Hay noches que uno recuerda por la celebración, y otras por las palabras que se lleva consigo al regresar a casa.
Eso me ocurrió durante la Gala del 50.º aniversario de la Cámara de Comercio Colombo-Americana de Miami, celebrada en el JW Marriott Brickell. Una noche que reunió a destacados empresarios, líderes y representantes de nuestra comunidad para celebrar medio siglo de una institución que ha sido testigo y protagonista del crecimiento de los colombianos en el sur de la Florida, y del fortalecimiento de los vínculos entre Colombia y Estados Unidos.
Entre tantos momentos especiales, hubo uno que particularmente me impactó. Los dos grandes homenajeados de la noche, Isaac Gilinski y Annette Taddeo, desde historias, generaciones y trayectorias diferentes, terminaron hablando de lo mismo sin haberse puesto de acuerdo, de soñar, perseverar y creer que aquello que uno se propone puede llegar a conseguirlo.
Isaac Gilinski, al hablar de su vida y de todo lo construido a lo largo de los años, dejó una reflexión aparentemente sencilla pero profundamente poderosa, aquello que uno piensa, visualiza y se propone puede lograrlo. Cuando le preguntaron qué le habría gustado ser en la vida, respondió que presidente de Colombia. Luego agregó, con una sonrisa, que todavía creía tener oportunidad. El salón también sonrió, pero detrás de aquel momento espontáneo quedó una gran enseñanza, mientras haya vida también puede haber sueños.
Annette Taddeo compartió una historia diferente, pero con una esencia sorprendentemente parecida. Llegó a Estados Unidos a los 17 años, sin dominar el idioma y con una determinación muy clara, salir adelante, perseverar y dejar en alto el nombre de Colombia. Décadas después, luego de construir una destacada trayectoria empresarial y de servicio público, continúa mirando hacia adelante. Ha alcanzado nuevas posiciones de responsabilidad y, sin embargo, su mensaje sigue siendo el mismo, voy por más.
Mientras los escuchaba, pensé que, aunque esa noche celebrábamos especialmente sus trayectorias, sus palabras representaban también la historia de muchos de los colombianos que un día hicimos una maleta y llegamos a Estados Unidos buscando mejores oportunidades.
Llegamos en momentos distintos y por razones diferentes. Algunos sin dominar el idioma, otros sin conocer completamente las reglas de un nuevo país. Muchos empezaron desde cero. Empresarios, profesionales, emprendedores y familias enteras tuvieron que adaptarse, aprender, trabajar y perseverar. Y muchos lo lograron.
La gala de esa noche era también una demostración de ello. En ese salón había numerosos empresarios y profesionales colombianos exitosos que hoy generan empleo, crean empresas, realizan inversiones, lideran organizaciones y contribuyen activamente al desarrollo económico y social de Estados Unidos, manteniendo al mismo tiempo un vínculo profundo con Colombia.
En lo personal, las palabras de los homenajeados tocaron una fibra especial, porque también conozco lo que significa construir una carrera lejos del país donde nací, desenvolverme en un idioma que inicialmente no era el mío y continuar avanzando a pesar de los obstáculos. Pero sé que mi historia no es excepcional. Es, con diferentes matices, la historia de muchísimos colombianos que llegamos a este país convencidos de que era posible construir algo mejor.
Por eso resulta especialmente significativo que esta conversación haya ocurrido precisamente durante los 50 años de la Cámara de Comercio Colombo-Americana. Porque durante medio siglo la Cámara ha acompañado una transformación extraordinaria, la de una comunidad que llegó buscando oportunidades y que hoy también tiene la capacidad de crearlas.
Tal vez esa sea una de las grandes evoluciones de nuestra presencia en Estados Unidos. Ya no hablamos solamente de colombianos que vinieron a buscar un futuro. Hablamos de una comunidad que hoy crea empresas, genera empleo, invierte, lidera, participa y abre caminos para las nuevas generaciones.
Y quizá esa fue para mí la enseñanza más bonita de la gala, el éxito no consiste en llegar a un punto en el que dejamos de soñar. Tal vez ocurre exactamente lo contrario.
Isaac Gilinski sigue teniendo sueños. Annette Taddeo sigue diciendo que va por más. Y seguramente muchos de quienes los escuchábamos esa noche regresamos a casa pensando en los nuestros.
Los sueños no tienen fecha de vencimiento. A los 17, a los 40, a los 60 o mucho después, siempre puede existir una nueva meta, un nuevo propósito y una nueva oportunidad para comenzar.
Después de 50 años construyendo puentes entre Colombia y Estados Unidos, quizá ese sea también el mejor mensaje para nuestra Cámara y para nuestra comunidad, sentirnos orgullosos de lo construido, agradecer el camino recorrido y, sobre todo, seguir soñando con todo lo que todavía podemos alcanzar.
Floralba Núñez es especialista en inversión inmobiliaria en Miami, Florida y fundadora de Finca Raíz en Miami
