Hong Kong. Filas enormes para someterse a pruebas de covid se vieron en la isla, que tiene tolerancia cero frente al coronavirus. Tomó medidas tan restrictivas como cancelar vuelos de ocho países.
Hong Kong. Filas enormes para someterse a pruebas de covid se vieron en la isla, que tiene tolerancia cero frente al coronavirus. Tomó medidas tan restrictivas como cancelar vuelos de ocho países. - Foto: ap

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Secuelas del coronavirus: estos son los casos en los que debe ir con un especialista

Con el incremento en el número de casos, han surgido nuevos interrogantes respecto de la enfermedad.

Con la aparición de la variante ómicron del virus de la covid-19 se ha incrementado drásticamente el número de casos del virus en el mundo, y esto ha traído varias dudas e inquietudes respecto a la enfermedad.

Una de estas se da por las secuelas que puede dejar el virus en el cuerpo, y es que es una larga lista que se ha logrado determinar con base en los estudios que han hecho los especialistas en el planeta.

Al respecto, el dr. Eduardo López, médico infectólogo, dijo en diálogo con CNN que tienen que tener especial cuidado: “Sobre todo individuos que utilizaron respirador, o quedaron con lesiones cardiacas, síntomas que requieren un tiempo más largo de recuperación, y también los cuadros neurológicos”.

Algunas secuelas incluyen cansancio, depresión, dolores articulares, a veces astema, y estas por lo general duran meses en desaparecer aunque “si fueron leves, se corrigen bastante rápido”.

“En cambio, es importante que estén pendientes aquellas personas que tuvieron una enfermedad grave y los que tuvieron que utilizar un respirador”, aseguró.

¿Hay que ponerse una dosis de refuerzo si se estuvo contagiado por ómicron?

Tras una infección, nuestro sistema inmunitario nos puede proteger contra el mismo patógeno durante meses e, incluso, años. Ni los anticuerpos ni los linfocitos B que los secretan desaparecen de golpe. Asimismo, los linfocitos “asesinos” o T CD8, que reconocen fragmentos del patógeno (antígenos), tampoco desaparecen totalmente.

Una pequeña parte de estos linfocitos generan una población de memoria capaz de “recordar”. Gracias a ella, podemos desarrollar vacunas con los fragmentos del patógeno que reconocen estos linfocitos B y T. Tras una infección o vacuna, estos linfocitos se multiplican. En cuanto a los linfocitos B, las dosis de refuerzo mejoran además la “calidad” de los anticuerpos que secretan, siendo más eficaces en su unión al virus.

Sin embargo, por muy abundantes que sean los linfocitos CD8, no lograremos una inmunidad esterilizante, ya que estos reconocen las células que se han infectado, no el virus fuera de la célula.

¿Es necesaria la tercera dosis?

Meses después de la vacunación sigue existiendo una protección alta frente a la enfermedad grave y la muerte por covid-19. Pero la cantidad de anticuerpos capaces de unirse al virus e impedir la infección de las células disminuye con el tiempo.

A los seis meses de la pauta completa de vacunación solo queda aproximadamente una quinta parte de los anticuerpos neutralizantes capaces de impedir la infección con la variante original de covid-19. La velocidad de disminución depende de la edad y ocurre antes en personas mayores. Sin embargo, una nueva vacunación (o infección con el virus) activa las células B de memoria generadas inicialmente por la vacuna y provoca su diferenciación en células plasmáticas, que producen de nuevo grandes cantidades de anticuerpos neutralizantes del virus.

Además, los anticuerpos generados a partir de la activación de células B memoria tienen la capacidad de reconocer e impedir la infección no solo de la cepa original del virus, sino parcialmente también otras variantes del virus SARS-CoV-2 como las delta y ómicron.

Protección generada por las vacunas y por infección natural

Como ya sabemos, las vacunas administradas en España se basan en un fragmento de la proteína S (espícula) del virus SARS-CoV-2, cuya secuencia de aminoácidos corresponde a la primera variante (Wu01) del SARS-CoV-2. El genoma de este virus codifica otras 19 proteínas.

Al infectarnos, nuestro sistema inmune puede responder frente a un mayor número de antígenos del virus, frente a los que también se generan anticuerpos que, sin ser neutralizantes, activan otras células o componentes del sistema inmunitario.

La infección con el virus produce, como las vacunas, una inmunidad sistémica en los órganos linfoides, sangre y linfa. Dicha respuesta es, en general, equivalente o superior a la inducida por las vacunas, también cuando la infección ha ocurrido con la variante ómicron del virus.

Pero la infección con el virus induce, además, una respuesta inmune en los sitios de entrada (mucosas oral y respiratoria) y los tejidos infectados. Estas respuestas incluyen un tipo de anticuerpos denominados IgA que representan un papel importante en la protección de mucosas y reducen la capacidad de infección del virus.

Además, nos proporciona una población de células T y B de memoria residentes en el sitio de infección, como el pulmón. Estos linfocitos detectarán mucho más rápidamente al virus en una nueva infección. La vacuna, que se inocula por vía intramuscular, no genera de manera tan eficaz este tipo de inmunidad en el tejido.

Por otro lado, hay que tener en cuenta que las infecciones más recientes por covid-19 han sido principalmente por la variante ómicron. Por tanto, proporcionan una inmunidad más específica frente a esta variante, que es la predominante actualmente.

Con estos datos, la evidencia sugiere que la infección natural por covid-19 en personas previamente vacunadas con la pauta completa tendría un efecto similar al de administrar una dosis de refuerzo de la vacuna. Por eso se valora el tiempo que debe pasar posteriormente para inocular una nueva dosis.