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| 6/26/2018 11:44:00 AM

Nigeria: de esto huyen los refugiados que piden asilo en Europa

Guerras tribales como la que causó 86 muertos en Nigeria están detrás de la explosión de solicitantes de asilo en Europa. Lo irónico es que los países europeos tienen buena parte de la culpa, por las instituciones coloniales que instalaron en regiones cuya cultura no se acomoda a ellas.

Nigeria: de esto huyen los refugiados que piden asilo en Europa Nigeria: de esto huyen los refugiados que piden asilo en Europa Foto: AFP

Nigeria alcanzó niveles insospechados de violencia en los últimos años por la irrupción de Boko Haram, un grupo extremista que busca imponer la sharia, o ley islámica,  en uno de los países con más cristianos en la región. Sus ataques contra la población civil, secuestros y miles de víctimas sembraron el terror en África y le mereció el calificativo de ser la organización terrorista más letal en el mundo, por encima incluso del Estado Islámico. Sin embargo, lo que ocurrió este fin de semana en el centro del país demostró no solo que en Nigeria el conflicto tiene más de una cara, sino que, además, la escasez de agua y la exacerbación de las tensiones étnicas podrían llevar a un escalamiento de violencia aún peor que el desencadenado por Boko Haram.

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Según los medios locales, una serie de ataques y represalias en el estado de Plateau entre los campesinos agrícolas y las tribus de ganaderos nómadas dejaron un saldo de 86 personas muertas, 6 heridos y más de 50 casas arrasadas. Otros medios reportaron que el número de muertos ascendió a 170. Todo empezó el sábado cuando cerca de 200 personas volvían de un funeral cristiano y los interceptaron varios presuntos ganaderos armados, musulmanes y pertenecientes a la etnia Fulani. Sin mediar palabra los atacantes abrieron fuego, incendiaron casas y asesinaron a varias personas de la etnia Berom, en su mayoría cristianos. El ataque desencadenó inmediatamente una serie de represalias, bloqueos y persecuciones contra cualquier sospechoso de ser fulani y musulmán.

Dos días después de la masacre, Danladi Ciroma, presidente de la Asociación de Criadores de Ganado Miyetti Allah de Nigeria (MACBAN) y líder de los pastores fulani, declaró que no justifica la violencia, pero que sus compañeros de tribu sus hombres atacaron exasperados porque jóvenes berom les habían matado más de 300 vacas. Ante el caos del fin de semana el gobernador del estado, Simón Lalong, hizo un llamado a la calma e impuso un toque de queda hasta las seis de la tarde para tratar de controlar la situación. El presidente de Nigeria, Muhammadu Buhari, al que la oposición critica por permitir estos ataques por ser musulmán y fulani, condenó los hechos y afirmó por Twitter que no descansará hasta que “todos los asesinos, criminales y sus patrocinadores sean llevados a la justicia”.

La preocupación no es gratuita. En la última década más de 7.000 personas perdieron la vida en medio de este conflicto entre pastores nómadas y agricultores locales. En 2016, la violencia entre estas dos etnias mató a por lo menos 2.500 personas y desplazó a otras 62.000. Solo en lo que va de este año más de 500 personas han muerto en una escalada de violencia que promete intensificarse después de este fin de semana. Hace dos meses cerca de 30 pastores fulani asaltaron una iglesia católica y mataron a 17 fieles y dos sacerdotes. El ataque provocó que miles de nigerianos salieran a protestar y a reclamar al gobierno de Buhari por mayor seguridad para los cristianos. El director de Global Right Nigeria, Abiodun Baiyewu, acusó al Estado de profundizar las divisiones étnicas y religiosas al no brindar las garantías suficientes para frenar la violencia, mientras que muchos opositores critican la indolencia del mandatario.

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Sin embargo, aunque las tensiones religiosas han intensificado la violencia en los últimos años, el conflicto tiene una causa más concreta: el control de unos recursos naturales cada vez más escasos en la región. De hecho, cada vez más agricultores de han asentado en la región, impulsados por el aumento poblacional y las migraciones internas, lo que se tradujo en menos tierras disponibles para el pastoreo de la tribu Fulani y en la ocupación de rutas históricamente utilizadas para esta labor. Y el agua complica aún más las cosas, especialmente desde que importantes fuentes hídricas como el lago Chad han perdido parte importante de su agua, lo que obligó a la comunidad Fulani a desplazarse hacia el sur en donde predomina la población cristiana agricultora. A los dramas ambientales también se le suman otros factores, como la irrupción de Boko Haram y otro grupos armados, que se mezclan en una amalgama de violencia que hoy hacen de Nigeria uno de los 15 países más peligrosos del mundo.  

De este modo, se repite una vez más el drama de los países africanos, que heredaron de la abusiva colonización europea instituciones que no corresponden con sus necesidades ni con su cultura. Esos Estados artificiales, que muchas veces agrupan a tribus adversarias e incompatibles, no son más que el caldo de cultivo para que este tipo de dramas se repita una y otra vez.   Lo cual alimenta, cómo no, las penalidades de los desplazados que arriesgan su vida por refugiarse en el continente del que, en el fondo, proviene su tragedia.

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