Elecciones 2026

¿Apatía o desconfianza? La desconexión de casi 11 millones de jóvenes con la política tradicional

Con casi el 30 % del censo electoral, los jóvenes podrían definir la presidencia en 2026. Sin embargo, el desplome de la participación al 12% en 2025 enciende las alarmas.

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19 de marzo de 2026, 6:52 p. m.
El “voto Nini” (ni con unos ni con otros). muchos jóvenes ven en el rechazo a las figuras tradicionales de la política.
El “voto Nini” (ni con unos ni con otros). muchos jóvenes ven en el rechazo a las figuras tradicionales de la política. Foto: Semana

La aritmética electoral en Colombia es caprichosa, pero hay una cifra que no miente: 10,8 millones. Ese es el número de colombianos entre los 18 y 29 años habilitados para elegir al próximo presidente en 2026. Técnicamente, son el botín electoral más codiciado del país, capaces de poner un mandatario en primera vuelta si se lo propusieran. Pero en la práctica, el “gigante” prefiere quedarse en casa, y muestra de ello se evidenció en las elecciones de juventud de octubre de 2025, donde solo 1,5 millones salieron a votar.

Para el Estado, el problema es de pedagogía. El registrador nacional, Hernán Penagos, es tajante al señalar que el mayor reto es vencer la desconfianza y el desconocimiento de los roles ciudadanos. Según Penagos, los Consejos de Juventud deben ser “escuelas de liderazgo”, pero advierte una verdad incómoda: “Estar ausente de lo público no logra las transformaciones que quieren”.

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Desde las regiones, la visión es más crítica. Valeria Gómez, presidenta de la Asamblea de Juventudes Liberales en Caldas, aterriza la razón de ese desinterés en la falta de incidencia real.

“Existe una debilidad estructural, porque los Consejos de Juventud son principalmente consultivos. No hay obligación para que las autoridades adopten sus decisiones, lo que reduce drásticamente el incentivo para participar”, explica Gómez.

Es, en esencia, una generación que siente que su voz se escucha pero no se ejecuta. Un sentimiento que Mary Pérez, consejera departamental en Bolívar, resume con una advertencia de poder real. “Es normal que exista desconfianza por las promesas que no se cumplen, pero si no participamos, otros seguirán decidiendo por nosotros”.

El fracaso de la “Política TikTok” y la caricaturización del candidato

La nota discordante de 2026 es el marketing digital. Ante la desconexión, los candidatos tradicionales han optado por una estrategia de mimetismo que raya en lo artificial con bailes coreografiados, jerga juvenil impostada y contenidos que buscan la viralidad a toda costa. Pero los resultados sugieren que el joven de hoy detecta la falta de autenticidad de inmediato.

“No existe una relación directa entre popularidad en redes y respaldo electoral”, analiza Valeria Gómez. Y cita casos como el del influencer ‘Pechy Player’, quien a pesar de su masividad digital y canciones virales, no logró traducir los likes en votos para el Congreso. La lección parece ser que el contenido superficial puede generar visualizaciones, pero deslegitima la seriedad del candidato ante una generación que, según Gómez, está “mucho más aterrizada en las necesidades de su entorno”.

Ni Petro ni Uribe: la búsqueda de una identidad propia

En el escenario de la polarización, surge el fenómeno del “voto Nini” (ni con unos ni con otros). Lejos de ser un signo de ignorancia, muchos jóvenes ven en el rechazo a las figuras tradicionales una postura de vanguardia y crítica frente a la realidad del país.

No sentirse representado por los caudillos actuales no es un problema, sino una oportunidad de renovación. El reto para 2026 será quién logra convencer a esos 10 millones de que su voto no es un saludo a la bandera, sino el único mecanismo para que el país supere la lógica de la división permanente.