “Con lo que viene pasando en la transformación de todos los procesos del comportamiento humano, de los cuales hablaré en la charla, considero que el solo hecho de pensar para existir pasa a un segundo plano y el esquema se convierte en ‘comparto, luego existo’. Lo que se comparte existe; lo que no se comparte deja de existir”, afirma.
La frase condensa una de las tensiones de la comunicación actual. Las personas reciben y producen mensajes en cantidades enormes, mientras las marcas, las organizaciones y los proyectos compiten por conseguir atención. En ese escenario, la posibilidad de ser visto parece depender cada vez más de que otros decidan compartir aquello que encuentran, consumen o consideran relevante.
Para Ortiz, sin embargo, la circulación de un contenido no puede ser el único indicador de su valor. El desafío consiste en pasar de la visibilidad a una relación auténtica con quienes reciben el mensaje. En una industria acostumbrada a medir el impacto, esa diferencia resulta fundamental: llamar la atención puede ser el comienzo, pero no garantiza que exista una conexión duradera.
El creativo considera que las ideas y la innovación tienen una relación directa con el optimismo. No se trata solamente de producir novedades, sino de encontrar posibilidades donde antes no se veían y de construir experiencias capaces de movilizar a las personas. Desde esa perspectiva, la creatividad deja de ser una destreza reservada a los publicistas y se convierte en una herramienta transversal para responder a los cambios de la sociedad. “Las ideas y la innovación son, literalmente, la madre del optimismo. Y el optimismo, indudablemente, es la perspectiva más importante para el bienestar social y humano. Por eso la creatividad y la innovación se convierten en fundamentos esenciales del bienestar contemporáneo”, sostiene.
Esta mirada también explica por qué Ortiz habla de una “era del crossover”, un momento en el que los límites tradicionales entre industrias empiezan a desdibujarse. Menciona el caso de empresas que distribuían hamburguesas y se luego se convierten en bancos para ilustrar cómo la innovación puede transformar actividades que parecían tener fronteras claras.
El fenómeno, según su lectura, responde a un público que busca experiencias distintas y encuentra en la sorpresa una razón para prestar atención. Pero esa novedad debe tener un propósito: una idea puede ofrecer múltiples argumentos racionales y aun así pasar inadvertida si no consigue establecer una relación emocional. “Puedes darle a alguien cinco razones del porqué debe usar un producto, pero si no existe una construcción emocional, a la persona le entra por un oído y le sale por el otro, y no te comparte. El principio rector hoy para cualquiera es contundente: si no te comparten, no existes”, señala.
La afirmación describe una lógica de la comunicación, pero también abre una pregunta sobre la vida cotidiana: ¿qué diferencia una experiencia que simplemente captura la atención de otra que genera identificación y deja una huella positiva? Para Ortiz, la respuesta está en la capacidad de reconocer la cultura y las vivencias de las personas, en lugar de diseñar estrategias desconectadas de su realidad.
El bienestar como una experiencia compartida
Uno de los ejemplos que Ortiz llevará al foro proviene de SPIN, una iniciativa de clubes sociales de ping-pong en Estados Unidos. El creativo es socio del negocio y lidera su estrategia de creatividad, comunicación y mercadeo. SPIN Social Club cuenta, según explica, con sedes en cerca de diez ciudades estadounidenses.
El proyecto le permite ilustrar cómo una actividad recreativa puede convertirse en algo que va más allá de su función inmediata. El ping-pong no aparece solamente como un juego, sino como el punto de partida para generar encuentros, propiciar relaciones y construir una experiencia compartida. En esa posibilidad de conexión está, para Ortiz, una parte esencial del bienestar. “Es muy interesante notar que aquí lo principal no es solo impactar. En el impacto te puedes quedar únicamente en la superficie; el objetivo real es conectar. Conectar no consiste solo en recibir, sino en generar una relación de doble vía. La conexión es un elemento emocional que permite construir un vínculo cultural”, explica.
La diferencia entre impacto y conexión es uno de los ejes de su reflexión. En una sociedad saturada de estímulos, sorprender puede abrir una puerta, pero la relación se construye cuando las personas reconocen algo de sí mismas en aquello que encuentran. Es entonces cuando un mensaje deja de ser ajeno y empieza a formar parte de una experiencia compartida.
Ortiz resume esa idea con una frase que utiliza habitualmente: “La cultura se come a la estrategia en el desayuno”. Con ella busca subrayar que las tácticas de comunicación no pueden separarse de la manera en que las personas viven, se relacionan y entienden su entorno. Una estrategia puede estar bien diseñada, pero necesita conectarse con esa realidad para generar una respuesta que vaya más allá de la exposición. “Las grandes estrategias se basan en reflejar la cotidianidad de las personas, con la capacidad de emocionarlas culturalmente para que se sientan identificadas y participen de manera activa en dos vías, sin importar la industria”, afirma.
La idea adquiere una dimensión particular cuando se traslada al debate sobre la salud mental. Ortiz no plantea el bienestar como un resultado automático de una campaña, una actividad o un mensaje optimista. Lo entiende como una experiencia que puede surgir de la relación entre las emociones, la cultura y la manera de vivir. Por eso insiste en que no puede reducirse a una fórmula matemática ni a una respuesta médica universal. “El bienestar es el desenlace de las emociones: te conecta emocionalmente con lo que haces y deriva en un momento de vida positivo, volviendo al optimismo como base de la innovación. Este bienestar no se reduce a una fórmula matemática ni médica donde te recetan una pastilla, dos gotas o tres vasos de agua; no funciona así. Es el resultado de una forma cultural de vivir y hacer las cosas”, sostiene.
En el foro de la Universidad EAN, Ortiz también dirigirá su reflexión hacia quienes trabajan en áreas creativas y hacia los jóvenes que intentan abrirse camino en ellas. La incertidumbre profesional, la presión por producir y el burnout forman parte de una conversación que, en su opinión, no pertenece a una sola industria, sino a la vida misma. “Lo fundamental aquí es entender lo valioso que resulta trabajar y nutrir ideas que generen un beneficio colectivo; eso es algo emocionalmente muy potente”, afirma.
Para el publicista, poder trabajar, pensar, desarrollar e innovar alrededor de ideas que tienen como fin el bienestar representa una oportunidad valiosa. “El primer bienestar para quienes asistan al foro es el bienestar de origen: poder trabajar, crear, pensar, desarrollar e innovar alrededor de ideas que tienen como fin el bienestar mismo. No todo el mundo tiene la oportunidad de construir dentro de un círculo virtuoso en el que, sintiéndose bien al trabajar con un propósito positivo y generoso, se alcance un resultado que también represente bienestar”, señala.