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| 9/1/2018 6:00:00 PM

"Ninguna nación por sí sola puede evitar la guerra nuclear, detener el cambio climático o regular la inteligencia artificial”

Yuval Harari, el pensador más leído del mundo, publica ‘21 lecciones para el siglo XXI’, en el que reflexiona sobre los cambios en el liberalismo, la religión, los nacionalismos y la tecnología, entre otros. SEMANA lo entrevistó.

Yuval Harari, el pensador más leído del mundo, publica 21 lecciones para el siglo XXI Harari, de 42 años, además de dirigirse a sus lectores a través de los libros, utiliza mucho las redes sociales para comunicarse con ellos. En Twitter es @harari:yuval y en Facebook, Yuval Noah Harari. 21 Lecciones para el siglo XXI llega a Colombia el 14 de septiembre.

En De animales a dioses (2011) reflexionó sobre la humanidad desde la evolución de las especies hasta este siglo. Cuatro años más tarde, en Homo Deus, imaginó cómo sería el futuro. Ahora en su nueva publicación, Yuval Harari cuestiona el presente, los temas que más inquietan al hombre de hoy. Su narración, no libre de polémicas, está llena de vaticinios. El tiempo dirá si este israelí, que ha vendido 12 millones de libros, tenía la razón.

SEMANA: Usted explica en su libro cómo el relato liberal en el siglo XXI atraviesa una crisis de confianza. ¿Nos estamos acercando a una nueva idea? ¿Cómo sería?

YUVAL NOAH HARARI: En las últimas décadas el orden global liberal dominó el mundo. Ese orden hacía énfasis en los valores e intereses compartidos de la humanidad, creía que la cooperación era mejor que el conflicto y fomentaba la cooperación al facilitar el movimiento de las ideas, los bienes, el dinero y las personas. El orden liberal tiene muchas fallas, pero ha hecho el mundo más pacífico, sano y próspero que nunca antes.

SEMANA: Una afirmación no libre de cuestionamientos…

Y.N.H.: Sí, pero la hambruna, las plagas y la guerra han caído a su nivel más bajo en la historia. Por primera vez la hambruna mata menos gente que la obesidad, las plagas matan menos gente que la edad, y la violencia menos gente que los accidentes. Incluso algunas cifras prueban que las últimas décadas han sido las más pacíficas. Si bien en las primeras sociedades agrícolas la violencia de los humanos causaba hasta el 15 por ciento de las muertes, y en el siglo XX causó el 5 por ciento, hoy solo es responsable del 1 por ciento. Si alguien cree que la humanidad estaba mejor antes de la era dorada del liberalismo, por favor, que especifique el año: ¿1918?, ¿1818?, ¿1718?

SEMANA: Entonces… ¿por qué la crisis del liberalismo?

Y.N.H.: Porque, no obstante, las personas están perdiendo la fe en el orden liberal. A lo largo del mundo, los gobiernos restringen más y más la inmigración al imponer altos aranceles, al censurar las ideas internacionales y al convertir a sus países en fortalezas amuralladas. Si esto continúa, el orden liberal colapsará. ¿Qué podrá reemplazarlo? Si bien el nacionalismo tiene muchas buenas ideas sobre cómo gobernar una nación en especial, desafortunadamente no tiene un plan viable para gobernar al mundo como un todo.

SEMANA: ¿A dónde apuntan los nacionalismos, cada vez crecen más?

Y.N.H.: Algunos nacionalistas esperan que el mundo se vuelva una red de fortalezas amuralladas, pero amistosas. Entonces, cada fortaleza nacional protegerá su identidad única y sus intereses, pero todas las fortalezas no podrían cooperar y comerciar pacíficamente. No habría inmigración, multiculturalismo, élites globales y tampoco guerra global. El problema con esta visión es que las fortalezas amuralladas rara vez son amistosas. En el pasado, todos los intentos por dividir el mundo entre naciones claramente distintas ha resultado en guerra y genocidio. Sin unos valores y organizaciones globales, las naciones rivales no pueden ponerse de acuerdo en unas reglas comunes para convivir.

Booktrailer

SEMANA: Usted habla de nacionalismos extremos. ¿Cuáles son?

Y.N.H.: Son los que dicen que no necesitamos cooperación global o algo similar. Que nuestra nación debería preocuparse solo por sus propios intereses y no debería tener obligaciones con el resto del mundo. Que la fortaleza solo debería simplemente levantar su puente levadizo, levantar sus paredes, y el resto del mundo puede irse al infierno. Esa postura nihilista carece de sentido. Ninguna economía moderna puede sobrevivir sin una red mundial de comercio. Más importante aún, así a la gente le guste o no, hoy la humanidad se enfrenta a tres problemas comunes que se burlan de todas las fronteras nacionales y que solo pueden resolverse mediante la cooperación mundial: la guerra nuclear, el cambio climático y la disrupción tecnológica. Ninguna nación puede evitar la guerra nuclear, detener el cambio climático o regular la inteligencia artificial por sí sola.

SEMANA: ¿Existe acaso una forma de confrontar estos tres problemas?

Y.N.H.: Necesitamos más, en vez de menos, cooperación global, y hasta el momento el liberalismo nos ha ofrecido el mejor plan para lograrlo. Para sobrevivir, el liberalismo seguramente tendrá que reinventarse y adaptarse a las realidades del siglo XXI, pero lo puede lograr. Este modelo tiene la ventaja de ser muy flexible y no dogmático. El liberalismo ya ha experimentado varios ciclos de crisis y regeneración durante el último siglo. Ha sobrevivido a tres grandes crisis: la Primera Guerra Mundial, el desafío fascista en la década de los treinta y el desafío comunista entre los años cincuenta y setenta. Si usted cree que el liberalismo está en crisis ahora mismo, solo recuerde el panorama de 1918, 1938 o en 1968. Entonces, hay una buena posibilidad de que el liberalismo vuelva a reaparecer si sabe reinventarse.

SEMANA: Usted plantea que la tecnología avanza y el poder estará en manos de quien la controle. ¿Qué pasará con los que tenían el poder?

Y.N.H.: Todos debemos tener cuidado con cualquiera que monopolice demasiados datos, ya sea un gobierno o una corporación, pues la información se ha vuelto el activo más importante en el mundo. Antes la tierra era el activo más importante, la política equivalía a la lucha para controlar la tierra y la dictadura se resumía en que toda la tierra estaría concentrada en las manos de un rey o de una pequeña aristocracia. En los últimos 200 años las máquinas se volvieron más importantes que la tierra y la lucha política se concentró en controlar las industrias. La dictadura significaba que todas las máquinas serían del gobierno o de una élite pequeña. Pero en el siglo XXI la información eclipsará ambos activos y la política será la lucha para controlar el flujo de información. Si los dueños de la información son el gobierno o unas pocas corporaciones, tendremos dictaduras digitales.

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SEMANA: ¿Y existe una solución?

Y.N.H.: Deberíamos regular la propiedad de datos. El problema es que no tenemos un modelo de trabajo para hacerlo, tenemos miles de años de experiencia en regular la tenencia de la tierra y cientos en regular la posesión de las máquinas. Pero no sabemos cómo regular la propiedad de datos, un reto gigante para los políticos, los ingenieros, los abogados y los filósofos.

SEMANA: ¿Qué es la religión hoy?

Y.N.H.: La ciencia y la tecnología han reemplazado a la religión en muchos campos. Antiguamente las personas les rezaban a los dioses por comida, salud y seguridad. Hoy vamos a donde los ingenieros y los doctores. La religión perdió muchas de sus funciones tradicionales porque simplemente no era muy buena para garantizar comida, salud y seguridad. La verdadera especialidad de los sacerdotes y de los gurús nunca ha sido hacer llover, sanar o hacer magia. Lo que sí saben hacer es interpretar. Un sacerdote no sabe cómo curar tu enfermedad a través de oraciones y magia. Un sacerdote solo sabe cómo justificar por qué la oración falló y por qué tú debes seguir creyendo en los dioses, así parezcan sordos ante tus súplicas.

SEMANA: ¿Y entonces qué hacen hoy los científicos?

Y.N.H.: Saben cómo tomar atajos y amañar la evidencia, pero, al final, el sello de la ciencia es su voluntad de admitir el fracaso y probar un método diferente. Por eso, los científicos han aprendido gradualmente a hacer mejores medicinas, mientras que los sacerdotes solo han aprendido a inventar mejores excusas. De ahí que hasta los más creyentes hayan dejado de confiar en la religión para curar sus enfermedades y van al médico.

SEMANA: Sin embargo, ¿no cree que estamos muy lejos de que la religión pierda su importancia?

Y.N.H.: La religión todavía mantiene una función muy importante: define la identidad de las personas. Si bien no puede curarnos o darnos comida, nos dice con quién debemos compartirla. En el siglo XXI la división de los humanos entre judíos y palestinos, españoles y marroquíes o rusos y polacos todavía se basa en mitos religiosos en vez de hechos científicos. Desde una perspectiva científica, todos los humanos son muy similares. Por lo tanto, no importa cómo se desarrolle la tecnología en las próximas décadas, podemos esperar que los argumentos sobre las identidades religiosas continúen influyendo en el uso de las nuevas tecnologías. Nada raro habría en que los misiles nucleares y las bombas cibernéticas más recientes se empleen para resolver un argumento doctrinal sobre los textos medievales.

SEMANA: ¿Por qué vemos la posverdad como un fenómeno reciente? ¿Por qué compararla con la religión?

Y.N.H.: Las noticias falsas han existido a lo largo de la historia. En el pasado las cosas eran probablemente peor que hoy. Pensemos en un pueblo antiguo, antes de Facebook y Twitter. El rumor sobre cómo una señora soltera que ama los gatos es una bruja significaba la hoguera para la pobre mujer. A una escala mayor todas las religiones excepto una siempre han estado basadas en noticias falsas: milagros que nunca pasaron y dioses que no existen. ¿Cuál religión es la excepción? La mía, por supuesto. Pregúntele a un judío y él le dirá que el judaísmo es la única religión verdadera, mientras que la noticia de que Jesús fue el hijo de Dios y que se levantó entre los muertos es fake news. Ahora, pregúnteles a los cristianos y ellos dirán que todas las religiones son ficción excepto la cristiana y que la noticia de que Mahoma recibió la visita del ángel Gabriel, quien le reveló el Corán, es fake news. Ahora, pregúntele a un musulmán y él le dirá que todos los dioses y milagros en que creen los hindúes son falsos. Las ideologías modernas también han confiado en difundir noticias falsas. Joseph Goebbels, el ministro de la propaganda nazi, explicó su método así: “Una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad”.

SEMANA: Colombia firmó la paz luego de 52 años de conflicto. ¿Qué tan difícil es para una sociedad aceptar la realidad de una paz relativa?

Y.N.H.: La paz significa más compromiso que justicia. Cuando haces las paces con alguien, siempre tienes que renunciar a algunas de tus demandas, incluso si piensas que son justas. Esto obviamente genera frustración. Algunas personas no pueden aceptar que luego de haber combatido tantos años, de haber sacrificado tantas vidas, no haya justicia. En última instancia, las personas deben elegir entre el pasado y el futuro: ¿qué es más importante? ¿Tratar de obtener justicia por algo que ocurrió en el pasado o crear un mejor futuro? Ese es un dilema difícil, pero en la mayoría de los casos es más sabio trabajar por un mejor futuro.

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