El fenómeno de la Niña, que posiblemente se extienda por otros tres meses, ha afectado gravemente la producción y siembra de alimentos en el país

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¿Por qué el campo colombiano vive hoy una tormenta perfecta?

Además de las fuertes lluvias que dañan cultivos y vías, este sector se enfrenta a un dólar con máximos históricos que incrementa sus costos y a los aumentos de las tasas de interés. ¿Cuáles son las preocupaciones para el año entrante?

Las intensas lluvias han puesto en jaque al sector agropecuario. Cultivos inundados, afectaciones en la producción, así como bloqueos y parálisis en las vías que limitan el transporte de los alimentos, son el día a día de la operación del sector.

Esta situación genera una nueva presión a los precios de los alimentos que se han convertido en el combustible de la inflación, con un crecimiento anual del 27 %, nivel récord en los últimos años.

La situación no es fácil para el agro: para el tercer trimestre de este año, en el crecimiento anual del PIB desde la oferta, de los 12 sectores de la economía, solo el agrícola tuvo crecimiento negativo (-1,4 %). “La producción de café registra un decrecimiento asociado a las condiciones climáticas desfavorables al igual que el arroz y el cacao. Además, en el sector pecuario la producción de leche y ganado bovino también registran variaciones negativas. En general, el fenómeno de la Niña afecta los cultivos y rendimientos de algunos productos al momento de su cosecha lo que ha dificultado la recuperación del sector”, dice en un informe Anif.

Pero al impacto de la ola invernal se le suman otros factores, como el precio del dólar –que ya ha roto la barrera de los 5.000 pesos–, y el aumento en las tasas de interés del Banco de la República que están en 11 % y encarecerán el financiamiento. Todo esto se ha convertido, según Jorge Enrique Bedoya, presidente de la Sociedad de Agricultores de Colombia (SAC), en la tormenta perfecta. Así describió, en entrevista con el programa de Dinero en Semana TV, el dirigente gremial la situación del sector.

SEMANA: ¿cómo afecta el invierno al sector agrícola? Porque no es solo por las inundaciones de los cultivos…

Jorge Enrique Bedoya (J. E. B.): el campo es al sol y al agua y ahí tenemos varias consideraciones. La primera es el hecho que haya un exceso de lluvias en las tierras de los cultivos y también de las explotaciones pecuarias. Eso no solamente puede generar inundaciones que pueden acabar con un cultivo o ahogar a las cabezas de animales que se tengan, sino que empiezan a aparecer enfermedades y eso comienza a reducir la productividad por unidad de área. Pero, además, cuando se vienen los derrumbes en las carreteras, los productores se quedan sin las vías para poder sacar sus alimentos o para llevar los insumos necesarios en sus procesos de producción. Entonces, por donde usted lo mire, este fenómeno de La Niña resulta preocupante por lo que ya ha venido ocurriendo; pero, sobre todo, por ese pronóstico que hizo la directora del Ideam de que seguramente esto se puede extender hacia el mes de febrero del año 2023.

SEMANA: ¿en este momento tienen algún censo o identificada la afectación por el invierno en el sector agrícola?

J. E. B.: nosotros nos guiamos por las afectaciones que recibe el Ministerio de Agricultura a través de las secretarías de Agricultura y la misma Unidad de Gestión del Riesgo. Se ven reducciones de productividad en cultivos como cacao por la saturación de los suelos con las lluvias, en los cítricos en el Eje Cafetero con mandarina y naranja, donde ya se empiezan a ver reducciones importantes del 20 al 25 % en las productividades. También está ocurriendo en el caso de la papa; de tal manera que por donde usted vaya solo por el tema del territorio y de los cultivos, pues evidentemente ya los productores empiezan a levantar las banderas de alerta.

SEMANA: ¿cuál es una de sus principales preocupaciones?

J. E. B.: hay un fenómeno adicional que nos preocupa bastante: para poder tener las cosechas del primer semestre del año entrante se debe entrar en fases de preparación y alistamiento de los terrenos. Y en las zonas donde ha llovido bastante, como los suelos están tan húmedos, los productores simplemente no pueden empezar a preparar la siembra.

SEMANA: ¿eso qué puede llegar a generar?

J. E. B.: que productores que tengan esta situación decidan no sembrar y, por ende, no van a estar en el circuito en el primer semestre del año entrante. Si eso se llega a generalizar y, a propósito del pronóstico que da la directora del Ideam, pues yo no quisiera imaginarme una situación en que veamos en algunos sectores reducciones importantes en las áreas sembradas que conduzcan a una menor oferta y, por supuesto, a mayores presiones inflacionarias.

SEMANA: ¿tienen algún cálculo en la SAC de cuánto le puede estar costando el invierno al sector agrícola?

J. E. B.: cada sector es distinto y aquí hay que adicionar algo. No estamos viendo esto como un fenómeno aislado. Para nosotros esto es un componente de la tormenta perfecta que ha generado no solamente el alto costo de los insumos en dólares por la volatilidad de los mercados internacionales. Ya en febrero del año entrante se cumple un año de la invasión de Rusia a Ucrania y eso ha generado un desbarajuste en los precios en dólares de insumos como el trigo, como es el caso del maíz y obviamente entran los fertilizantes. Otro factor en contra es la tasa de cambio. Los días con el dólar por encima de los 5.000 pesos impactan al volumen de toneladas de fertilizantes y de materias primas como el maíz y la soya que tenemos que importar todos los meses para la producción de proteína de origen animal. Y a eso sume las tasas de interés, que encarecen el costo de crédito. Entonces en el agregado se empiezan a ver a lo largo de este año incrementos de doble dígito en los costos de producción de todos los cultivos y también de toda la parte pecuaria.

SEMANA: en ese contexto, ¿qué está haciendo el Gobierno? Y se lo pregunto porque particularmente el presidente Gustavo Petro ha sido muy insistente en que el agro es el sector que va a sacar la cara por la economía en Colombia. ¿Qué va a pasar ahora?

J. E. B.: nosotros le hemos presentado a la ministra de Agricultura, desde antes de posicionarse, las que consideramos deberían ser las prioridades por atender llegando al Gobierno. Y obviamente eran la lucha contra el hambre, la inflación y los costos de producción. Para esto el Gobierno tiene herramientas que les hemos sugerido fortalecer: la primera de ellas son los 80.000 millones de pesos que le dejó el gobierno anterior para el tema de los insumos y que justamente se empieza a usar esta semana. Allí nosotros respetuosamente le sugerimos que focalizara esos recursos en un sector o en dos de aquellos que son cultivos de ciclo corto y que más le están pegando a la inflación de los colombianos con menores ingresos. Y obviamente van a utilizar esa plata, pero según lo que ya entendemos, lo van a distribuir en más sectores para tratar de beneficiar a 120.000 productores. Segundo, bajar el costo de la tasa de interés para el crédito agropecuario, pues la gente está con el agua al cuello literalmente y le vale más cada hectárea sembrada de papa, de arroz o de naranjas. Y para eso tiene una herramienta que es el subsidio a la tasa de interés de las líneas especiales de crédito de Finagro. Les hemos solicitado que la apropiación presupuestal para 2023 sea bastante sólida.

Tercero, el seguro agropecuario: ya entrados en gastos en esta situación climática, obviamente lo ideal es que la gente no tenga un daño por el tema de las lluvias, pero si lo tiene, por lo menos que cuente con un seguro y el Gobierno históricamente tiene un programa de subsidio a las primas de seguro de los pequeños productores, pero el presupuesto nunca es suficiente, sobre todo, para una situación de la magnitud como la que estamos viendo en este momento. Y ahí también le hemos dicho: por favor se requiere más dinero; y pues ya estamos esperando que el Gobierno tome las decisiones porque la conjunción de estos instrumentos puede ayudar a mitigar lo que se está presentando y lo que pueda ser el futuro del primer semestre del año entrante tanto en materia de producción como de costos para nuestros productores.

SEMANA: usted mencionó al principio de la conversación un tema sobre la afectación en las vías. ¿Cómo están sacando los productos de algunas zonas donde las vías secundarias y terciarias o incluso las autopistas están muy afectadas? ¿Qué está pasando con la logística y la operación de los cultivos?

J. E. B.: eso es un drama total porque prácticamente tiene que esperar a que llegue la maquinaria amarilla de la alcaldía o del concesionario, para hacer las labores de limpieza de la vía, si es que no hay que reconstruir el pedazo dañado para poder volver a transitar. En algunas zonas los productores encuentran los camiones, dependiendo de donde sea el derrumbe, y pasan carga de un lado al otro. Pero hay gente que no puede salir. El gobernador de Santander decía que se estaba incrementando en 50 % el costo de algunos productos de la canasta básica como consecuencia de lo que estaban viendo en materia invernal, no solamente por la afectación a los productores, sino a las vías terciarias. Definitivamente es una situación que preocupa, porque nuestras montañas son muy frágiles y eso puede ocurrir en cualquier parte del territorio nacional. Y yo quiero resaltar lo que dijo la directora del Ideam: hay una probabilidad de más del 72% de que el Fenómeno de La Niña se extienda hasta febrero del año entrante, casi quedarían tres inviernos pegados, según ella misma lo ha dicho.

SEMANA: ¿en este escenario qué va a pasar con la inflación de alimentos que ha sido el rubro que ha jalonado el costo de vida?

J. E. B.: no quiero ser ave de mal agüero y tampoco quiero ser fatalista. De verdad que uno quisiera que los precios de la comida volvieran a niveles de lo que teníamos antes de la pandemia y que no se perdiera la rentabilidad de los productores; pero con esta tormenta perfecta el escenario no es el más prometedor. Nosotros en la SAC creemos que, si se sigue manteniendo la tendencia en el dólar, el invierno y el del costo del crédito, evidentemente habrá no solo más costo de producción, sino más gente que salga del circuito productivo. Eso puede implicar que para algunos sectores haya menor oferta de producto, evitando que los precios bajen. ¿Cómo bajan los precios? Si hay más oferta o si la demanda se restringe un poco. Pero hay que tener en cuenta que de estos fenómenos que afectan los costos de producción, al menos dos son globales y con eso el Gobierno no tiene mucho para hacer. No hay chequera que aguante para atender las problemáticas que se derivan de los costos de los insumos en el mercado internacional, pero hay herramientas de mitigación. Creo que el principio del año puede ser complicado si es que de aquí a final de año no afloja el tema de las lluvias y si no se modera la tasa de cambio y la tasa de interés.

SEMANA: advierte usted el papel del Banco de la República para restringir el consumo; sin embargo, la gente tiene que comer y no va a dejar de hacerlo. Dejar de comprar alimentos pareciera no ser una opción…

J. E. B.: es que no es una opción porque además Colombia tiene millones de colombianos, que solo tienen una comida diaria y muchos otros no tienen ninguna. Entonces bienvenidos los programas de lucha contra el hambre del Gobierno nacional, que es darle caja a la gente para que pueda comprar, pero aquí lo que tenemos que garantizar es que la producción de alimentos no se desestimule y para eso creemos que el Gobierno tiene que hacer uso de los instrumentos que le he mencionado anteriormente que sí requieren chequera. Esa es la triste realidad, no hay nada que hacer, pero ya depende de lo que el Gobierno quiera. O que ocurra un milagro, deje de llover, baje la tasa de cambio, baje la tasa de interés y volvamos a regularizar de alguna manera el circuito de producción.

SEMANA: hay dos palabras que para algunos sonarían como sinónimos, pero para otros hay una gran diferencia: escasez y desabastecimiento. ¿Ante qué nos estamos enfrentando y en qué productos?

J. E. B.: no quiero entrar en un fenómeno de especulación porque eso hay que administrarlo con mucha responsabilidad. Creo que se pueden presentar reducciones en la oferta de algunos productos en algunos meses del año, si las condiciones se mantienen; dos, si esto fuera un tema de mucha mayor magnitud para algunos productos pues sí habría problemas serios, mire lo que nos pasó con la papa en 2021, después de que en 2020 los productores literalmente salieron a regalarla a las carreteras y ahora el problema es que el precio puede estar muy alto y los costos también están muy altos. Habrá dificultades, pero usted sabe que en Colombia las cosas cambian de un momento a otro.

SEMANA: ¿qué recomendación le han dado al Gobierno?

J. E. B.: que sin perjuicio de buscar contribuir y ayudarle a todo el sector agropecuario, traten de enfocarse en productos como arroz, papa, yuca y plátano que son muy importantes en la dieta los colombianos; y en la parte de la proteína origen animal, pues ahí está la leche, la carne, el pollo, el huevo y la res, particularmente. Y enfocarse mucho en los que más les marcan a los colombianos de menores ingresos en materia de inflación.

SEMANA: ¿qué va a pasar después del invierno?

J. E. B.: el agua, como todos sabemos, es muy necesaria para la producción agropecuaria, pero el exceso de agua también complica la vida productiva de las plantas y pueden aparecer enfermedades. Eso implica que se reduce la productividad, que tiene que tratarlo con insumos para el control de enfermedades o de plagas y esos son más costos porque no necesariamente se producen en el país. Es un escenario muy incierto porque no está lloviendo igual en todo el país. Nuestra producción agropecuaria está bien distribuida en las diferentes zonas geográficas de Colombia, pero yo permanentemente escucho la preocupación de productores de todos los sectores diciendo que se nos está reduciendo la productividad, aquí está lloviendo mucho, ojalá esto nos dé un respiro. Pero, además, en enero vendrían las heladas que les puede complicar la existencia a los productores de leche y de papa.

SEMANA: el otro tema es el dólar. ¿A qué precio es viable o no para un agricultor tener una tasa de cambio tan alta?

J. E. B.: es viable para los que exportan porque de alguna manera ellos sí son los verdaderos beneficiados; no obstante, también sus costos se incrementan proporcionalmente porque los insumos son importados. Pero así fueran insumos nacionales serían más costosos por una simple razón, porque usted se va al precio de lo que se llama paridad de importación, si el insumo viene de afuera, el nacional no lo va a vender muy por debajo de lo que está el precio del internacional.

SEMANA: ¿cómo es esa estructura de costos?

J. E. B.: le doy un par de cifras. En el caso de los fertilizantes y agroquímicos pueden llegar a pesar según la estructura de costos de producción de diferentes tipos de cultivos -como el arroz, la papa, el plátano y demás-, hasta el 40 % de los costos de producción y obviamente después está la mano de obra. Y en el caso del sector pecuario, es decir para pollo, huevo, cerdo y demás, los insumos que son importados pueden llegar a pesar en la formulación del alimento concentrado hasta el 75 % del costo de una unidad de huevo o en un kilo de cerdo. Todo lo que ocurra con el dólar va a pegar muy duro siempre si los precios en dólares de los insumos se mantienen constantes o inclusive si llegan a bajar demasiado, pues podría llegar a compensar la tasa de cambio, pero eso no lo hemos visto este año. Por ejemplo, la importación de fríjol, soya o del alimento del maíz amarillo y demás puede tener unas variaciones que vienen desde el 28 hasta el 30 % entre enero y agosto, según las mismas cifras de Dane, y en el caso de los fertilizantes si bien al menos en septiembre y octubre puntualmente, pareciera que hubo una reducción, en el agregado del año corrido, seguíamos estando por encima del 25 a 26 %.

SEMANA: ¿qué tanto se traslada a ese incremento al consumidor?

J. E. B.: hay una gran especulación sobre lo qué pasa. No es que el productor diga ‘me subió en costo 28 % entonces mañana subo el precio el 29 % o el mismo 28 %’, porque el precio de la comida en Colombia depende de la oferta y de la demanda y también de lo que ocurra con los productos sustitutos. El mercado de alguna otra manera es lo que se empieza a mover. No descarto que haya gente desafortunadamente en los canales de comercialización que se prendan del dólar para hacer algo de especulación. Y como lo he dicho en algunas oportunidades dólar costoso hoy, no significa alimentos más costosos mañana porque entre que la adquisición del insumo importado y el proceso de producción y posterior comercialización pueden pasar meses o semanas y eso depende mucho de los inventarios que existan. ¿Qué quiero decir con esto? Que el mecanismo de libertad vigilada del Gobierno es la mejor herramienta y la hemos solicitado desde el gobierno anterior para que la implemente en tiempo real y de forma pública para todo el mundo, de tal manera que la gente sepa lo que está pasando con los insumos y se pueda predecir lo que puede ocurrir en materia de oferta, al menos de los productos del sector agropecuario.

SEMANA: ¿usted está de acuerdo con el control de precios?

J. E. B.: para nada, Argentina lo ha vivido, Venezuela lo ha vivido. La literatura internacional es lo suficientemente extensa en eso y las pruebas ácidas. Cuando controla o fija precios por decreto lo que genera es escasez y más inflación, así como cuando usted dice voy a poner aranceles para proteger el sector lo que genera es más inflación. Creo que esas discusiones y esos anuncios hay que darlos con la mayor responsabilidad porque no me imagino un escenario como lo que ha pasado en Argentina o lo que ha pasado en otros países donde se dedicaron a fijar precios y eso es lo que al final del día le terminan saliendo más costoso a los consumidores más vulnerables.