OPINIÓN

Caterine Rojas

¿Qué pasa con los seguros después del sismo?

La protección financiera frente a los desastres naturales sigue siendo una tarea pendiente en Colombia. Una reflexión sobre el papel de los seguros, la prevención y la necesidad de construir mecanismos que permitan a las familias recuperarse después de una emergencia.
30 de octubre de 2026 a las 6:34 p. m.

Un terremoto dura segundos. Lo que deja puede durar años.

El sismo del 10 de agosto cobró más de 330 vidas. Más de 240.000 viviendas quedaron dañadas o destruidas. Miles de familias tuvieron que dejar sus casas.

En Colombia, una casa casi nunca es solo una casa. Es el ahorro de toda una vida, lo que se pagó cuota a cuota, lo que se piensa dejar a los hijos. Por eso, cuando una pared se agrieta, se agrieta con ella el plan de una familia.

En el sector asegurador, llamamos siniestro a lo que para una familia puede ser el peor día de su vida. Es una palabra fría para algo que no lo es.

Las aseguradoras ya han recibido más de 100.000 reclamaciones y pagado más de un billón de pesos por los daños del terremoto. En Zurich Colombia, por ejemplo, hemos atendido 1.333 reclamaciones y desembolsado más de $51.000 millones. Para responder a esta emergencia fue necesario movilizar equipos especializados, evaluar daños, coordinarse con clientes y ajustadores, y habilitar operaciones de emergencia en Cali y Pereira.

Lo verdaderamente importante no está en la operación ni en las cifras. Está en lo que esos recursos permiten recuperar: una vivienda, un negocio, una parte de la estabilidad que parecía perdida.

Sin embargo, esa sigue siendo la historia de una minoría. Según Fasecolda, apenas el 9,3 % de las viviendas del país cuenta con algún seguro de hogar. Para millones de hogares, cualquier daño significativo debe financiarse con ahorros, deudas, ayuda familiar o recursos del Estado. Y la protección no siempre está donde está el riesgo: en Chocó, donde se originó el sismo, el gremio registraba apenas 1.214 viviendas aseguradas.

La solidaridad también ha sido protagonista. Solo en El Campín, en Bogotá, más de 10.000 voluntarios ayudaron a reunir 933 toneladas de donaciones.

La protección también se educa

Y hay daños que no se ven en las paredes. Más de un millón de estudiantes vieron en riesgo la continuidad de sus clases, mientras Unicef advirtió sobre las posibles afectaciones emocionales en niños y adolescentes. La Z Zurich Foundation apoyó, a través de Unicef, la atención psicosocial de niños, niñas, adolescentes y sus cuidadores, y duplicó las donaciones individuales destinadas a esta organización, la Cruz Roja Colombiana y la Asociación de Bancos de Alimentos de Colombia.

La solidaridad es indispensable durante una emergencia, aunque no puede convertirse en nuestro principal mecanismo para financiar la reconstrucción.

Un seguro no evita que la tierra tiemble ni devuelve lo que no tiene precio. Lo que puede hacer es marcar una diferencia fundamental: que una familia tenga recursos para empezar de nuevo, en lugar de tener que empezar de cero.

Empezar de cero es pagar arriendo mientras se ahorra para reconstruir las paredes; pedir prestado, aplazar planes o cerrar un negocio durante meses. En esa diferencia cabe buena parte de la tranquilidad de un hogar.

El problema es que el miedo tiene memoria corta. En Estados Unidos se ha observado que la contratación de seguros contra inundaciones aumenta después de una catástrofe, pero con el tiempo ese impulso se debilita.

Por eso, los países que han avanzado en protección frente a desastres no han confiado únicamente en la memoria de las personas, sino en el diseño de soluciones. En Nueva Zelanda, por ejemplo, existe un esquema de cobertura frente a determinados desastres naturales vinculado al seguro de hogar, que ha contribuido a ampliar la protección financiera de las viviendas.

En Colombia, Fasecolda ya planteó un programa de colaboración entre el sector público y el privado para ampliar la protección ante catástrofes. Es una conversación que no deberíamos aplazar.

Y hay otra oportunidad: hacer que los seguros lleguen a las personas a través de los canales que ya utilizan en su vida cotidiana. Desde la banca, los comercios y los servicios públicos podemos acercar soluciones de protección a millones de familias que probablemente nunca entrarían por iniciativa propia a buscar una póliza.

Ese es precisamente uno de los desafíos que enfrentamos quienes trabajamos en seguros masivos: convertir la protección en algo sencillo, accesible y cotidiano, no en una decisión que solo tomamos después de una tragedia.

Proteger una vivienda debería ser tan habitual como pagar un recibo.

¿Qué pasa, entonces, con los seguros después del sismo? Lo mismo que con los edificios: resiste lo que se preparó antes.

El próximo temblor no va a avisar. Lo que sí podemos decidir hoy es cuántas familias tendrán los recursos para empezar de nuevo cuando llegue.

Caterine Rojas Vanegas, Head de Canales Masivos de Seguros — lidera los canales de bancaseguros, retail y affinity en Zurich Seguros Colombia.