* Este es un contenido periodístico de la Alianza Grupo Río Bogotá: un proyecto social y ambiental de la Fundación Coca-Cola, el Banco de Bogotá del Grupo Aval, el consorcio PTAR Salitre y la Fundación SEMANA para posicionar en la agenda nacional la importancia y potencial de la cuenca del río Bogotá y sensibilizar a los ciudadanos en torno a la recuperación y cuidado del río más importante de la sabana.
Amarrado a un árbol con una cadena, con el cuerpo lleno de heridas y cicatrices y alimentándose con comida para humanos. Así fue encontrado a mediados de este año un mono cariblanco en en el patio de una vivienda del casco urbano del municipio de Villeta, Cundinamarca.
Los ojos del primate sólo expresaban una profunda tristeza. Los expertos de la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR) evidenciaron que el mono llevaba aproximadamente 23 años en cautiverio, dos décadas en las que recibió un trato similar al de una mascota.
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La presencia humana le causaba pavor al mono cariblanco, posiblemente por el maltrato al que fue sometido por sus captores. Por eso, el animal silvestre mostró un comportamiento agresivo durante su rescate, que contó con el apoyo de la Policía y los Bomberos de Villeta.

El mono cariblanco estuvo más de 20 años en cautiverio. Foto: CAR.
El primate fue trasladado al centro de fauna silvestre de la CAR en Tocaima para sanar sus heridas y traumas. Sin embargo, jamás podrá regresar a su hábitat natural por todas las secuelas derivadas del largo cautiverio. Los captores lo condenaron a permanecer de por vida en una jaula.
“Este mono es uno de los casos más dolorosos que hemos registrado. Más de 20 años de cautiverio y maltrato causaron consecuencias tan graves de improntación en el animal que su retorno al bosque no será posible”, dijo Carlos Bello, director de evaluación, seguimiento y control ambiental de la CAR.
Según el experto, las afectaciones a la fauna silvestre en cautiverio están relacionadas con el cambio en las condiciones de vida, lo que se refleja en el comportamiento del animal debido al encierro, repercutiendo en altos grados de improntación.

Los primates siguen siendo comprados por la ciudadanía para adoparlos como mascotas. Foto: CAR.
“Es decir que los animales silvestres adquieren hábitos que no son característicos de su especie, lo que a su vez les ocasiona un estrés que incluso puede inducir al automutilamiento; además, pierden la posibilidad de consumir el alimento adecuado que les permitirá su desarrollo”.
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Adicionalmente, los representantes de la fauna silvestre que son extraídos de su hábitat pierden la posibilidad de reproducirse, “limitando la biodiversidad y haciendo que se pierda la variabilidad genética. Esto termina por afectar las diversas especies presentes en el territorio, haciendo que alcancen algún grado de amenaza”, complementó Bello.

Los captores le cortan las plumas a las aves para evitar que escapen. Foto: CAR.
Más de 130 animales silvestres llegaron al centro de fauna de la CAR durante los meses de la cuarentena, muchas de las cuales no podrán regresar a su hogar nativo debido a las secuelas del cautiverio. Este año, 92 animales lograron retornar a sus sitios de origen: 28 mamíferos, 51 aves y 13 reptiles.
“El primer eslabón del tráfico de fauna silvestre es la captura de los animales en el hábitat natural, para luego ser comercializados y vendidos como si fueran mascotas. Por último terminan en manos de humanos que no les brindarán las condiciones adecuadas características de su entorno", dijo Bello.

Los mamíferos se acostumbran a la presencia de los humanos, lo que evita su regreso al hábitat natural. Foto: CAR.
La CAR le recuerda a la ciudadanía que tener un animal silvestre en cautiverio puede ocasionar castigos de tipo penal, como prisión entre 48 y 108 meses y multas económicas de hasta 35.000 salarios mínimos legales mensuales vigentes, según lo establece el Código Penal Colombiano.
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“Esto aplica para todas las personas que se apropien, introduzcan, exploten, transporten, mantengan, trafiquen, comercialicen, aprovechen o se beneficien de los especímenes, productos o partes de los recursos fáunicos, forestales, florísticos, hidrobiológicos, biológicos o genéticas de la biodiversidad colombiana”.

El cautiverio condena a muchos animales silvestres a permanecer de por vida en jaulas. Foto: CAR.
Según la entidad, la pena se aumentará de una tercera parte a la mitad cuando las especies estén categorizadas como amenazadas, en riesgo de extinción o de carácter migratorio o endémicas del territorio colombiano.
“Asimismo, la tenencia ilegal de fauna silvestre en cautiverio puede generar una sanción de tipo administrativo, en la cual la Corporación inicia un procedimiento de tipo sancionatorio”, apuntó Bello.
