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| 5/10/1993 12:00:00 AM

¿Qué pasó con la Catedral?

Aunque parezca increíble los lujosos bienes de la Catedral fueron devueltos a sus dueños.

¿Qué pasó con la Catedral? ¿Qué pasó con la Catedral?
EL UNICO RASTRO QUE QUEda de ese hotel de cinco estrellas en el que convirtieron Pablo Escobar y sus lugartenientes la cárcel de la Catedral, durante el año y un mes que estuvieron allí recluídos, son dos cuadros del Divino Niño Jesús y una foto de la Hacienda Nápoles que están arrumados en un enorme cuarto vacío que sirvió de celda a uno de los hombres del cartel de Medellín. Lo demás se lo llevaron...
La Catedral es una enorme mole de cemento, de chalets y caletas que hoy están al sol y al agua. Un batallón conformado por 80 hombres del Cuerpo Elite, la Dijin y la Policía Metropolitana de Medellín tienen bajo su responsabilidad la vigilancia del predio. Ellos llegaron allí hace ocho meses. El mismo día que Pablo Escobar y nueve de sus hombres se fugaron. Desde entonces, están presos -como ellos mismos lo dicen- pues en las dos hectáreas y media que hay de construcción no hay nada que cuidar.
Entonces, ¿qué pasó con las tinas, los televisores de 52 pulgadas, las neveras de doble puerta, las camas de tres metros cuadrados, los superequipos de sonido, las pantallas gigantes para la proyección de películas, los enchapes y baños?. La mayoría de estos objetos regresaron a sus dueños. Es decir, a los presos que estuvieron en la Catedral. Durante más de dos meses los camiones de trasteos subieron y bajaron, una y otra vez, por la estrecha y empinada carretera que conduce del municipio de Envigado a la Catedral. Eran acarreos contratados por los familiares de los fugitivos. Con inventario en mano llegaron a reclamar sus pertenencias. Cuadrillas de hombres desmontaron televisores, camas y electrodomésticos de los chalets construídos en plena montaña. Y por caminos escarpados bajaron cada uno de los enseres. Y después de firmar la orden judicial proferida por la Fiscalía Regional de Antioquia, partieron con sus corotos. Los enchapes y baños fueron a parar a las cárceles de Antioquia, especialmente a la de Bellavista, donde grupos de 100 reclusos comparten un solo baño. Los computadores, armas y municiones fueron decomisados por la Fiscalía, pues hacen parte del proceso judicial que se adelanta contra Escobar y sus hombres.
Los chalets, construídos en finas maderas, fueron desmontados y también se los llevaron por partes. Lo único que queda son las tejas de lata cn las que algún pintor paisa plasmó su arte con dibujos alusivos a firmamentos y atardeceres con pintura fosforescente. Del gimnasio sólo queda un enorme salón que los hombres de la Policía Metropolitana lo acondicionaron de lavandería y cocina. Los aparatos para hacer ejercicio fueron trasladados a uno de los pabellones de máxima seguridad de la cárcel de Itaguí, donde hoy se encuentran recluídos 18 hombres del cartel de Medellín, algunos de ellos ex fugitivos de la Catedral.
De la cancha de fútbol, que fue construída con un drenaje especial con diseño en espina de pescado, sólo quedan las dos porterías y cuatro de las 16 lámparas que iluminaban el campo para los juegos nocturnos. Los 50 balones y los centenares de guayos también fueron reclamados por los familiares de los presos. De los tres galpones donde fueron construídas las 26 celdas, apenas quedan unas cuantas tejas de Eternit. Estas fueron desmanteladas. Hasta las chimeneas que había en cada uno de los cuartos, fueron tumbadas y las pocas que quedan sirven de letrinas para los agentes de la Policía que allí pernoctan. Los apartamentos que ocuparon Pablo y Roberto Escobar, así como el de Popeye y Otto, sirven hoy de cambuche para los 80 vigilantes que tiene la Catedral. Ellos duermen en hamacas que colgaron de los techos. En el cuarto que ocupó Pablo Escobar, lo único que queda son las tomas y las instalaciones de la red de computadores. La tina que fue acondicionada como jacuzzi, se la llevaron los familiares. Los armarios están desocupados. La ropa, zapatos y útiles de limpieza, también hacían parte del inventario de enseres que fue reclamado por familiares y abogados de quienes permanecieron allí detenidos.
En el salón principal, que fue acondicionado como sala de juegos y capilla, sólo existe un pequeño cuadro del padre Rafael García Herreros. Las mesas de billar y los juegos electrónicos fueron confiscados por las autoridades y hoy están instalados en una de las cárceles de Antioquia. La oficina de la dirección también fue desmantelada. Solo hay tres cajas de cartón donde celosamente están archivadas las carpetas con el historial judicial de cada uno de los presos. Y en un rincón de la oficina hay un arrume de hojas donde están registrados los nombres de las personas que estaban autorizadas para visitar a los reclusos.
Durante los ocho meses que lleva desocupada la Catedral, los 80 hombres de la Policía Metropolitana que viven allí han encontrado cerca de 10 caletas. Dos de ellas han sorprendido a las autoridades. La primera está localizada en uno de los baños del galpón donde funcionaba el gimnasio. Es una pared de la ducha que al empujarse con fuerza se convierte en una puerta que da acceso a un subterráneo donde fue construído un refugio con espacio suficiente para tres camas y la instalación de una cocina portátil. No tiene ventanas, sólo un tubo de un metro de diámetro sirve de ventilación. La otra caleta fue descubierta en la discoteca que quedó a medio construír en el sótano donde se encontraba el área de dormitorios, debajo de los apartamentos de Pablo y Roberto Escobar. Las paredes estaban forradas con espejos. Al retirarlos, se encontró que había un espacio entre la pared y el vidrio donde se almacenaban armas y municiones .
Todos los pisos de las celdas, como los del gimnasio y el de los chalets fueron levantados en busca de escondites. Y en cada uno de ellos se encontraron agujeros lo suficientemente amplios para esconder armamento. La Catedral está desmantelada y a pesar de ello sus instalaciones no se han devuelto a su dueño, que es el municipio de Envigado. Sus terrenos se siguen inspeccionando palmo a palmo, pues las autoridades están convencidas de que todavía hay muchos secretos por desenterrar.

EDICIÓN 1879

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