La equidad de género en el ámbito corporativo dejó de ser una conversación y se está consolidando como uno de los indicadores que inversionistas, reguladores y empresas consideran para evaluar el desempeño sostenible de las organizaciones. Sin embargo, la realidad que aún viven cotidianamente las mujeres directivas es que ellas siguen siendo una excepción en cargos de liderazgo. Según la edición 2025 del Global Gender Gap del Foro Económico Mundial, solo el 29,5 por ciento de los altos directivos con estudios superiores son mujeres; así, la paridad de género en el mundo llegaría en el año 2148.
Esa brecha responde, en parte, a estructuras sociales masculinizadas y estereotipos sobre las formas de liderar. Sin embargo, desde sus cargos, ellas luchan para que sus propuestas sean valoradas en la mesa. Por eso, en la quinta entrega de Voces que transforman, la serie de charlas digitales del Círculo de Mujeres Semana Dinero, titulada ‘Los retos y las oportunidades de ser una mujer directiva’, once líderes reflexionan sobre la importancia del rol femenino en las organizaciones.
Carmenza Alarcon, CEO advisor y speaker, fue durante años la única mujer en la mesa de decisiones. Hoy, reconoce que “el verdadero reto de ellas en cargos directivos no es solo llegar, sino sostenerse sin perderse a sí mismas, porque existe una presión silenciosa que millones de mujeres vivimos todos los días: sentir que debemos ser extraordinarias para ser consideradas suficientes. Es como si constantemente debiéramos probar algo”, dice.
No es una percepción. Según el informe Advancing the Future of Women in Business: The 2020 KPMG Women’s Leadership Summit Report, el 75 por ciento de las mujeres ejecutivas afirmó haber experimentado síndrome del impostor en algún momento de su carrera y el 85 por ciento considera que este fenómeno es común entre las mujeres en el entorno corporativo, lo que evidencia cómo las dudas sobre las propias capacidades persisten incluso en profesionales con trayectorias consolidadas.
“Trabajar en la confianza en nosotras mismas es uno de los mayores retos. Siempre hay dudas, pero basta con entender lo que hemos construido para saber que todo lo que llega lo merecemos”, comparte Claudia Camargo, Managing Partner de BDO Colombia, quien resalta que, justamente, esa es la diferencia de las mujeres en los liderazgos: “Eso lo que nos hace poderosas y necesitamos apropiarnos de ello”.
A eso se suma el contexto que, en muchas ocasiones, pone en duda las capacidades de las mujeres. “La conversación tiene que evolucionar, ya no debemos preguntarnos cuántas mujeres ocupan cargos de liderazgo, sino qué tipo de liderazgo necesitan tener las organizaciones para enfrentar los retos del futuro”, afirma María Angélica Bula Náder, gerente general de Dr. Andrés Durán Plastic Surgery, al resaltar el aporte diferencial de las mujeres en los espacios de decisión, como su capacidad para cuestionar y enriquecer las conversaciones. “La diversidad dejó de ser una conversación sobre equidad para ser una sobre competitividad”, concluye.
Y es que diversos estudios internacionales muestran una relación consistente entre la presencia de mujeres en cargos de alta dirección y un mejor desempeño financiero. Por ejemplo, el Peterson Institute for International Economics, tras analizar 21.980 empresas de 91 países, concluyó que una mayor representación femenina en la alta dirección se asocia con mayores márgenes de utilidad neta. Pero no por eso la inclusión debe ser forzada.
Gabriela Lizarazo, gerente de Abastecimiento Estratégico de Positiva, insiste en que la equidad de género lo que busca es generar condiciones más justas para sectores que efectivamente han sido discriminados a lo largo de la historia. Pero, también exige reconocer escenarios como el acoso o el sexismo a los que se enfrentan, en ocasiones, las mujeres en el mundo corporativo. “Construyamos liderazgos mucho más humanos, influyentes. Cuando una mujer avanza, avanzamos todas”, dice.
Por su parte, Paula Restrepo, fundadora y CEO de Sigmacore, resalta que las mujeres en las organizaciones tienen tres retos: acceso, permanencia y transformación del entorno. El último, según dice, es el más importante: “El liderazgo femenino no se reduce a ocupar los cargos de poder, sino a transformar la manera en que ese poder se ejerce. Porque cambiar los nombres de una mesa no siempre cambia la cultura”.
El reto de abrirse camino
“Ser mujer empresaria me ha hecho entender que el liderazgo no tiene género, tiene propósito, compromiso y un enorme deseo de servir”, afirma Dina Marcela Díaz, gerente general de Empresa Power Services. Y es que en medio de entornos altamente competitivos y en los que el género marcó la diferencia por décadas, ellas se han abierto camino como líderes.
Al respecto, María del Mar Torres, fundadora y gerente de Dreams Kindergarden, destaca que la presencia de las mujeres en las empresas “inspira confianza, construye tranquilidad y transforma vidas. Hoy vemos cambios importantes, pero el verdadero cambio será cuando nuestra voz sea realmente escuchada, valorada y tenida en cuenta”, afirma.
“Las mujeres, en especial en las empresas familiares, aportan a la construcción de legado, la visión patrimonial y a tomar decisiones mucho más integrales, sostenibles en el tiempo. Además de un componente de riqueza socioemocional que apuesta por el largo plazo de las empresas”, dice al respecto María Piedad López, profesora del Departamento de Dirección General, Inalde Business School.
En esa misma línea habla Marisol Pabón Rodríguez, presidenta ejecutiva de Wo’Man Equity, con experiencia en eventos internacionales de equidad de género: “La diversidad es el motor financiero más inteligente de nuestra era. La equidad de género no es un favor que nos hacen, sino una inversión inteligente para el progreso de toda la sociedad”.
Un estudio publicado por Harvard Business Review, basado en más de 60.000 evaluaciones de liderazgo también lo respalda: en él las mujeres fueron calificadas como más efectivas que los hombres en 17 de las 19 competencias analizadas, incluyendo iniciativa, resiliencia, integridad, desarrollo del talento y colaboración. Entonces, la clave, como comparte Laura María Molina, CEO de Balbal, “no es la masculinización de lo femenino, sino la utilización completa de nuestro potencial, y una competencia basada en las capacidades”.
Pero no es solo en los cargos de liderazgo en los que se necesitan más mujeres, sino en el trabajo de la vida diaria. Por eso, Omaira Buitrago, fundadora de Fundación Mujer y Hogar, reitera: “Cuando una mujer accede a una educación, una madre a empleo digno, o una emprendedora se adueña de su empresa, hay equidad de género. No faltan talentos, sino oportunidades, pero la mujer siempre es el eje principal, la fuerza transformadora más poderosa”, concluye.
En definitiva, con los años las mujeres seguirán abriendo espacios a partir de la confianza en sí mismas. Esto representa un avance esperanzador, dado que ocupar cargos de gran influencia podría actuar como catalizador del cambio en el mundo organizacional y en las sociedades. Para escuchar más reflexiones al respecto, la cita es el jueves 13 de agosto, a las 5:00 p. m., en Semana.com y las cuentas en Facebook, X y Youtube @revistasemana.