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Proponen plantaciones forestales como oportunidad de empleo en la pospandemia

Colombia cuenta con 24 millones de hectáreas aptas para el establecimiento de plantaciones forestales, que representan 52 por ciento de la frontera agrícola nacional. Sin embargo, el área plantada a la fecha sólo es de 516.461 hectáreas. ¿Qué hace falta?


La pandemia por el coronavirus desató una crisis económica y social mundial, un panorama que requiere de la puesta en marcha de nuevas alternativas y planteamientos para lograr su reactivación y que, para el caso de Colombia, debe tener a los bosques como uno de sus mayores protagonistas, tanto para salvaguardar la diversidad biológica como para generar riqueza y empleo rural.

Según Manuel Rodríguez, primer ministro de Ambiente del país y docente de la Universidad de los Andes, el año pasado el Foro Nacional Ambiental (FNA) le propuso al Gobierno la creación de un plan nacional de bosques para el periodo 2020 y 2030, “a raíz de los anuncios que hizo en presidente Iván Duque en Davos sobre la plantación de 180 millones de árboles. El Gobierno aceptó y ha venido elaborando el plan, pero no con la suficiente aceleración”.

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Para Rodríguez, que preside el FNA, esta estrategia debe incluir factores como detener la deforestación, la mayor problemática ambiental en Colombia, y lograr una restauración ecológica de los bosques y suelos degradados. “También es necesario una gestión sostenible de los bosques naturales, una agenda en la que Colombia está muy atrasada y que requiere de una política con mecanismos e incentivos para beneficiar a las comunidades”. 

24 millones de hectáreas en Colombia son aptas para el establecimiento de plantaciones forestales comerciales. Foto: Jhon Barros.

El desarrollo de sistemas silvopastoriles representa una oportunidad para que la ganadería sea más productiva y con mayor carga de cabezas de ganado por hectárea y proteger la diversidad biológica en los ecosistemas pecuarios. “Más de 100.000 hectáreas en Colombia se han transformado a través de proyectos pilotos silvopastoriles exitosos, pero a una escala que no es suficiente para que genere empleo y creación de riqueza y uso y manejo sostenible de los bosques”, expresó Rodríguez.  

En el sexto encuentro por los bosques del Foro Nacional Ambiental varios expertos ahondaron en otra alternativa que puede representar una oportunidad para la reactivación económica durante la pospandemia: las plantaciones forestales comerciales, una agenda que, según Rodríguez, marcha a paso lento en Colombia.

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Llevamos años diciendo que Colombia tiene suelos adecuados para generar riqueza con estas plantaciones, una alternativa que le quita la presión a los bosques naturales, genera una industria de importación y fortalece la cadena de valor para la producción de madera; pero todo esto ha sido abordado a una escala demasiado pequeña”. 

Leiber Peñaloza, experto de la Fundación Natura, recalcó que las plantaciones forestales requieren de varios factores como una política, asistencia técnica, paquetes tecnológicos de las especies aprovechadas, participación de grandes medianos y pequeños productores, tecnología de aprovechamiento y espacios de comercialización, “factores en los que Colombia ha avanzado en algunos aspectos”.

43 por ciento de la madera en Colombia es ilegal. Foto: Cormacarena.

Cifras insípidas

Juan Gonzalo Botero, viceministro de asuntos agropecuarios del Ministerio de Agricultura, informó que Colombia cuenta con 24 millones de hectáreas aptas para el establecimiento de plantaciones forestales comerciales, que representan 52 por ciento de la frontera agrícola nacional. Sin embargo, el área plantada a la fecha sólo es de 516.461 hectáreas.

El consumo per cápita en Colombia es de 13,8 metros cúbicos por 1.000 habitantes, cifra que en Chile llega a 315,8 y en Ecuador a 54,7. La balanza comercial en el país es deficitaria: en 2019, la exportación de madera fue de 264.519 metros cúbicos y la importación de 669.320 metros cúbicos provenientes de Chile y Canadá, un 81 por ciento en tableros y fibras de madera.

Aunque las cifras de las plantaciones forestales en el país son insípidas, Botero resaltó que son una alternativa fundamental para la economía y el desarrollo sostenible. “Generan empleo directo, capturan gases de efecto invernadero, disminuyen la presión por la tala ilegal de los bosques naturales, controlan los procesos erosivos, recuperan las áreas degradadas y producen biomasa para la generación de energía”.

El Plan Nacional de Desarrollo del actual Gobierno cuenta con tres metas sobre plantaciones forestales:

- Aumentar en un uno por ciento la participación de la economía forestal en el PIB nacional (hoy en de 0,6 por ciento)
- Incrementar en 122.000 hectáreas el área de reforestación comercial a 2022 
y llegar a 1,5 millones de hectáreas en 2030
- Generar áreas con transformación productiva planificada a través de iniciativas clúster forestal.

Las plantaciones de palma en Colombia han causado controversia por su impacto ambiental. Foto: Corficolombiana.

“El Ministerio de Agricultura reconoce a las plantaciones forestales de aprovechamiento económico como una cadena con todos los lineamientos. Este año, los recursos del Certificado de Incentivo Forestal (CIF) en el presupuesto fueron bastante escasos, como 5.100 millones de pesos”, dijo Botero.

El año pasado, la resolución 189 de MinAgricultura adoptó los lineamientos de política de las plantaciones forestales comerciales y su plan acción, documento para la cadena productiva forestal y la consolidación de clúster forestal en 2038. “Tenemos varios incentivos tributarios como rentas exentas hasta 2036 para el aprovechamiento de nuevas plantaciones y procesamiento de madera; y rentas exentas para las zonas más afectadas por el conflicto armado en 344 municipios hasta 2027”, complementó el funcionario.

El viceministro considera crucial consolidar alianzas para que las plantaciones forestales crezcan con empresas reforestadoras, el sector minero y FINAGRO. “Una alianza con el sector minero podría arrojar inversiones en plantaciones o compra de bonos de CO2 y con FINAGRO la promoción del crédito para el sector forestal. Hay un proyecto piloto con la Oficina del Alto Comisionado para la Paz para plantaciones en 1,2 millones de hectáreas en Córdoba y Antioquia”.

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Felipe Fonseca, director de la Unidad de Planificación Rural Agropecuaria (UPRA), destacó la consolidación de la política para la cadena de plantaciones forestales comerciales, que salió a la luz en 2018. “Es absurdo que Colombia esté importando madera cuando tiene un enorme potencial. Esta política cuenta con los lineamientos y un plan de acción que reúne 30 proyectos, 12 programas y 136 tareas puntuales, con un presupuesto de 5.259 billones de pesos para los próximos 21 años”. 

Esta hoja de ruta es una articulación entre los sectores público y privado y los gremios. “A la fecha tenemos 568.000 hectáreas establecidas con estas plantaciones, que sólo representan 2,1 por ciento del potencial. La meta es llegar a 1,5 millones de hectáreas en 20 años, su mayoría en las regiones Caribe, el Eje Cafetero y la Orinoquia”.

Fonseca afirmó que el punto de partida para la selección de las áreas aptas para este tipo de plantaciones es la frontera agrícola, que abarca 39,2 millones de hectáreas y representa 34,4 por ciento del territorio nacional. “Esa frontera arroja los sitios donde se deben hacer los desarrollos agropecuarios y define las áreas de bosque para la conservación, que suman 60,5 millones de hectáreas”.

Según los expertos, las plantaciones comerciales le quitarían presión a los bosques naturales. Foto: Jhon Barros.

Sí hay beneficios 

Nicolás Pombo, gerente de la división forestal en Smurfit Kappa, presentó un drástico panorama sobre la pérdida de la cobertura boscosa en Colombia. “Hace 300 años, el país estaba totalmente cubierto por vegetación y 150 años después empezaron a consolidarse puntos blancos en las regiones Andina y Caribe. El 80 por ciento del territorio nacional tiene vocación forestal, pero hoy sólo 53 por ciento está cubierto por bosque. En 2019 perdimos 159.000 hectáreas de bosque natural, una tasa alta, y el 43 por ciento de la madera en Colombia es ilegal”.

Para el experto, la falta de cobertura vegetal produce incontables inundaciones y ha generado que 40 por ciento del país tenga algún grado de erosión. “Estamos perdiendo el suelo. Sumado a esto, Colombia gasta enormes cantidades de dinero dragando los puertos de Barranquilla y Buenaventura para el ingreso de los barcos, mientras que el río Magdalena le inyecta 300 millones de toneladas de sólidos en suspensión al océano Atlántico”.

Pombo considera que el país necesita trabajar en cinco estrategias para darle un vuelco a la hecatombe ambiental:

- Sistemas silvopastoriles
- Reforestación comercial
- Restauración ecológica
- Gestión sostenible del bosque natural
- y una lucha sin cuartel contra la deforestación.

“Más de 7,3 millones de hectáreas son aptas para la reforestación comercial sin restricciones, pero solo tenemos 0,5 millones de hectáreas con dicha actividad. Esto se debe principalemente a que hay más de 33 millones de hectáreas con ganadería extensiva, cuando esa vocación solo abarca 10,2 millones. Ahí están las zonas donde podíamos desarrollar las plantaciones forestales comerciales”.

Las plantaciones forestales comerciales aún no despegan en Colombia. Foto: Corficolombiana.

Los beneficios de las plantaciones ambientales han pasado de agache en Colombia, como la contribuir a la regulación de caudales, prevención de inundaciones, protección del suelo contra la erosión, captura de CO2 y disminución de la presión sobre el bosque natural. “Una hectárea de plantaciones comerciales sustituye la oferta de madera de entre 10 y 30 hectáreas de bosque natural”.

En cuanto a lo social, estas plantaciones generan empleo y producen materias primas y productos terminados vitales para la educación, desarrollo y bienestar de las comunidades. “323.760 empleos son generados en la cadena forestal, de los cuales 177.232 son de estas plantaciones. Las ramas más altas de estos árboles son utilizados para combustible, las medias son maderas rollizas para fabricar postes y las bajas son aserrables”.

El gerente destaca que el 100 por ciento de la madera utilizada por la industria de la pulpa, papel y cartón en Colombia proviene de plantaciones forestales comerciales certificadas.”Sin embargo, el país tiene una balanza negativa es su cadena forestal, ya que las importaciones superan con creces las exportaciones”.

En Latinoamérica, Colombia es uno de los países más rezagados en plantaciones comerciales. La región cuenta con 13,8 millones de hectáreas con estas plantaciones, distribuidas en Brasil (7,2 millones), Chile (2,4 millones), Argentina (1,3 millones), Uruguay (un millón), Venezuela (0,7 millones) y Colombia (0,5 millones). “Países como Brasil y Chile son los que le venden la madera a Colombia”.

La palma africana ilegal crece en la reserva forestal de la Amazonia. Foto: Rodrigo Botero.  

Según Pombo, en el país existen paquetes tecnológicos para 10 especies comerciales con crecimientos biológicos demostrados y competitivos a nivel mundial, como eucaliptos, acacias, ceibas , laurel, melina, helecho, teca, abarco y pino. “También hay incentivos para la reforestación comercial y un gran mercado mundial. Siete países en el mundo pueden ampliar su frontera forestal, uno de esos es Colombia”.

¿Por qué el sector no despega? Para el experto, esto se debe a la incoherencia entre las entidades del Estado, el insuficiente o inadecuado sistema vial y de transporte y la informalidad de comercializadores de madera, transformadores y productores con prácticas de competencia desleal. 

Se requiere de una política de Estado para impulsar la reforestación comercial como una actividad estratégica del sector agroindustrial; promover la competitividad de los productos forestales por medio de infraestructura vial, ferroviaria y portuaria; coordinación de las entidades públicas y privadas; creación de clusters; seguridad física, jurídica, predial, tributaria y legislación ambiental coherente; y promover el consumo de madera legal”.

¿Afectan el agua?

Guillermo Vásquez, decano de la facultad de ciencias forestales de la Universidad Nacional, expresó que las plantaciones están envueltas en varios mitos y percepciones como que agotan las quebradas, son desiertos verdes, causan erosión, no abrigan la fauna silvestre, no albergan nada bajo sus árboles y toman todo el agua.

“La calidad del agua es producto del uso que se le de a la tierra rural de la cuenca hidrográfica y el tipo de intensidad de las intervenciones humanas, como el pastoreo, agricultura y silvicultura, que generan afectaciones por excretas, erosión, agroquímicos y residuos. Las plantaciones forestales son las de menor impacto, porque son usos permanentes con pocas intervenciones durante el periodo productivo”.

Los bosques plantados le devuelven agua a la atmósfera por medio de la evapotranspiración, aseguró Vásquez. “Toda el agua que consumen estos bosques regresa por este fenómeno. Sin embargo, las plantaciones no deben hacerse en áreas con precipitaciones inferiores a los 800 milímetros, como el bosque seco tropical

Los impactos generados a las cuencas hidrográficas son una de las percepciones que se tienen de las plantaciones forestales. Foto: Nicolás Acevedo Ortiz.

Cuando se desarrolla una plantación forestal sí hay una reducción considerable del agua en la zona por el consumo, pero con el paso de los años se restauran los caudales en las fuentes. “Hay que introducir en el manejo forestal el concepto de cuenca hidrográfica y mantener árboles de distintas especies y edades. Una cuenca debidamente ordenada y con diversidad de especies, arroja niveles bajos de consumo de agua”.

Vásquez recomienda no cosechar simultáneamente en toda la cuenca, es decir no más de un 30 por ciento, en épocas de baja precipitación y con una disposición in situ de los residuos de la cosecha. “Hay que hacer una definición muy precisa de las vías y caminos para la extracción y un adecuado manejo de los combustibles, desechos líquidos y sólidos”.

Obstáculos jurídicos

No hay claridad del régimen jurídico aplicable para las plantaciones forestales comerciales. Así lo manifestó Ángela Amaya, docente e investigadora del departamento de derecho del medioambiente de la Universidad Externado de Colombia. 

“La legislación forestal es bastante completa, pero es muy diferente su realidad en el campo. La normatividad en esta materia data desde la época de Simón Bolívar, pero hay vacíos y obstáculos al momento de interpretarla como el paso del tiempo y cambios de las situaciones jurídicas, modificaciones en el régimen jurídico y una cultura forestal que ve como enemigas a estas plantaciones”.

Amaya precisa que desde el punto de vista técnico, económico, social y ambiental, las plantaciones forestales comerciales son una oportunidad viable para el desarrollo del país, pero para eso hay que impulsar el desarrollo del sector bajo una óptica de sostenibilidad y a través del punto de vista jurídico. 

El Caribe, Eje Cafetero y Orinoquia son las regiones con mayor potencial para las plantaciones forestales comerciales. Foto: Corficolombiana. 

“Hay una clara evolución del marco normativo forestal en Colombia, pero es necesario fortalecer la gestión, aplicación e interpretación de las normas en el territorio para que no sean obstáculos. Desde 2008 se hizo una diferenciación entre el sector ambiental y agrícola, el primer obstáculo para el sector forestal comercial”. 

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Entre los principales obstáculos jurídicos, la abogada destaca las diferentes interpretaciones o exigencias para el acotamiento de las rondas hídricas; la exigencia de permisos para la construcción de caminos forestales; cambios en el régimen y traslape con las reservas posteriores; e interpretaciones y aplicaciones por fuera de la normatividad.

“Tenemos las leyes, pero Colombia debería contar con un tipo de código forestal que abarque a los sectores ambiental y agropecuario y ambos se articulen en cuanto a las normas. Los casos pilotos podrían identificar las falencias, ajustes y dificultades y considerar a las plantaciones comerciales como una actividad sostenible a través del cambio de la cultura forestal”.

Una potencia

Jorge Berrío, ingeniero forestal de la Universidad Nacional, concluyó que las plantaciones comerciales en Colombia aún no son vistas como una potencia económica que a su vez beneficia los aspectos sociales y ambientales.

Potencias forestales como Chile, Brasil y Estados Unidos tienen como objetivo de desarrollo tener a las plantaciones e industrias forestales como un pilar dentro de su economía. Chile, por ejemplo, afirma que las plantaciones deben ser tan grandes como la metalmecánica o petroquímica”.

La teca es una de las plantaciones forestales comerciales que más se desarrolla en Colombia. Foto: Jhon Barros.

La madera ha acompañado a la humanidad desde la prehistoria. Hoy en día, según Berrío, 5.000 productos cotidianos son derivados de los árboles. “Las plantaciones forestales son un cultivo con un manejo intensivo, planificación, mejoramiento genético y cosecha. Por eso no se deben contemplar con la misma visión que se tiene para los bosques naturales”.

Berrío considera necesario replantear el chiqué de que toda la madera proviene de los bosques naturales. “Este año, según el Ministerio de Ambiente, se han movido más de un millón de metros cúbicos de madera proveniente de las plantaciones comerciales, versus no más de 145.000 de bosques naturales”.

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La cultura forestal no ha calado en el país, algo que para Berrío no tiene sentido cuando más del 50 por ciento está cubierto por bosques. “A pesar del enorme potencial que tenemos y de la vasta normatividad, carecemos de un servicio forestal. A las Corporaciones Autónomas Regionales se les olvida que su función es constituirse como entidades de desarrollo sostenible, pero prima el sentirse como autoridades ambientales”. 

Un gran cuello de botella actual es la situación política del país. “Ningún inversionista va a destinar capital y mucho tiempo en Colombia. Además, hay una inseguridad jurídica con relación a la tenencia de la tierra. El Estado debe establecer las reglas claras de juego, apoyar a los actores, hacer investigación forestal, que se ha debilitado mucho; asistencia técnica, material reproductivo y educación y capacitación hacia la parte de la productividad forestal, que hoy es un sector marginal”.