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| 6/15/2019 7:18:00 AM

“No hay duda en mi corazón, yo los perdoné”: John Jairo Hoyos

El representante a la Cámara John Jairo Hoyos, hijo de uno de los diputados del valle asesinados por las Farc, recibió a Santrich en el Congreso con un saludo de mano y defendió su permanencia. En entrevista con SEMANA explica por qué.

“Yo los perdoné”: representante John Jairo Hoyos hijo diputados asesinados del Valle John Jairo Hoyos es representante a la Cámara por la U. Foto: Archivo Particular

El día que Jesús Santrich llegó al Congreso de la República, llamó la atención un discurso del representante John Jairo Hoyos, que hasta ahora había preferido el bajo perfil. Hoyos es hijo del diputado del Valle  Jairo Hoyos, secuestrado y asesinado por las Farc en 2007.

Hasta ahora, Hoyos no había estado en el radar de los medios. Sin embargo, cuando Santrich entró al Congreso y los representantes del Centro Democrático y la Alianza Verde se pararon con carteles rechazando su ingreso, Hoyos intervino, Aseguró que “la llegada de Santrich no debe ser una razón más para dividir al pueblo colombiano” y le dio la mano. Según él, el Estado de derecho establece que quien debe juzgar al exguerrillero es la Corte Suprema de Justicia.

Hoyos ha participado en varios actos de reconciliación, aceptándole el perdón a las Farc en encuentros con la senadora Griselda Lobo, compañera de Manuel Marulanda, entre otros. Sin embargo, Hoyos finalizó su discurso criticando duramente a Iván Márquez y al Paisa por haber incumplido el acuerdo de paz y ‘vulnerar el Estado de derecho’.   Hoyos hace parte de la comisión de paz del Congreso y en el último año se ha encargado de recorrer los espacios territoriales donde están concentrados parte de los excombatienes de las Farc. 

SEMANA: Con la llegada de Santrich a la Cámara, la mayoría de representantes, incluyendo los de la Alianza Verde, protestaron. Usted, por el contrario, hizo un discurso a favor de la calma y la reconciliación. ¿por qué?

J.J:H.: Como se recuerda, 12 diputados del Valle del Cauca fueron secuestrados el 11 de abril de 2002, entre ellos mi padre. El 18 de junio de 2007 después de 5 años de cautiverio, 12 disparos de fusil ordenados por las Farc, apagaron la voz y los sueños de mi padre. Lo asesinaron por la espalda junto a 10 compañeros suyos. Esto marcó terriblemente mi vida y las de 11 familias colombianas. Después de años de dolor y odio tuve la oportunidad, en La Habana, como víctima convocada por el Gobierno nacional y los gobiernos de Holanda y Francia, de encarar a los comandantes de las Farc que nos habían causado tanto daño. En ese momento entendí, en medio de una reunión tensa, difícil, llena de lágrimas, preguntas y reclamaciones de las víctimas, que el país necesitaba un enorme proceso de reconciliación para no seguir cargando el sufrimiento de las dramáticas y profundas heridas que han causado la guerra. También entendí que el camino de la paz es el único para evitar que más niños y jóvenes, más mujeres, más familias, sigan perdiendo a sus seres amados, porque la guerra jamás deja ganadores sino todo un pueblo desangrado. Es claro que la paz no la construye solo la sociedad civil. Necesitamos de la grandeza de todos para perdonar, reconciliarnos y construir un país en paz. Por eso elevé mi voz para invitar a la humildad, al trato digno, a la paciencia. Debemos ser mesurados y reconocer que la presencia de Santrich en el Congreso de la República obedece a un acuerdo de paz que se firmó desde la promesa de renunciar a la violencia y construir una Colombia pacífica para todos. Cualquier juzgamiento de su actuación es materia del debido proceso del escenario judicial y no del legislativo.

SEMANA: ¿Usted perdonó a quienes hicieron esto? 

J.J.H: En mi corazón no hay dudas, yo los perdoné. De no haberlo hecho estaría consumido en el dolor y en el enojo, y no podría hoy levantarme día a día a defender el Estado de derecho, el acuerdo de paz, los derechos de los colombianos y la paz de Colombia. En la iglesia San Francisco de Cali, le expresé a Pablo Catatumbo:‘si su tarea señor Catatumbo, si su compromiso honesto después de cincuenta años de guerra es dedicarse en adelante a hacer la paz, abracémonos Pablo y démosle un ejemplo a Colombia desde esta iglesia, que si es posible que la víctima y el victimario se reconcilien, se unan y vayan de la mano a construir una nueva Colombia, una Colombia con tolerancia, solidaridad, convivencia, una Colombia en paz‘.

SEMANA: ¿Qué significa ese perdón en términos personales y qué significa en términos políticos?

J.J.H: En términos personales, es quitarse el peso desgastante del dolor y de la rabia. Perdonar es volver a nacer, porque no se puede odiar y vivir al mismo tiempo. Cuando logramos perdonar, no logramos cambiar lo que pasó, pero si cambiamos positivamente nuestro presente, soltando la roca insufrible del odio para después de una sana catarsis, convertir el sufrimiento en avance espiritual, reconciliándonos con la vida y con las razones para vivirla con propósito y sentido. Mi padre fue asesinado por 12 disparos de fusil y luego su cuerpo fue enterrado en las lomas del departamento del Cauca. Pasaron dos meses para que nos fuera entregado su cuerpo en fuerte estado de descomposición. Fueron años de odio intenso en los que nos sostenía la ilusión de venganza. En La Habana entendí que mi padre no había muerto, que solamente había muerto su cuerpo, pero que su legado podía seguir viviendo en mi corazón libre de odio. Por eso decidí perdonar y hacer un culto a su vida para que su partida de este plano físico, no fuera en vano.

En términos políticos es comprender que las heridas que deja la guerra son indescriptiblemente dolorosas y que si nos alimentamos del odio, no permitiremos jamás que esas heridas cicatricen. En nuestro país, se necesita el compromiso decidido de las Farc y de todos los violentos, demostrando claramente que quieren reparar a sus víctimas. Eso tiene que ver indudablemente con el perdón, la reconciliación y la humildad. He querido convertir el asesinato de mi padre, no en una razón para odiar, para dividir, para buscar venganza, sino en un símbolo del compromiso con este país para que no haya más muertes y más víctimas.

SEMANA: ¿Qué opina del rechazo a la llegada a Santrich a la Cámara?

J.J.H:  Desde el Congreso tenemos una gran responsabilidad, y es defender el Estado de derecho, los derechos de los colombianos y la Constitución. La justicia está actuando en el caso Santrich y nosotros le debemos respeto a esa justicia colombiana, como también es nuestro deber respetar el acuerdo de paz que el Gobierno firmó, así no estemos de acuerdo en todo o en parte. La presencia de Santrich es la de uno de los comandantes que las Farc decidió que debía ocupar una de las cinco curules decididas mediante el acuerdo de paz. No es con violencia, ni con gritos, no es con odio ni con venganza como se construye patria. Si queremos construir la paz debemos hacerlo desde el Estado de derecho.

Creo que es la justicia colombiana la que debe determinar la conducta de un ser humano, porque las voces apresuradas, los cantos de odio, las ofensas y las acusaciones sin que haya de por medio el debido proceso, nos separan del anhelo de paz de todos los colombianos.

SEMANA: ¿Qué les dice a quienes se oponen a que Santrich esté en la Cámara?

J.J.H: Validar la idea de que Santrich no puede estar en el Congreso, es aceptar tácitamente que las instituciones no funcionan, que el Congreso no cree o no respeta las decisiones del Consejo de Estado, de la JEP y de la Corte Suprema de Justicia. El primer deber del Congreso es defender la Constitución y la legalidad; es respetar y hacer respetar las decisiones de las ramas del poder público. El Congreso debe dar ejemplo a todo el pueblo colombiano sobre la solución de los conflictos y las diferencias mediante el diálogo y la argumentación.

SEMANA: Usted está en la comisión de paz del Congreso. ¿Cuál es su trabajo desde ese lugar?

 J.J.H: Responder de manera coherente al deber de hacer respetar el Estado de derecho, defendiendo la autonomía de cada una de las ramas del poder público, para también validar el compromiso que tenemos con los colombianos que nos dieron su confianza con el voto.

Con mi trabajo cumplo con el compromiso que hice desde La Habana, apostarle a la construcción de un país en paz. Como víctima y en representación de las víctimas de todos los sectores del país, llego con mi voz, día a día, decidido a que transformemos a Colombia en un país de paz. Tengo la certeza de que necesitamos unirnos todos en torno a ese gran propósito para que nuestros hijos crezcan sin las lágrimas y la sangre que hemos derramado en cincuenta años de guerra.

SEMANA: ¿Cómo explicarle a los opositores del acuerdo, que usted haya defendido darle un trato digno a las Farc a pesar de ser víctima de esa guerrilla?

J.J.H: El compromiso con la paz y la construcción de un país tolerante, diverso, solidario y pacífico, no puede ser solo de palabra; debe ser de obra y acción. Si queremos que haya reconciliación, perdón, reencuentro y sanación del dolor, los colombianos debemos dar ejemplo diario de que es posible que las víctimas y los victimarios aprendamos a convivir, compartir espacios, dialogar, argumentar e inclusive estar en desacuerdo en un ambiente de respeto y trato digno. Por eso todos los días me esmero por darle ese ejemplo a los colombianos que miran el Congreso y sus congresistas.

Allá en los territorios donde está el conflicto hay muchas heridas dolorosas y si nosotros en el Congreso todos los días nos enfrentamos enviando mensajes de intolerancia, odio y venganza, con seguridad los territorios volverán a incendiarse con el interminable conflicto. Hoy más que nunca los congresistas deben convertirse en ejemplo y faros de calma, paciencia, sabiduría, respeto y sobre todo, humildad y grandeza.

Invito a todos para que coloquemos, con nuestro ejemplo, un grano de arena diario para construir un país en paz para esta y las futuras generaciones.

 

 

 

 

                                                                                                

EDICIÓN 1942

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