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| 1/20/2018 3:10:00 PM

La solidaridad que despertó la historia de Claudia Morales

La decisión que tomó la periodista de relatar el episodio de abuso que sufrió, también reavivó el debate sobre los derechos que tienen las víctimas a guardar silencio. El acoso sexual sigue estremeciendo al mundo.

La solidaridad que despertó la historia de Claudia Morales La solidaridad que despertó la historia de Claudia Morales

Nunca antes en la historia tantas mujeres habían hecho público cómo poderosos empresarios, políticos y periodistas se aprovechan de su posición para abusar de ellas. #YoTambien #AMiTambien #MeToo #MoiAussi, #EuTambem es la expresión que viene haciendo carrera en las redes sociales, desde que cientos de miles de mujeres se han desprendido del miedo para contar al mundo que la problemática es mucho más frecuente que de lo que se cree.  

La campaña explotó en Twitter y Facebook en octubre del año pasado tras conocerse el caso del famoso productor de cine estadounidense Harvey Weinstein, acusado de violación o acoso sexual por muchas actrices que trabajaron con él. Desde entonces, la valentia de muchas de ellas sigue avanzando y rompiendo fronteras. El caso más reciente quedó a la luz esta semana en Colombia. Aunque desde que se conoció la iniciativa miles de mujeres se sumaron a la causa, el relato que entregó la periodista Claudia Morales en su columna en El Espectador, estremeció al país.

No sólo por la férrea defensa que hizo para que se respete el derecho que tienen las víctimas a guardar silencio, sino también por el testimonio que entregó renglones después. La reconocida periodista que trabajó en La Luciérnaga, el programa de mayor sintonía de la radio en la tardes, desenterró un recuerdo y le contó al país el episodio por el que pasó años atrás. 

"La protagonista de la historia soy yo y al violador lo seguiré llamando “Él”. No presenté ni presentaré nunca una denuncia y voy a explicar por qué", relató mientras que en las redes sociales rápidamente crecía el apoyo que despertaba su caso, al mismo tiempo que otros miles le reclamaban por no poner en evidencia al responsable de tan atroz crimen.

En la columna, aunque Morales revela que las recientes campañas le despertaron la necesidad de hablar, también se muestra convencida de que no se equivocó cuando decidió guardar silencio por tantos años. "Apelé a mi mente, a mi espiritualidad, al pudor y unos años después al abrazo de mi esposo y hace poco a los oídos solidarios de un par de colegas amigos y otros dos amigos que no son periodistas. Con ellos mi secreto está a salvo. No necesito más", relató.

A su juicio, el responsable no solo "era un hombre relevante en la vida nacional. Ahora lo sigue siendo y, además, hay otras evidencias que amplían su margen de peligrosidad", sino también su familia pasaba por una difícil situación que le impedía hacerle frente al tema. Tenía sus razones para haber callado. Por esa situación que le tocó vivir fue que vio con tanto desprecio la actitud que asumieron miles de colombianos cuando vieron a Marcela Gonzalez junto a Gustavo Rugeles en un video, advirtiendo que el episodio de agresión que protagonizaron era algo que debían resolver entre los dos.

Por eso manifestó que aunque a ella también le "hubiera gustado que Marcela siguiera adelante con el caso, que no viviera más con el agresor y que empezara una vida distinta acompañada de un entorno social amable (...) Pero, ¿quiénes somos para juzgarla? ¿Qué sabemos de ella? ¿Quién de los que opina en su contra conoce su entorno familiar? Una campaña como #Me Too debería servir para concientizar sobre la individualidad del ser".

Sus palabras no sólo despertaron una ola de solidaridad, por no mencionar al responsable también recibió críticas. Los esfuerzos de Morales para argumentar los derechos que tenían las víctimas para callar fueron en vano cuando un puñado de hombres y mujeres salieron a reprocharle por no mencionar el nombre de su agresor. La situación fue más lamentable cuando otros tantos comenzaron a hacer cálculos y sacar los listados de nombres de las personas con las que había trabajado Morales.

"Querida Claudia, por favor acepta nuestras sinceras disculpas por el comentario desacertado sobre tu dolorosa revelación. Solidaridad", trinaron Tola y Maruja, después de que borraron un comentario en el que se referían jocosamente a la situación. "Es de grandes aceptar errores. Claro que sí, borrón y cuenta nueva. Muchas gracias, aprecio el mensaje", respondió ella.

La periodista Salud Hernández Mora también se refirió al caso. "Con mi respeto y aprecio, Claudia M. debe revelar a su agresor. Tendió un manto de duda sobre todos y no es justo.Y un violador anda suelto", dijo.

Por otro lado, a esa larga lista de personalidades que salieron a respaldarla se sumó Daniel Coronell, Jorge Robledo, Ramiro Bejarano, Vicky Dávila, Yolanda Ruiz, Gustavo Petro, Hassan Nassar, Matador y Gustavo Bolívar.

"Si una mujer valiente como @ClaMoralesM no identifica a su violador es porque conoce muy bien el nivel de impunidad con que actúa y  la capacidad de intimidación de “Él”. Conozco a Claudia, el silencio es para proteger a su familia y ese silencio le duele a ella más que a nadie", trinó el periodista Felix de Bedout. En esa misma línea reaccionó su colega Ilia Calderón: "La columna de @ClaMoralesM no fue escrita para saciar el morbo de quienes quieren saber un nombre. Claudia le está dando voz a aquellos que deciden callar. El silencio, los motivos y el temor de las víctimas deben ser respetados".

Por su parte, Claudia Morales agradeció a los colegas, amigos, escritores, columnistas y desconocidos por el respeto que le han ofrecido desde que hizo pública su historia. Mientras tanto, a sus contradictores les respondió "cínicos, especuladores y los de los peros con veneno, para ustedes, más silencio".

Lo que comenzó como un escándalo de Hollywood rápidamente se amplió a otras áreas de la cultura, el deporte, las empresas, la política y la sociedad en general, como una epidemia que se despierta en el mundo. No sólo en las distintas industrias en Estados Unidos las mujeres empezaron a romper el silencio, para hablar de una problemática que por tantos años se habían callado. 

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