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| 2/4/2019 7:17:00 PM

Tras la muerte de Cadete y Guacho, así va la guerra contra las disidencias de las Farc

Ya son al menos cinco los disidentes caídos de la plana mayor. Hay tres a la espera de la extradición y aún están activos Gentil Duarte, el máximo jefe, y Jhon 40, el del poder financiero.

Así va la guerra contra las disidencias de las FARC Tras la muerte de Cadete y Guacho, así va la guerra contra las disidencias de las Farc

Aunque la muerte de Guacho tuvo mucho eco mediático por la figura de terror en que se había convertido el jefe del frente Óliver Sinisterra, la caída de Rodrigo Cadete, en un operativo militar ejecutado este sábado, es una baja incluso más fuerte para las disidencias de las Farc. Aunque no ocupaba los titulares por sus acciones sanguinarias, como sí lo hacía Guacho, Cadete tenía un rol clave dentro de estas estructuras residuales, pues el mismo Gentil Duarte, jefe del grupo disidente más grande del país, lo había designado como el articulador principal de estas estructuras que están diseminadas a lo largo y ancho del territorio nacional. En materia estratégica, esa muerte es el mayor logro de la fuerza pública en la guerra contra las disidencias.

En diciembre de 2016 ocurrió la primera gran desbandada de comandantes disidentes. Entonces, cuando el acuerdo del Teatro Colón acababa de firmarse, el secretariado de la guerrilla expulsó de sus filas a varios hombres importantes de la organización que ya mostraban la intención de torcer el camino del desarme. Jhon 40, Giovanny Chuspas, Julián Cholló, Euclides Mora y Gentil Duarte estaban en esa lista. Ahí empezó a configurarse una nueva amenaza en materia de seguridad.

La fuerza pública tuvo que identificar cómo combatir a estos grupos residuales, que si bien nacían del seno de las Farc, mostraban unas características distintas. Por ejemplo, al contrario que la exguerrilla, los disidentes no sostienen combates sino que golpean y huyen. Por eso, para los militares fue clave entender que, antes que buscar el control territorial de las zonas de los disidentes, tenían que perseguir y acorralar a estos delincuentes.

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La muerte de Cadete, por ejemplo, se produjo en medio de un bombardeo en zona rural de San Vicente del Caguán, en Caquetá, una de las regiones donde la presencia de los disidentes del Bloque Oriental de las Farc es más poderosa. Cadete se movía allí pero también hacia el sur del país. De hecho, SEMANA contó hace algunos meses cómo, por orden de Gentil Duarte, Cadete se había desplazado hacia Putumayo buscando absorber a otras disidencias ubicadas allí.

Y no todos los jefes disidentes le estaban caminando al plan. Alias Sinaloa, exmiembro del frente 48, se había negado, pues prefería seguir traficando por su cuenta. Eso sí, las estrategias de expansión de Cadete no se limitaban a juntar exguerrilleros, sino que también habría reclutado delincuentes comunes a sueldo, como quedó en evidencia en un operativo que los militares hicieron contra sus tropas en Cartagena del Chairá.

El límite de expansión de Cadete en el sur del país llegaba justo hasta Nariño, el departamento con más coca del país. Allí, a finales del año pasado, justamente murieron los dos disidentes que estaban moviendo la mayor tajada del narcotráfico en el suroccidente del país y que por su forma violenta de actuar también eran perseguidos con intensidad. EL 21 de diciembre se reportó la muerte de Guacho. Tres meses antes David, el otro capo de Tumaco, había corrido la misma suerte.

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Aunque llevaba 13 años dentro de las Farc, como miliciano de la columna Daniel Aldana, David escaló hasta la cúspide del narcotráfico en apenas dos años. Como venganza tras la muerte de su hermano, un disidente conocido como Don Y, armó su propio grupo, al que bautizó como las Guerrillas Unidas del Pacífico. David extendió la disidencia más allá del casco urbano y se apoderó del norte del pacífico nariñense, un enclave estratégico, lleno de ríos y con una salida privilegiada al mar, el sueño de un capo. Su base la estableció en San Juan. Desde allí una red de más de 100 hombres armados capaz de enviar 5 toneladas mensuales de cocaína a Estados Unidos.

En la disputa del negocio, David terminó enfrentado a muerte con Guacho, que operaba desde el casco urbano de Tumaco hacia el sur de Nariño, y sobre la frontera con Ecuador. Con las muertes de los dos, los índices de violencia se han reducido en Nariño. Además de las muertes, también ha habido capturas importantes.

Los extraditables

Entre los últimos capturados de relevancia en la disidencias está alias el Doctor, capturado a comienzos de este año. Es un curtido guerrillero que durante años militó en la columna Daniel Aldana de las Farc. En las filas subversivas alcanzó relevancia porque durante años fue el responsable de atentados terroristas contra la infraestructura energética y la fuerza pública. En 2104 ya había sido capturado y afrontaba varios procesos. Gracias a los acuerdos de paz quedó en libertad y entró a la Justicia Especial para la Paz (JEP). Sin embargo, no se reintegró a la sociedad y por el contrario aprovechó los beneficios para unirse a las disidencias que actúan en Nariño y que están estrechamente ligadas con el negocio del narcotráfico. Ahora espera en una cárcel de máxima seguridad para ser extraditado y responder ante una corte estadounidense.

Otro extraditable que fue capturado es Yeison Chiriboga, alias el Indio. Fue detenido en septiembre de 2017, solicitado por una corte de Texas, acusado de haber ingresado a una disidencia que exportaba droga en complicidad con el cartel de Sinaloa.

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Alias Rambo corrió con una suerte similar. Era considerado como uno de los hombre fuertes de las Farc en el sur del país. Fue detenido junto a 13 de sus lugartenientes porque continuó exportando droga para el cartel de Sinaloa desde las costas de Nariño y, como si fuera poco, estaba vendiendo cupos a narcos para incluirlos en las listas de esa guerrilla y hacerlos pasar ante el Gobierno como subversivos, con lo cual obtendrían los beneficios contemplados en los acuerdos de paz.

Los que faltan

Jhon 40, Giovanny Chuspas, Julián Cholló, Euclides Mora y Gentil Duarte fueron los primeros mandos medios que se desligaron oficialmente de las Farc y comenzaron a estructurar la disidencia más poderosa, la del bloque Oriental. Solo Euclides Mora, quien murió en un operativo en 2017, ha salido de esa lista.

Entre los que quedan, Gentil Duarte es sin duda el mayor objetivo, por ser la única figura con suficiente perfil político para poder integrar al resto de disidentes que están repartidos por todo el país. De hecho, sus movimientos hacia distintas zonas con esa intención de congregar a los disidentes en una estructura jerarquizada han quedado en evidencia. Por ejemplo, las cartas que le mandaba a Guacho en ese sentido fueron expuestas por las autoridades ecuatorianas.

El otro poderoso es Jhon 40, quien es el soporte financiero de Duarte. Él, aún dentro de las Farc, fue el heredero del Negro Acacio, tal vez el mayor narco en la historia de esa guerrilla. Su disidencia se ha agrupado en Guainía y cruzó la frontera hacia Venezuela. Se dice que en el país vecino, donde se esconde, tiene una base de acopio de cocaína, con pistas clandestinas en la serranía de Yapacana, conectada con Colombia por el Orinoco. Allí también se habría establecido un campo de entrenamiento en el que se instruyen a los nuevos reclutas. Incluso, las autoridades lo han vinculado con la explotación de oro y coltán en Venezuela, y lo señalan de tener vínculos con los carteles de droga brasileños.

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Otro de los objetivos principales de las autoridades es alias Cabuyo, a quien se le señala como responsable del asesinato de tres geólogos en septiembre pasado en Yarumal, Antioquia. Él sería el disidente de mayor perfil en ese departamento, que con su salida por Urabá es otro enclave importante del narcotráfico. De hecho, sus enfrentamientos con el Clan del Golfo en esa región estarían desencadenando brotes de violencia.

Lo concreto es que en dos años de guerra contra los disidentes la fuerza pública ha reportado resultados importantes que, a la larga, han evitado que multipliquen su poder. Sin embargo, esas estructuras siguen vivas con varios de sus jefes más poderosos, y con más de 1.000 hombres en armas suponen aún una amenaza significativa a la seguridad.

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