OPINIÓN

María Carolina Hoyos Turbay

Córdoba: cuando la solidaridad permanece después de los titulares

En esta columna, una reflexión sobre la diferencia entre la ayuda inmediata y la reconstrucción profunda tras una tragedia. A partir de la experiencia de la Fundación Solidaridad por Colombia, plantea que la verdadera solidaridad comienza cuando los titulares desaparecen y el país deja de mirar.
2 de marzo de 2026, 4:57 p. m.

Las tragedias tienen dos tiempos.

El primero es urgente. Visible. Conmueve.

El segundo es silencioso. Y es ahí donde realmente comienza la reconstrucción.

Hoy Córdoba, aunque aún está en los titulares, pronto pasará a esa segunda fase.

En esta etapa inicial de ayuda inmediata hemos acompañado ya a más de 500 familias que lo han perdido todo y que, literalmente, aún sienten el agua al cuello. Hemos entregado mercados, kits de aseo, medicamentos, botas y ropa básica. La atención inicial es indispensable. Sin ella, el hambre y la enfermedad llegan antes que cualquier esperanza.

Hemos recibido la solidaridad de personas, familias y empresas; a todos solo puedo decirles gracias, en mayúsculas.

Hemos recorrido el departamento en moto, chalupa, carro, a pie, en planchón. Pero no solo llevando ayudas materiales. También llevando abrazos. Escucha. Presencia. Porque la ayuda alimenta.

Pero la compañía sostiene.

La atención inicial salva.

La permanencia reconstruye.

Esa diferencia no es teórica para mí. Es parte de la historia de la Fundación Solidaridad por Colombia.

Lo aprendí viendo a mi abuela, Nydia Quintero Turbay, después del terremoto del Eje Cafetero del 25 de enero de 1999. Mientras el país atendía la emergencia inmediata, ella y su equipo permanecieron tres años trabajando en la reconstrucción. No solo de viviendas, sino de comunidades enteras que necesitaban recuperar estabilidad, confianza y futuro.

Lo volvimos a vivir en Mocoa, tras la tragedia de 2017. Estuvimos dos años acompañando procesos de recuperación y regresamos posteriormente para instalar una planta de potabilización de agua. Porque reconstruir también es prevenir.

En Providencia, después del paso del Huracán Iota el 16 de noviembre de 2020, trabajamos más de un año. Primero en la atención inmediata, en alianza con World Central Kitchen, ofreciendo comida caliente. Luego permanecimos hasta culminar un centro cultural, una biblioteca y un colegio para primera infancia. Porque la reconstrucción no es solo física; es también emocional y comunitaria.

La experiencia nos ha enseñado algo más: hoy Córdoba todavía está en los titulares. Las imágenes siguen circulando. La conversación sigue activa. Y eso es muy importante.

Pero el agua bajará. La agenda cambiará. Otra tragedia ocupará el centro de atención del país. Y aun en ese momento, Córdoba nos seguirá necesitando.

Las familias no se van cuando cambia la conversación.

Siguen allí.

Por eso este momento es decisivo.

Pienso en Juana Vega y en sus tres hijas adolescentes. Dos de ellas beneficiarias del programa Jóvenes Solidarios. Viven en un espacio improvisado que la lluvia terminó de vulnerar. Entre latas, pequeños listones de madera, un anjeo y un colchón viejo, mojado y sucio, donde dormían las cuatro. Desde esta inundación ya no pueden siquiera pasar la noche allí.

Sus sueños son grandes.

Su realidad, frágil.

Juana trabaja cuidando a una persona mayor. Su ingreso no alcanza para reconstruir lo perdido. No le alcanza para un hogar seguro. Y aun así, se levanta cada mañana.

Cuando les entregamos la ayuda, no vi resignación.

Vi esperanza.

Una esperanza tímida, pero viva. Y queremos construirles una casa.

Pero ahora viene lo más exigente.

Reconstrucción de viviendas para quienes quedaron en cero.

Infraestructura pública que reduzca vulnerabilidades.

Mejor planeación y sistemas que permitan que, si vuelve a inundarse —porque puede volver a ocurrir— el impacto sea menor.

Drenajes adecuados.

Fortalecimiento comunitario.

Infraestructura resiliente.

La solidaridad madura no solo reacciona. Aprende. Mejora. Previene.

Mi abuela fundó la Fundación Solidaridad por Colombia para estar donde duele y permanecer cuando la gente siente que todo está perdido. Su legado no es una memoria estática. Es una dirección viva.

“Unidos por Córdoba” no es una campaña de temporada. Es una decisión de acompañar todo el proceso: desde la emergencia hasta la reconstrucción profunda.

Cada mercado entregado es una mesa que vuelve a tener comida.

Cada kit de aseo es una barrera contra la enfermedad.

Cada casa reconstruida será una señal de estabilidad.

No hablamos de caridad.

Hablamos de dignidad sostenida en el tiempo.

Pero la permanencia requiere aliados.

Hoy necesitamos ampliar nuestra red de amigos solidarios: personas, familias y empresas que se sumen no solo para responder a la emergencia, sino para acompañar la reconstrucción de viviendas, la mejora de infraestructura y la preparación ante futuras contingencias.

Cada nuevo aliado es una casa más cerca de levantarse.

Cada aporte sostenido es una comunidad más fuerte frente a la próxima lluvia.

Córdoba hoy nos necesita unidos. No solo mientras conmueve. Sino mientras reconstruye.

Y cuando los reflectores se apaguen, la verdadera solidaridad será la que decida quedarse.

Si usted llegó leyendo hasta aquí y quiere ser parte de la solución, escríbame.

Conversemos. Construyamos juntos.

Puede escribirnos a: mcht@solidaridadporcolombia.com

¡Porque la reconstrucción comienza cuando decidimos no irnos y unirnos! Los solidarios somos más.

María Carolina Hoyos Turbay, presidenta Fundación Solidaridad por Colombia.