OPINIÓN

Marcela Santiago

Open Finance en Colombia: un primer paso valioso, pero con barreras pendientes

Con la reglamentación del decreto de finanzas abiertas, el gobierno apuesta por un ecosistema interoperable que impulse la innovación y beneficie a usuarios y empresas. El desafío ahora es claro: equilibrar la regulación sin poner en riesgo ese impulso.
16 de abril de 2026 a las 9:32 p. m.

El reciente decreto de Open Finance sancionado por el Gobierno es una noticia para celebrar. Después de años en los que las fintech como TumiPay impulsamos la conversación —evangelizando el modelo, demostrando casos de uso reales y probando que compartir datos genera valor para el usuario—, ver que el país finalmente lo reglamenta representa orden, legitimidad y un marco claro para una situación que ya venía ocurriendo de manera incipiente.

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Lo que sí celebra

El decreto reconoce a los Terceros Receptores de Datos No Vigilados, lo que abre una puerta formal para que fintechs participen en el ecosistema. Obliga a los bancos a establecer reglas claras, reduce la arbitrariedad y hace posible que el acceso deje de ser completamente discrecional. Desde una perspectiva fintech, Open Finance es un cambio estructural: la data pasa de ser propiedad exclusiva de los bancos a manos del usuario, habilitando APIs abiertas, interoperabilidad y nuevas oportunidades. Para pasarelas de pago como la nuestra, significa evolucionar de simples infraestructuras de movimiento de dinero a jugadores de inteligencia financiera, con insights accionables sobre hábitos, capacidad crediticia y perfiles que enriquecen nuestra propuesta de valor y generan nuevas líneas de negocio.

La tensión evidente

Sin embargo, el entusiasmo se templa con una realidad incómoda: las fintech, principales impulsoras de este movimiento, seguimos entrando por la puerta lateral. El acceso sigue siendo voluntario para los bancos, la relación es bilateral y el peso del cumplimiento recae mayoritariamente sobre el proveedor de datos. En teoría, hay reglas de no discriminación; en la práctica, el poder está en quien controla la infraestructura.

La barrera estructural es clara: para jugar en ‘primera división’ debemos convertirnos en entidades vigiladas como una SEDPE, (Sociedad Especializada en Depósitos y Pagos Electrónicos) con capital mínimo, estructuras de gobierno corporativo complejas, cargas de cumplimiento y supervisión permanente de la Superfinanciera. Esto ‘eleva la vara’, pero también reduce la competencia, especialmente para fintechs innovadoras en etapas tempranas que no pueden asumir esos costos operativos y económicos.

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Si el acceso depende de acuerdos uno a uno, criterios interpretables y barreras altas, el ecosistema corre riesgos: avance más lento, concentración de innovación en pocos jugadores y una promesa incumplida de democratización. Colombia necesita un modelo donde las fintech participen en igualdad de condiciones, compitiendo por producto, experiencia y valor, no por filtros regulatorios. La innovación no surge del control, sino de la fricción que resolvemos.

Hacia un equilibrio necesario

No todo es crítica. Este decreto es un buen primer paso, pero no el destino. El siguiente debe equilibrar: acceso más abierto y estandarizado, cargas compartidas y reconocimiento de que las fintech no son un riesgo, sino un motor acelerador. Open Finance debe impulsar la inclusión financiera en Colombia y Latam, posicionando a las pasarelas de pago como actores clave en la capa de valor con agilidad tecnológica para convertir datos en productos concretos.

Como CEO de una fintech que ha crecido navegando estos desafíos, creo firmemente que equilibrar el acceso y las responsabilidades es esencial. Solo así Open Finance cumplirá su promesa: un ecosistema interoperable donde la innovación fluya libremente para beneficiar a usuarios, empresas y al país entero. El momento de regular es clave, pero el de equilibrar es urgente.

Marcela Santiago, CEO de Tumipay