Elecciones 2026

Elecciones Colombia 2026: avances y desafíos para que el 8 de marzo la población con discapacidad pueda participar

En Colombia, ejercer el derecho al voto sigue siendo un desafío para miles de personas con discapacidad. Aunque hay avances en accesibilidad, las historias de Jeison Aristizábal y Germán Ramírez muestran que la inclusión democrática no depende solo de normas, sino de liderazgo, infraestructura y acompañamiento ético.

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6 de marzo de 2026, 5:56 p. m.
El voto en braille en Colombia no nació de la noche a la mañana. Sus primeros antecedentes se remontan a 1994.
El voto en braille en Colombia no nació de la noche a la mañana. Sus primeros antecedentes se remontan a 1994. Foto: ESTEBAN VEGA LA ROTTA

La democracia no se mide únicamente en el número de votos depositados en las urnas, sino en la posibilidad real que tienen todos los ciudadanos de ejercer ese derecho en igualdad de condiciones. Para muchas personas en condición de discapacidad (física, sensorial o cognitiva) el camino hasta el cubículo ha estado lleno de barreras invisibles. Ausencia de rampas, de materiales accesibles y de orientación clara han sido parte de una realidad que comienza a transformarse.

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Jeison Aristizábal es uno de los líderes que ha llevado esa conversación a escenarios nacionales e internacionales. Nacido en el Distrito de Aguablanca, en Cali, convirtió su historia personal, un diagnóstico de parálisis cerebral, sumado a una malformación en la cadera, en una plataforma de cambio social. En 2016 fue reconocido como Héroe del Año por CNN, un galardón que visibilizó su trabajo con jóvenes con discapacidad y lo proyectó como referente de inclusión en América Latina.

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Pero no se conformó con ese reconocimiento. Jeison ha impulsado programas de formación en inglés, lidera procesos educativos para jóvenes con discapacidad y trabaja en la consolidación de una apuesta ambiciosa: una universidad enfocada en formación técnica y profesional para esta población en la región. Su meta es impactar a millones de personas históricamente excluidas del sistema educativo formal. “Cuando una persona accede a una profesión u oficio, no solo cambia su vida, sino la de generaciones enteras”, sostiene.

Autonomía, información y liderazgo

Para Jeison el voto no es un trámite. Es un acto de responsabilidad. “Estar informado me permite tener una opinión política sólida. No se puede liderar sin criterio”, afirma. Su liderazgo implica orientar a personas y comunidades sobre la importancia de participar y tomar decisiones conscientes.

Inauguración Universidad Jeison Aristizábal para personas con Discapacidad.
Inauguración Universidad Jeison Aristizábal para personas con discapacidad. Foto: Aymer Andrés Álvarez

En su experiencia personal no ha enfrentado grandes obstáculos para votar, pero advierte que el sistema debe pensarse para todos. “No debería haber escaleras sin rampa ni barreras físicas que impidan el ingreso autónomo. La infraestructura hace que el derecho sea real o se quede en el papel”, enfatiza.

Germán Ramírez ofrece otra perspectiva sobre esa autonomía. Perdió completamente la vista a los 40 años por una retinitis pigmentaria y durante mucho tiempo dependió de terceros para ejercer su derecho al voto. La implementación de tarjetas en braille cambió su experiencia. “Para eso lo pido. Me gusta leerlo yo mismo. Eso da autonomía y dignidad”, dice. Aunque reconoce que el proceso puede tardar más cuando hay muchos candidatos, insiste en que ese tiempo es parte del ejercicio democrático. “Si no lo leo, no tendría sentido pedirlo”.

Germán Ramírez perdió completamente la vista a los 40 años por una retinitis pigmentaria y durante mucho tiempo dependió de terceros para ejercer su derecho al voto.
Germán Ramírez perdió completamente la vista a los 40 años por una retinitis pigmentaria y durante mucho tiempo dependió de terceros para ejercer su derecho al voto. Foto: Germán Ramírez

Ambos coinciden en que la inclusión no puede ser simbólica; debe sentirse en el proceso y en el respeto por la decisión individual.

La frontera más sensible: discapacidad cognitiva

Si para las personas con discapacidad física y sensorial los avances son visibles (tarjetas en braille, mejor organización y herramientas tecnológicas para ubicar mesas), el desafío mayor está en la discapacidad cognitiva. Jeison lo plantea con claridad: “Me preocupa especialmente esta población. Ellos requieren un acompañamiento cercano y responsable”.

La ley establece que la orientación debe estar en manos de un familiar o persona de confianza, pero el límite entre apoyo y sustitución de la voluntad puede volverse difuso si no existe claridad ética. Por eso insiste en la prudencia. “Es un tema delicado que exige respeto. El liderazgo implica responsabilidad con el país”.

Germán respalda esa visión desde su experiencia como ciudadano. Para él, la inclusión no se agota en el acceso físico o en el material adaptado. “No es solo imprimir una tarjeta en braille. Es entender cómo vivimos el proceso y cómo se respeta nuestro tiempo en el cubículo”, señala.

Colombia ha dado pasos importantes hacia una democracia más incluyente, pero el reto sigue abierto. Las historias de Jeison Aristizábal y Germán Ramírez demuestran que la participación democrática no es un privilegio, sino un derecho que exige garantías reales.

La historia del voto en braille en Colombia

El voto en braille en Colombia no nació de la noche a la mañana. Sus primeros antecedentes se remontan a 1994, cuando por primera vez se habilitaron tarjetas electorales accesibles para personas con discapacidad visual. La intención era sencilla pero poderosa: que pudieran leer la tarjeta por sí mismas y ejercer el derecho al voto sin intermediarios. Sin embargo, en las elecciones de 2002 ese material no se imprimió y la omisión terminó en los tribunales. Varias personas interpusieron acciones de tutela y el caso llegó a la Corte Constitucional, que ratificó que el Estado debía garantizar el voto secreto y autónomo también para quienes no pueden ver.

A partir de entonces, el proceso empezó a consolidarse con el trabajo conjunto del Instituto Nacional para Ciegos (INCI) y la Registraduría Nacional del Estado Civil. La producción y distribución de tarjetas en braille se fue incorporando de manera progresiva en distintos procesos electorales, desde elecciones presidenciales hasta comicios regionales y juveniles. No ha sido un camino exento de tropiezos logísticos, pero hoy la tarjeta en braille es una herramienta establecida dentro del sistema electoral y un símbolo de un principio básico: la democracia solo es completa cuando permite votar con independencia.

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