Una base militar en el departamento de Arauca fue atacada con drones tipo FPV (First Person View), en un hecho que abre un nuevo capítulo en el uso de tecnologías no tripuladas dentro del terrorismo.
El ataque se registró contra una instalación militar ubicada en zona estratégica del departamento, donde, según información preliminar, fueron utilizados drones operados en tiempo real por control remoto, con capacidad de maniobra precisa y adaptación para transportar explosivos improvisados. Este tipo de artefactos permite al operador visualizar el recorrido en primera persona, lo que aumenta la efectividad del impacto.

De acuerdo con fuentes del sector defensa, los drones FPV representan una evolución frente a los dispositivos artesanales empleados en ataques anteriores, debido a su mayor velocidad, estabilidad y facilidad de adapatación. Además, su tamaño reducido y vuelo a baja altura dificultan la detección por parte de sistemas tradicionales de vigilancia y defensa.
Autoridades analizan si detrás del ataque estaría el ELN, organización que tiene presencia activa en esa región fronteriza. Sin embargo, hasta el momento no se ha confirmado oficialmente la autoría.
Los ataques vienen desde Venezuela
En el Catatumbo, Norte de Santander, ya no solo se oyen las ráfagas de fusil ni el estruendo de las explosiones entre grupos armados ilegales. Ahora, un nuevo sonido se mezcla con el viento: el zumbido constante de drones cargados con explosivos, manejados —según informes de inteligencia— por una estructura del Ejército de Liberación Nacional (ELN).
SEMANA tuvo acceso a documentos clave en las investigaciones judiciales que reposan en la inteligencia del Ejército Nacional. En ellos se asegura que existe una red dedicada a entrenar a guerrilleros en el uso de aeronaves no tripuladas adaptadas para la guerra, tanto en territorio colombiano como venezolano.
El frente que lidera estas operaciones es el Juan Fernando Porras Martínez, del ELN, cuyo jefe, con más de 30 años delinquiendo en el nororiente del país, ha extendido su poder hasta las zonas rurales de Norte de Santander y el estado Zulia, en Venezuela.
