Entrevista

Yahira Guzmán, psiquiatra, habla en SEMANA sobre las claves para educar y cuidar la salud mental en épocas modernas

La psiquiatra Yahira Guzmán habla como previa al foro anual Innovación para el Desarrollo I+D/ Humanamente: Salud mental el activo para el desarrollo.

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11 de octubre de 2026 a las 5:40 a. m.
Yahira Guzmán, psiquiatra.
Yahira Guzmán, psiquiatra. Foto: SUMINISTRADO A SEMANA A.P.I

SEMANA: ¿Qué significa educar conscientemente y qué diferencia hay entre educar para obtener buenos resultados académicos y educar para la vida?

Yahira Guzmán: Educar conscientemente significa ser conscientes de que quienes están estudiando son personas que tienen necesidades, no solo de conocimientos académicos, sino también de aprender a reflexionar, a tomar decisiones con sabiduría, no solo con conocimiento, a ser fieles a sus principios y a reconocer sus valores y la importancia de cada uno en la sociedad. Educar también significa enseñarles a ejercer una profesión en la que sepan que deben cuidarse para hacer las cosas bien y enseñar a otros cuando sea necesario. En ese sentido, educar también es cuidar y enseñar a cuidarse física y mentalmente.

SEMANA: ¿Qué relación existe entre la manera en que educamos durante la infancia y la salud mental en la adolescencia y la adultez?

Yahira Guzmán: La vida es un proceso y todas las personas, sin excepción, vamos a pasar por etapas que implican aprendizajes y crecimiento, tanto a partir de experiencias buenas como de otras no tan buenas o incluso muy malas.

En la infancia hay una mayor vulnerabilidad, porque los niños dependen al ciento por ciento de quienes los cuidan y no pueden defenderse de las adversidades. Por eso, los profesores deben apoyar a los padres en los aprendizajes de la vida cotidiana, ayudar a los niños a superar las crisis y reconocer sus logros y dificultades, tratando de evitar, en lo posible, traumas o situaciones de violencia y detectando necesidades de apoyo especial.

Los adolescentes, por su parte, están en una transición: ya no son niños, pero tampoco son adultos. Empiezan a luchar contra las reglas y ahí es donde padres y profesores deben seguir de acuerdo en esa educación en valores, porque, si no, en ese punto de quiebre se pueden perder. También es importante fortalecer la autoestima y hacerles ver el lugar importante que tienen en el mundo, así como la necesidad de cuidar su salud física y mental.

Esto no significa que vayamos a patologizar a los niños o adolescentes, sino que debemos estar pendientes de los cambios en sus relaciones y en los grupos sociales a los que pertenecen. En esta etapa, los adolescentes suelen creerles mucho a sus pares y buscan a alguien con quien identificarse. Esa persona podría ser perfectamente un buen profesor, un maestro que mantenga la distancia y la autoridad, pero que sea un ejemplo. Si esas etapas se manejan con responsabilidad, los adultos tendrán herramientas para afrontar ambientes adversos, manejar los límites y la autoridad y vivir saludablemente.

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SEMANA: ¿Cuáles son las señales de alerta que padres y profesores deben identificar cuando un niño o un adolescente atraviesa una dificultad emocional?

Y.G.: Principalmente, cualquier cambio súbito en el comportamiento o en el estado de ánimo. También el aislamiento, la irritabilidad y el mal desempeño académico. Si un niño venía con un rendimiento adecuado y de pronto cae, habría que preguntarse por qué. No necesariamente es porque no está estudiando; puede estar pasando algo más de fondo.

Hay que prestar atención cuando deja de disfrutar cosas que antes le gustaban, expresa que está cansado de la vida o que le cuesta vivir, dice que se siente menos que los demás o culpable de ciertas cosas, o presenta alteraciones en el sueño o el apetito. En general, hay que estar atentos a que se altere el funcionamiento de esa persona durante la niñez o la adolescencia.

Yahira Rossini Guzmán Sabogal, directora de Profesores e Investigación de la Facultad de Medicina de la Clínica Universidad de La Sabana.
Yahira Rossini Guzmán Sabogal, directora de Profesores e Investigación de la Facultad de Medicina de la Clínica Universidad de La Sabana. Foto: Clínica Universidad de La Sabana

SEMANA: ¿Cómo pueden las familias y los colegios construir entornos seguros en los que los niños se sientan escuchados, aprendan a gestionar sus emociones y puedan pedir ayuda sin miedo a ser juzgados?

Y.G.: Desde siempre debe existir, como una regla de familia, un diálogo abierto y conciliador. Hay que acostumbrar al niño a que en su familia se dialoga y se habla de las cosas buenas y malas, pero también hay reglas que ayudan a la formación del carácter. Se puede conciliar con los jóvenes, pero ellos deben saber que hay límites. No se trata de que los padres sean amigos de sus hijos, porque ejercen autoridad, sino de que exista un diálogo en el que no los critiquen ni los juzguen por lo que dicen.

También hay que enseñar con el ejemplo a asumir la responsabilidad de los propios actos. Los niños deben ver que sus padres cumplen lo que dicen; de lo contrario, ¿qué sentido tiene decirles que no mientan si uno miente delante de ellos?

En los colegios es bueno tener equipos de apoyo con psicólogos y orientadores entrenados, que ayuden a romper el estigma frente a la salud mental y la psiquiatría. Los profesores deben recibir formación para detectar señales de alarma y saber qué hacer, pero también necesitan herramientas para manejar estas situaciones y cuidarse, porque no pueden sentir que tienen que resolver todos los problemas de sus estudiantes. Lo que deben hacer es hablar con las familias y contarles lo que están viendo.

También serían útiles las charlas y campañas sobre hábitos de vida saludable y salud mental, tanto para estudiantes como para padres. Y si un día un niño o adolescente no quiere hablar, hay que darle tiempo para que sienta que tiene su espacio. Si pasa mucho tiempo, sí hay que estar pendientes de que no estén ocurriendo otras cosas.

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SEMANA: ¿Qué papel desempeñan las redes sociales y la tecnología en el bienestar emocional de las nuevas generaciones y cómo deberían actuar los adultos frente a los riesgos que suponen?

Yahira Guzmán: Es muy importante estar vigilantes. No hay que satanizar las redes sociales ni las tecnologías, pero sí tener claro cuándo es el momento para que los jóvenes accedan a ellas, al celular o a la tableta, conocer a qué sitios están entrando y compartir al principio con los niños esos espacios. También hay que estar dispuestos a responder sus preguntas y conocer lo suficiente para explicarles y fijarles límites.

Por ejemplo, el celular o la tableta no deberían utilizarse en escenarios sociales, como cuando la familia recibe una visita, ni interferir en las horas de clase. A veces se ha convertido en una necesidad que los niños tengan celular, pero, si no hay control, eso también es un problema.

En casa, las normas deben establecerse con el ejemplo. Si los papás necesitan estar conectados permanentemente por su trabajo, durante las comidas deben dejar el celular a un lado. Así tienen autoridad moral para exigirles lo mismo a sus hijos. De lo contrario, la regla queda suelta.

SEMANA: Desde su experiencia como psiquiatra e investigadora, ¿cuál es el principal reto que enfrenta Colombia para integrar la formación socioemocional en la educación y garantizar que los estudiantes reciban el acompañamiento que necesitan?

Yahira Guzmán: Yo pensaría que una de las principales barreras es el estigma que pueden tener los jóvenes, los padres e incluso los profesores frente a los temas de salud mental. Hablar de esto a veces se considera algo prohibido o mal visto. Al contrario, necesitamos hablar de cómo tener bienestar y cómo proteger la salud mental.

También está el acceso a los servicios. No hay suficientes expertos para atender la demanda y el número de psiquiatras es reducido, tanto para las áreas urbanas como para las rurales. Las citas pueden quedar muy distantes y no siempre hay un seguimiento apropiado. Si uno empieza un tratamiento farmacológico, necesita ver al paciente pronto, a los ocho o quince días, pero a veces los sistemas de salud no lo permiten por la cantidad de pacientes.

Por eso, creo que es importante fortalecer la cobertura y las campañas en colegios y universidades, donde está la población joven, y contar con información y protocolos para manejar estos temas. Afortunadamente, existe el mes de la salud mental en octubre, pero no se puede hablar de esto solamente en esa época: debe ser durante todo el año.

La salud mental o un trastorno puede afectar a cualquier persona, sin importar la edad, el estrato socioeconómico, el género o el lugar donde viva. Es un problema de todos y tendríamos que resolverlo entre todos.