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| 9/11/2019 3:08:00 PM

La dura historia de Ariza, el soldado que preguntó “dónde está la paz” en pleno combate

El Ejército lo investigaría por aparecer en un video viral, entre lágrimas, lamentándose por la muerte de un compañero. Hace un año, las disidencias asesinaron a su hermano que era soldado. Su familia padeció el desplazamiento y la desaparición forzada.

La historia del soldado que preguntó “dónde está la paz” en medio de un enfrentamiento Captura del video del soldado Ariza.

Los hermanos Edison y Jeremías Ariza Jaramillo, dos de los menores en una familia de diez, eran tan unidos que se enlistaron juntos en el Ejército. Les gustaba vestir el uniforme y estaban dispuestos a dedicarle su vida al servicio. Comenzaron la carrera acompañándose en un batallón en Medellín, una ciudad relativamente segura para ser militar, hasta que el año pasado dividieron caminos. A Edison lo enviaron a Briceño y a Jeremías lo mandaron a Toledo. Dos municipios del norte de Antioquia donde hay presencia de grupos como el ELN, el Clan del Golfo y las disidencias de las Farc.

El 2 de junio del año pasado, Edison estaba en un patrullaje de rutina cuando un francotirador de las disidencias del frente 36 de las Farc le disparó en la cara. El soldado murió.  Su hermano Jeremías pudo salir de su lugar de operaciones y viajar hasta Yarumal, el pueblo donde nacieron, para enterrarlo. El sepelio fue el 5 de junio, el mismo día que Edison habría cumplido 24 años. La familia, adolorida, le preguntó a Jeremías si seguiría en el Ejército. Y él dijo que lo haría por la memoria de su hermano, porque ambos tenían el anhelo de llevar una carrera militar y que él lo honraría manteniéndose en las filas.

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Diana, una de las hermanas, dice que el martes pasado sintió “que todo se me acababa. Volví a revivir lo que pasó con Edison”. Esto lo vivió cuando, en redes sociales, vio un video en el que aparecía su hermano Jeremías. Las imágenes habían sido grabadas ese mismo día. Jeremías, frente a la cámara de un celular, sudoroso y con el sonido de ráfagas de disparos de fondo, decía:

"¿Cuál era la paz que iba a haber en esta vida? ¡Paz, paz, paz! ¿Dónde está la paz? Yo no veo cuál es la paz que ven. Ahorita mataron un soldado inocente, le metieron un tiro acá en la cabeza. Yo no sé por qué hacen eso". Al terminar esas palabras, Jeremías, desesperado, empezó a llorar. El hombre que lo graba apenas atina a decirle: "Fuerza, fuerza, ánimo, mi soldado. No se me caiga. Son más los buenos".

Las tropas de la Séptima División a la que él pertenece y de las que hizo parte su hermano, atendieron este martes una manifestación de cocaleros inconformes con la erradicación forzada de cultivos en zona rural de Puerto Valdivia, en el Bajo Cauca antioqueño. Según informó el Ejército, integrantes del ELN y del Clan del Golfo se infiltraron en la protesta y aprovecharon la situación para atacar a los soldados. El cabo Giovanny Chacón Rentería fue asesinado.

Con el dolor de la muerte de su superior, y seguramente con el recuerdo de la muerte de su hermano –dice Diana-, incluso con el dolor de los golpes que recibió en medio de las protestas, el soldado Jeremías Ariza, le pidió a un camionero que pasaba por la vía que lo grabara. Y fue ahí cuando soltó esas angustiosas palabras. Lo que pretendía era enviarlas a un superior suyo para advertirle de la situación, en una especie de desahogo. Sin embargo, la persona que lo grabó subió el video a redes sociales.

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El video se volvió viral, tanto que su hermana terminó viéndolo pocas horas después, imaginándose que a su hermano le podía haber pasado lo peor, que se había repetido la suerte de Edison. Las imágenes calaron tanto que también llegaron a los medios de comunicación y a la cúpula militar. Y esto terminó generando una situación que sus familiares no pueden creer.

El general Luis Fernando Navarro, comandante de las Fuerzas Militares, dijo este miércoles en los micrófonos de Blu Radio que comprendía la situación por la que pasó el soldado, pero no aprueba su comportamiento de resguardarse y grabar el video. “No es fácil ver a sus compañeros heridos, ni a su comandante muerto... pero nosotros tenemos que disciplinar, garantizar al pueblo que tenemos gente entrenada porque no nos enfrentamos a cualquier tipo de amenazas. Tenemos que tener templado el carácter”, dijo Navarro.

El general añadió: “La actitud de nuestro soldado muestra las dificultades de la guerra. Entendemos su angustia, la magnitud de los combates fue fuerte, pero estamos cumpliendo con el deber. Tenemos que seguir adelante con estas operaciones”. Navarro, incluso, dijo que el soldado podría ser investigado, para definir si merece una sanción por lo sucedido.

La familia no puede comprender que esta situación pueda ahora causarle problemas. “No sabemos si le van a iniciar una sanción disciplinaria. Lo que quiero dejar en claro es que mi hermano no lo quiso hacer con doble intención. Una persona lo grabó y le dio mal uso”. Después de que el video se viralizó, Diana pudo hablar con su hermano. Ella le dijo que se saliera de esa zona, y él le respondió que no, que pretende seguir con su servicio.

La familia está angustiada desde que, hace dos semanas, Jeremías fue enviado al Bajo Cauca, una de las regiones con el mayor índice de homicidios y con presencia de los peores grupos criminales del país. Antes estaba en Medellín, y allí podían ir a visitarlo, tenerlo cerca como una forma de aliviar la ausencia de Edison en una familia contra la que la violencia está ensañada.

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En 1995, un grupo de paramilitares llegó a la finca de Luz y Javier, en una vereda de Briceño. Allí la pareja vivía con sus hijos. Tenían café y ganado. Los hombres armados se llevaron al padre y lo desaparecieron. La familia no supo nunca más de él. Al día siguiente, la madre escondió a sus hijos en canecas de leche y abandonó para siempre el pueblo. En ese éxodo, Luz iba embarazada de Edison, quien moriría patrullando 23 años después en ese mismo pueblo.

La familia se resguardó de la violencia en Yarumal. Allí nacieron Edison, Jeremías y dos hermanos más. La madre había recuperado la calma hasta que, el año pasado, su hijo fue asesinado. Y desde que enviaron a Jeremías al Bajo Cauca, la mujer está deprimida. Llora en las noches y vive con la angustia de que alguien llegue una vez más con la noticia de que otro hijo suyo fue asesinado en el servicio.

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