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| 11/8/2019 3:04:00 PM

¿Cómo algunos deportistas colombianos lograron una beca por buen rendimiento deportivo?

El tenista Robert Farah –campeón de dobles en Wimbledon y el Abierto de Estados Unidos junto con Juan Sebastián Cabal– estudió en Estados Unidos gracias a las becas que otorgan las universidades en ese país por rendimiento deportivo. ¿Qué tan difícil es acceder a estos incentivos?

¿Cómo algunos deportistas colombianos lograron una beca por buen rendimiento deportivo? Robert Farah es uno de los tantos deportistas colombianos que estudió en el exterior gracias a una beca deportiva. Foto: Atsushi Taketasu/AFP
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Semana Educación

Solo hace un par de meses, Colombia vibró con dos de las gestas deportivas más importantes de su historia reciente. Robert Farah y Juan Sebastián Cabal lograron el título de dobles masculinos en el emblemático torneo de tenis de Wimbledon y luego triunfaron en el Abierto de Estados Unidos.

No recorrieron un camino fácil para convertirse en uno de los equipos de dobles más importantes del mundo, y construyeron sus historias desde los torneos juveniles e infantiles. Sin embargo, el caso de Farah tiene un ingrediente adicional, al que hoy muchos jóvenes con talento y capacidad le apuestan. Forjó su carrera deportiva y académica gracias a una beca que le otorgó una universidad en Estados Unidos.

A los 18 años, este caleño aceptó el ofrecimiento de la Universidad del Sur de California (USC), una de las mejores del país en los ámbitos atlético y académico. Allí ganó tres veces el torneo de la Asociación Nacional Deportiva Universitaria (NCAA). Obtuvo dos de estos títulos en la categoría de sencillos y uno más en dobles. Además, lo declararon el mejor jugador del año de la Conferencia PAC 12 en dos ocasiones.

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Durante esos cuatros años en la universidad tuvo una beca completa que incluía estudio, vivienda y dinero para mantenerse en Los Ángeles. Asimismo, le daban facilidades de tiempo para combinar las actividades académicas con las deportivas. Robert se graduó de Economía y, pese a no haber cumplido su objetivo de ser corredor de bolsa, ha tenido una brillante trayectoria en el tenis. “La carrera que sea ofrece una apertura de mente y conocimiento del mundo. La disciplina de estudiar le ha aportado mucho a su desarrollo deportivo”, dice Patrick Farah, padre de Robert, quien influenció su decisión de optar por la beca universitaria.

¿Qué buscan las universidades?

En Estados Unidos, el deporte universitario es una industria millonaria. Canales tan importantes como ESPN transmiten sus eventos, que en algunas ocasiones generan más interés que las ligas profesionales. En 2018, la NCAA tuvo ganancias superiores a 1.000 millones de dólares –cerca del 75 por ciento de estos recursos– gracias al torneo universitario de baloncesto conocido como ‘March Madness‘ (la locura de marzo). En este campeonato participan las mejores 68 universidades de la División I del país, que se enfrentan en duelos directos por el sistema de ‘muerte súbita’. 

Sin embargo, los estudiantes que participan en los eventos de la NCAA no reciben ni un dólar como recompensa. Esto debido a la regla del amateurismo que prohíbe a los atletas estudiantiles recibir pagos a menos de que se declaren profesionales.

Pero más allá de la vitrina, el deporte se convierte en una alternativa de formación profesional, en especial para deportistas con talento que no cuentan con los recursos para pagar una carrera universitaria en Estados Unidos –cuya matrícula puede llegar a los 50.000 dólares al año–.

Ese es el caso de Camila Tapias. La joven de 24 años cursa su maestría en la Universidad George Washington, en donde también hizo su pregrado. Financió ambos estudios gracias a una beca completa.

Camila lleva el baloncesto en la sangre. Nació en el hogar de José Tapias, técnico y presidente del equipo Piratas, de Bogotá, y Jenny Pinilla, una de las jugadoras más importantes de la historia de la Selección Colombia y ahora entrenadora.

Desde niña, Camila jugó baloncesto al mejor nivel del país y ha integrado la Selección Colombia en todas sus categorías. Cuando era adolescente asistió como invitada a campamentos en los que los reclutadores se percataron de su talento, y recibió una beca en la Academia IMG.

A la Academia van atletas interesados en complementar sus estudios con un alta calidad deportiva. Después recibió invitaciones de varias universidades, pero eligió el George Washington, un claustro de excelente nivel deportivo y sobre todo, académico. Camila forma parte de la clase más ganadora de la historia del programa de baloncesto en su universidad. Han salido victoriosas en tres campeonatos de conferencia.

Pero más allá de los logros como atleta, Camila se ha destacado en el ámbito académico y ha recibido diversos premios: estuvo en la lista de honores en seis de sus ocho semestres, con promedios superiores a 3,5 sobre 4. También recibió el reconocimiento Arthur Ashe, premio para los estudiantes que se destacan en diferentes áreas. Y en su último año ganó el premio Red Auerbach, el galardón más importante para un atleta-estudiante en esta universidad.

Cuando iba a terminar su carrera, Camila se encontró con la disyuntiva de seguir como basquetbolista o elegir el camino académico. Optó por lo segundo y aceptó una beca completa para cursar la maestría.

¿Por qué lo decidió así? El baloncesto en Colombia está lejos de ser profesional, y solo los estudiantes sobresalientes reciben este tipo de oportunidades. Camila ahora está enfocada en sus estudios de administración pública mientras trabaja en la universidad.

Un factor clave a la hora de tomar una decisión de este estilo es la vida útil de los deportistas, que tienen una carrera más corta frente a otros oficios o puede acabarse en cualquier momento por una lesión.

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“Yo siempre he tenido en mente jugar como profesional y representar a mi país; pero después de haber terminado mis estudios lo reevalué. En 2014 tuve una cirugía de rodilla. Tomé la decisión de que me quería dar un descanso después de años de no parar”, cuenta la basquetbolista. Ella, sin embargo, sigue entrenando con la ilusión de volver a la Selección Colombia.

El camino de los golfistas

Quien quiera dedicarse al golf debe casi obligatoriamente pasar por la universidad. Los principales exponentes de esta disciplina en Colombia han cursado carreras en Estados Unidos. Camilo Villegas, Sebastián Muñoz, Marcelo Rozo y Andrés Echavarría, por ejemplo, han jugado en el ámbito colegial antes de iniciar su carrera profesional.

Nicolás Echavarría, que actualmente compite en el Korn Ferry Tour, la categoría previa al PGA Tour, estudió en la Universidad de Arkansas, donde se graduó de Relaciones Internacionales. Solo allí pudo crecer en su nivel golfístico. Para él, estudiar en el exterior ofrece muchas ventajas. “Es muy importante tener educación, porque uno nunca sabe cuándo el deporte no va a funcionar. Además, graduarse de una universidad en Estados Unidos ayuda en la hoja de vida. En la parte deportiva, competir cuatro años de universidad es fundamental porque el nivel es muy alto; en especial en el golf, pues uno se enfrenta a los mejores golfistas universitarios de Estados Unidos y del mundo”.

¿Cómo lograrlo?

Conseguir una beca no es fácil, ya que requiere competir con miles de deportistas que cada año se gradúan en los colegios de Estados Unidos y de otros países. Sin embargo, los colombianos pueden llegar a demostrar un gran nivel en algunas disciplinas: fútbol, golf, natación y tenis, por ejemplo.

Rodolfo Varela, director de Match Point, tiene una alianza con la compañía AGM Education de España, que se dedica a contactar posibles becados con universidades potencialmente interesadas. De acuerdo con Varela, hay dos componentes claves para alcanzar una beca.

El primero, demostrar un alto nivel deportivo. En el caso de disciplinas de marcas como el atletismo, hay que tener los récords o tiempos alcanzados. En juegos como el fútbol conviene tener videos que permitan apreciar las cualidades de los atletas.

También pesa el hecho de haber integrado una selección local o de un país. Y en algunos casos, es bueno resaltar los clubes deportivos en los que se ha formado el atleta.

Asimismo, se debe tener un buen nivel académico. Las universidades exigen calificaciones mínimas en dos exámenes: el SAT y el TOEFL. El SAT, una especie de prueba Saber 11, se enfoca en la capacidad de aprendizaje de la persona. Mientras tanto, el TOEFL mide el conocimiento de inglés. Los aspirantes deben tener capacidades en el idioma para cumplir con las exigencias de sus cursos universitarios.

La calidad de la beca depende del grado deportivo del atleta. Los deportistas excepcionales reciben becas completas y pueden aspirar a las universidades más importantes. Por su lado, los destacados pero sin tanto nivel pueden apuntarle a varios porcentajes y clases de apoyo.

Hay quienes reciben becas pero necesitan el apoyo de sus padres o de un tercero para completar sus estudios. Es importante tener en cuenta que no en todas se subvencionan los gastos para necesidades básicas como la alimentación o la vivienda.

Varela ha ayudado a más de 150 atletas colombianos a llegar a la universidad con becas deportivas. Recomienda a los padres que luchan por este sueño que preparen a sus hijos desde pequeños, y no solo en el ámbito deportivo, sino también en el académico. No haber estudiado inglés puede frenar en seco cualquier aspiración.

Según Varela, podría haber más becados. No obstante, muchos subestiman al deporte universitario y no lo ven tan competitivo como el profesional, lo cual resulta contradictorio. De los 1.018 deportistas que compitieron en los Juegos Olímpicos de Río, 223 formaron parte en algún momento de la NCAA.

La mayoría de padres ignora que sus hijos tienen el potencial para lograr sus sueños mediante una disciplina deportiva. Y cuando lo saben, no tienen presente que solo la dedicación y las ganas de emprender un proyecto de vida que gire alrededor del deporte les permitirá llegar a la meta. Una alternativa que ya ha mostrado resultados.

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