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Claudia Varela
Claudia Varela - Foto: SEMANA

Divas

Los líderes no son divas. La inspiración no está en las divas, está en seres de mayor valor desde lo genuino.

Por: Claudia Varela

Quisiera tipificar una categoría de personas que existen en nuestro diario vivir organizacional, social, comunitario. Las famosas divas que no son solo actrices y actores de Hollywood, sino seres humanos que buscan todo el tiempo el brillo de la luz sobre ellos (as).

He descubierto varios y varias (hoy la discusión no es de género sino de humanos) cuya conducta me hace pensar que son divas para sí mismos. Que no ceden ante la tentación de ser reconocidos y de tener una luz que los muestre más.

Voy a hacer una reflexión de las divas que andan hoy y que en realidad han estado siempre por ahí, solo que quizás no eran tan notorias por temas de visibilidad evidente por las redes sociales y las nuevas formas de interactuar y generar networking.

Te pido que leas con cuidado y antes de pensar en los demás, observes en un espejo que tan diva eres tu mismo. Esa es la primera señal, justamente. Cuando sientes que todos los demás tienen la culpa de todo, son los que hacen mal las cosas, son los que te juzgan y no te entienden, estás encaminándote de manera exitosa a la universidad de la diva. Digamos que vas en primer año de carrera profesional.

Las divas, además de encontrar siempre culpables, hacen un proceso continuo de negación permanente de su propio ego. Siempre se dicen humildes, sencillas, calmadas, enfocadas. Siempre se piensan tremendamente entregadas a los demás y hacen negación de la luz que quieren tener encima. Pero buscan esa luz a toda costa.

Otra característica de este perfil tan recurrente en las organizaciones, es que normalmente no se dejan ayudar. Su voz es la única válida y si alguien pretende hacerle caer en cuenta de sus malos pasos, simplemente no le vuelven a hablar a esa voz equivocada que lo único que le tiene es “envidia”.

A las divas les encanta el reconocimiento, los premios, las redes sociales. Mostrarse por uno y otro lado con excusas de trabajo, la importancia de las marcas que representan o quizás de sus principales benefactores. Pero aman profundamente que las vean como modelos, como roles que todo el mundo quisiera apropiar.

Las divas caminan por el mundo con la verdad absoluta debajo del brazo. Le sonríen a todos los que tengan que sonreírle por un acto más de egoísmo que de verdadera conexión con otros. Aman de tal manera que les digan lo maravillosas (os) que son que le dan gusto a todos aquellos que sean útiles para sus propósitos individuales.

Las divas no son conscientes de que son divas y de que muchos se dan cuenta. Pueden usar artilugios de manipulación con el único fin de lograr reconocimiento, de que le digan lo maravillosas (os) que son y como el mundo es mejor desde que ellas (os) existen. Por tal motivo suelen rodearse de personas que les aumentan el ego, no les llevan la contraria y tienen menos poder de decisión que ellas (os).

Por último, las divas modernas son las peores enemigas, es mejor tenerlas cerca. Están tan convencidas de su propia verdad que harían como la madrastra de Blanca Nieves con tal de ser la más bonita(o) del reino.

Como bien sabemos los seres humanos tenemos de todo un poco, luz y oscuridad. Así que no veamos a las divas como algo lejano porque, seguro, en alguna oportunidad hemos jugado a la diva o hemos querido serlo. La reflexión hoy es a mirar para adentro un rato y observar que tanto tenemos de estas características en nuestra vida y cómo podríamos gestionarlo mejor. Porque si algo no logran las divas profesionales en el largo plazo, es la propia armonía y la gente que las quiera de verdad.

Los líderes no son divas. La inspiración no está en las divas, está en seres de mayor valor desde lo genuino. Pregúntate que tan diva serias si te cambian de ambiente, de repente, de país, de equipo, de posición en la empresa que trabajas.

Como bien dijo Montaigne en el trono más alto del mundo todavía nos sentamos en nuestro propio trasero.