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| 4/7/2018 9:13:00 PM

Iván Duque, de "pollo" a “gallo con espuelas”

En el debate en Barranquilla, el país conoció un nuevo Duque. Enfrentado a pesos pesados, los frenteó a todos. Estos fueron los momentos culminantes.

Debate Caribe: Desempeño de Iván Duque, de pollo a gallo Iván Duque, de "pollo" a “gallo con espuelas” Foto: Transmisión TeleCaribe

Hasta la semana pasada, la mayoría de los analistas políticos atribuían la fuerza electoral de Iván Duque a dos factores. 1) Ser el candidato de Álvaro Uribe. 2) Ser joven y desconocido en un país hastiado de lo conocido y tradicional. Ninguno de esos dos elementos tenía en cuenta el contenido del producto. El éxito obedecía más a la coyuntura histórica y a la oposición al gobierno que cualquier otra cosa.

Eso cambió radicalmente la semana pasada en el segundo debate presidencial. El performance de Duque en ese enfrentamiento mostró algo que los colombianos no conocían. Sus rivales eran, en términos políticos, no solo pesos pesados sino vacas sagradas.

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Humberto de la Calle podría ser considerado el Darío Echandía de esta generación. Para describirlo, todo el mundo utiliza la palabra estadista. Es uno de los mayores conocedores de la constitución, no tanto por su trayectoria como abogado, sino porque fue la persona clave en la construcción de la misma. Germán Vargas es tal vez el hombre que más cargos importantes ha tenido en el Estado. En todos esos cargos ha mostrado resultados lo cual no es muy común en Colombia.  Sergio Fajardo tiene ejecuciones como gobernador y alcalde, pero para efectos electorales su carta es sobre todo el carisma y su independencia. Esa combinación lo posicionaba como una renovación de la política tradicional. Y Petro puede ser el mayor fenómeno populista desde Gaitán y Rojas Pinilla. Habla un idioma, diferente al de los otros candidatos, y lo que dice le gusta al pueblo. Combina el vibrato necesario para entusiasmar en plaza pública y la sobriedad que se requiere para impactar en recinto cerrado. Ese es un abanico de candidatos que cualquier país en desarrollo querría tener e incluía lo que parecía un joven con una figura y personalidad atractiva que con el apoyo de Álvaro Uribe podría llegar a la Casa de Nariño.

El candidato del Centro Democrático parecía estudioso, buena persona y definitivamente una promesa para el futuro. El debate del jueves pasado en Barranquilla dejó claro que es mucho más que eso. Venía de una elogiada entrevista en inglés con Bloomberg y de un debate donde no había confrontación. En el de la arenosa definitivamente sí la hubo. El formato permitía mano a mano limitados a dos candidatos con preguntas y respuestas que se hacían entre ellos. Y en ese escenario apareció un nuevo Iván Duque.

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Se conformó lo que podía llamarse un ‘tocoduq‘: todos contra Duque. Y en vez de hacerle daño, le hicieron un favor. Sus contendores creían que se enfrentarían a un “pollo” y les salió fue un “gallo con espuelas” como dijo el ex presidente Álvaro Uribe. Como las cámaras de televisión por lo general intimidan, soprendió la tranquilidad y seguridad que reflejaba. Pero lo que cambió la imagen de él fue la agilidad mental, el nivel de conocimientos y el sentido del humor que salió a flote.

Sus momentos estelares fueron dos: sus mano a mano con Humberto de la Calle y con Germán Vargas. En términos de impacto sus dos mejores salidas fueron la respuesta a la tuteada del candidato liberal y la respuesta al “contesté si es cierto o no” de Vargas Lleras, quien trató de untarlo de santismo. En la primera de esas situaciones, el candidato del Partido Liberal se dirigió al candidato del Centro Democrático tuteandolo en forma paternal. Para algunos esa era una estrategia para resaltar su juventud e inexperiencia, algo parecido a cuando en la campaña de 2010 Juan Manuel Santos se refería a Mockus con la palabra profesor para encasillarlo en la imagen de un intelectual, ajeno a la realidad política. Pero como de La Calle tiene una personalidad transparente, lo más probable es que fuera sencillamente una cordialidad caldense sin ninguna intención política.

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Lo que sí tuvo intención política fue la respuesta de Duque. Aprovechando la hilaridad que había producido en el auditorio el tono familiar, el candidato uribista le respondió tuteandolo en forma socarrona con argumentos y conocimiento técnico de la constitución que arrinconaron al “sabio de la tribú”.  Duque le hizo el quite a un tema muy polémico electoralmente, el matrimonio gay, con un argumento que no es contundente para la opinión pública pero sí lo era en ese momento. “Yo respeto la Constitución. Y la Constitución que tú ayudaste a construir tiene un artículo, que es el artículo 42 que tiene tu definición de familia, cuando tú fuiste ministro de Gobierno de tu constituyente”.    

Vea la respuesta de Duque a De la Calle     

También le cobró al candidato liberal su promesa incumplida de que las cabecillas de la guerrilla no harían política antes de pasar por la justicia transicional. De la Calle le dijo en tono enérgico que eso sucedió por el sabotaje del Centro Democrático a la implementación de esas normas. En esto tenía podría tener la razón, pero al verse alterado, dejó como ganador el tono cínico y la vez cordial de su contendor. Su explicación a la polémica propuesta de la corte única le salió bien no por agilidad mental, sino porque se limitó a dar estadisticas sobre ese sistema en varios países y se mostró abierto a ser flexible en un debate nacional sobre el tema.

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Su rifirrafe con Germán Vargas fue sobre un tema menos sustancioso, pero acabó siendo el mejor momento del debate. Vargas, a quien le sacan todo el tiempo que formó parte del gobierno de Santos, lo intentó acorralar mostrando que en la primera etapa de su carrera había sido protegido del actual presidente.

"¿Es cierto, sí o no, que usted a sus 21 años se formó en la Fundación Buen Gobierno que presidía en ese entonces el doctor Juan Manuel Santos? ¿Es cierto, sí o no, que usted actuó como subdirector del Partido Liberal en representación del actual presidente de la República? ¿Es cierto sí o no que en el año 2.000 usted fue asesor de Juan Manuel Santos en el Ministerio de Hacienda? ¿Es cierto Sí o No que fue Juan Manuel Santos el que lo envió a trabajar 10 años en el Banco Interamericano de Desarrollo?", le preguntó enérgico. 

Era una pregunta díficil para alguien que espera llegar a la Casa de Nariño con las banderas del uribismo y Duque, probablemente, había anticipado la posibilidad de que se la echaran en cara y tenía la respuesta lista. Pero en todo caso, la respuesta fue muy buena:

“Yo no niego mi pasado. Y sí, yo en efecto trabajé con el doctor Juan Manuel Santos… La discusión no es si trabajé con él, la discusión son los que gobernaron con él. Y los que mal gobernaron con él. La inconsistencia no es una cosa efímera. Churchill decía que se puede cambiar de partido por cuestiones de principios, pero no de principios por cuestiones de partido”.

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Después de reclamarle su silencio frente al proceso de paz siendo miembro del gobierno, terminó con la frase que se convirtió en viral en Internet “yo le diría doctor Germán, pensando en la consistencia, que usted es el copiloto de un avión que va en picada y se durmió todo el vuelo”. Vargas le contestó en una frase igual de buena, pero lamentablemente para él no la tuvo lista en el debate: Hablando de aviones, señaló que Iván Duque estaba en uno “manejado a control remoto”.

Vea la respuesta de Duque a Germán Vargas Lleras

Teniendo en cuenta que Duque tiene solo 41 años y que su flanco débil hasta ahora había sido su falta de experiencia, su desempeño neutralizó algunas de sus críticas. En todo caso, en un Estado cada vez más paralizado, ese no es un tema menor pues la capacidad de gestión será un elemento clave para el nuevo gobernante y en ese aspecto él no tiene trayectoria comparable a Vargas Lleras o Fajardo. Pero sin duda  en el debate quien más ganó fue él.  Corta hoja de vida puede tener, pero de lo que no hay duda es que a la gallera entró un gallo fino.  

EDICIÓN 1962

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La situación para el presidente no es fácil. Puede que después de las protestas de este año consiga la paz política con los partidos. Pero llegar a la paz social con los del paro resultará mucho más difícil.

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